viernes, 5 de julio de 2019

[boff] La Resurrección como una revolución en la evolución. Entrevista con Leonardo Boff

La Resurrección como una revolución en la evolución. Entrevista con Leonardo Boff

05 de Abril de 2018
[IHU On Line | Traducción: Mª José Gavito Milano]

En la siguiente entrevista del 27 de marzo de 2018, Boff explica que “la Resurrección es la concreción de la utopía predicada por Jesús, el Reino de Dios que implica la superación de morir y de la muerte”. Pero ¿cómo comprenderlo dejando de lado pruebas (científicas) concretas? Es ahí donde, según el teólogo, se inscribe como alternativa la narrativa mítica. “El mejor camino es elaborar narrativas y proyectar mitos que, en el sentido moderno del término, son un medio de expresar lo indecible. El mito no inventa el hecho, le da una forma para que podamos comprenderlo”, explica.
Lea la entrevista completa.
IHU On-Line – ¿En qué medida la Modernidad perturba el entendimiento pleno del concepto de Resurrección?
Leonardo Boff – No veo que la Modernidad tenga interés en el tema de la Resurrección, no los autores que conozco. Sí se preocupan por el tema de la muerte. Por otro lado, si tenemos un concepto más profundo del ser humano, ahí sí apunta el tema de la Resurrección. Si aceptamos que el ser humano es un proyecto infinito y está devorado por un deseo que no conoce límites, como Aristóteles y Freud reconocieron, ahí se plantea la pregunta: ¿cuál es el objeto adecuado a su impulso infinito y al oscuro objeto de su deseo infinito?
Sólo un infinito sacia nuestra sed de infinito, sólo una vida que es eterna hace descansar el deseo. Es la famosa experiencia agustiniana del “cor inquietum” que sólo descansa cuando encuentra a Dios. El sentido de la vida es más vida, es la plenitud de la vida. Es lo que los cristianos llamamos Resurrección.
IHU On-Line – ¿En qué consiste el “resucitar” según la Teología y la Antropología?
Leonardo Boff – La Resurrección no puede ser identificada con la reanimación de un cadáver como el de Lázaro que, finalmente, acabó muriendo. La resurrección es la irrupción del “novissimus Adam” de San Pablo (1Cor 15,45). Es decir, es la completa realización de todas las incontables virtualidades presentes en el ser humano. Si es un proyecto infinito, la Resurrección representa el momento en que estas virtualidades llegan a su plena floración.
IHU On-Line – ¿Cuáles son los límites de buscar la Resurrección como un dato histórico? ¿Y de qué forma la lectura mítica puede ampliar el entendimiento acerca de la Resurrección?
Leonardo Boff – Nadie vio la resurrección de Jesús. Tenemos sólo testimonios de personas a las que se dejó ver y algunas señales como el sepulcro vacío y sus vestiduras. Por lo tanto, no es un hecho histórico susceptible de ser detectado por una cámara o por la televisión. Es un hecho que sucedió en Jesús, accesible por la fe en los testimonios.
Este evento no pertenece al mundo del bios, de la vida biológica que siempre termina en la muerte. Por eso los textos juiciosamente hablan de Zoé, que significa una vida eterna. Tampoco dicen: hemos visto al Señor, sino: Él se dejó ver (óphte en griego, aoristo pasivo de oráo ver). La iniciativa parte de Jesús y no de los apóstoles, a los que les permite verlo. Podríamos decir que la Resurrección es la concreción de la utopía predicada por Jesús, el Reino de Dios, que implica la superación de la muerte y el morir. No sin razón Orígenes, uno de los más geniales teólogos cristianos del norte de Egipto en el siglo III, denomina la resurrección como la autobasilea tou Christou: la autorrealización del Reino en Cristo.
Cuando las realidades son demasiado grandes, nos faltan conceptos y palabras. El mejor camino es elaborar narrativas y proyectar mitos que en el sentido moderno del término (en C.G. Jung y en los antropólogos) son un medio de expresar lo indecible. El mito no inventa el hecho, le da una forma que podamos comprender. En esa línea se debería pensar la resurrección de Jesús. Antropológicamente es fecunda, pues se encuentra con lo que de utópico e infinito discernimos en el ser humano.
IHU On-Line – Muchos estudiosos sostienen que la Resurrección de Cristo es la victoria de la vida sobre la muerte. ¿Cómo podemos comprender tal perspectiva?
Leonardo Boff – La vida está llamada a la vida y no a la muerte, aun cuando sabemos que un día vamos a morir. Este es el anhelo fundamental del ser humano, no sólo vivir mucho, sino, como señalaba Nietzsche, vivir eternamente. En ese sentido, la Resurrección representa un tipo de vida tan plena que en ella no penetra la muerte. Pero para eso, ella necesita transfigurarse, es decir, realizar totalmente al ser humano en sus infinitas posibilidades. No vivimos para morir, como dirían los existencialistas. Morimos para resucitar. Don Pedro Casaldáliga lo formuló bien: la alternativa cristiana es o vida o resurrección.
IHU On-Line – ¿Es posible afirmar que el Dios vivo en el Cristo sólo se revela plenamente en la Resurrección? ¿Por qué?
Leonardo Boff – Mientras estaba entre nosotros, Jesús participaba de todo tipo de limitaciones e incluso achaques de la existencia humana. Es lo que está implícito en la encarnación. El autor de la Epístola a los Hebreos es muy concreto: “entre súplicas, clamores y lágrimas se dirigió a aquel que lo podía salvar de la muerte… y aprendió a obedecer por medio de los sufrimientos” (Hb 5,7-8). Más adelante dice que él “es el general de la fe” (12,2). La Resurrección es la superación de esta situación carnal y el paso a la situación “espiritual” (del Espíritu de vida). Aquí Dios se revela como el Dios que hace de un muerto, un vivo y de un vivo el “novísimo Adán”. Se da la plena revelación del Dios vivo que quiere la vida y que en el libro de la Sabiduría se revela como “el apasionado amante de la vida” (Sb 11,24).
IHU On-Line – ¿En qué consiste la idea de “resurrección de la carne” y de qué forma se articula con la perspectiva del sepulcro vacío, tan detalladamente descrito en la narrativa de Marcos?
Leonardo Boff – “Carne”, bíblicamente, significa la situación humana frágil, enfermiza, mortal. Esta situación fue totalmente transmutada por la Resurrección. Pablo lo dice claramente: “se siembra un cuerpo vital y se resucita un cuerpo espiritual” (1Cor 15,44). Yo sostengo la tesis, aceptada por muchos, de que las apariciones al final del evangelio de Marcos serían un añadido posterior, un pequeño resumen de las apariciones. El Marcos original no tendría nada de eso. Jesús termina diciendo “a los discípulos y a Pedro que Él (Jesús) los precederá en Galilea. Allí me veréis como os dije” (Mc 16,7).
Con eso quiero decir que Jesús no se ha manifestado aún de forma plena. Todos estamos en camino a Galilea (el término de la historia) para verlo entonces cara a cara. Me parece que así se entiende mejor la historia humana, porque a pesar de la Resurrección de Cristo en verdad nada ha cambiado, pues campa la muerte y la violencia en el mundo. En la esperanza caminamos hacia la Galilea de la resurrección. El mismo Jesús está en proceso de resurrección, pues sus hermanos y hermanas, que somos nosotros, aún no han resucitado ni el universo que le pertenece ha alcanzado su plenitud. Está todavía en fase de cosmogénesis. Cuando todo se complete, entonces, Jesús y su comunidad habrán finalmente resucitado. Aquí caben las palabras de Ernst Bloch: “el génesis está al final y no al principio”.
IHU Online – Usted dice que la Resurrección representa “una revolución en la evolución”. Me gustaría que detallara esa perspectiva.
Leonardo Boff – La moderna cosmología afirma unánimemente que el estado del universo no es la estabilidad, sino la movilidad. Todo se está expandiendo, completándose y autocreando. La evolución permite que las virtualidades latentes dentro del universo conozcan emergencias, puedan irrumpir bajo las formas más diferentes. En este sentido, el universo no está todavía listo. En vez de hablar de cosmología, deberíamos hablar de cosmogénesis, la lenta y progresiva génesis de todas las cosas.
Cuando digo, siguiendo a Jürgen Moltmann, que la Resurrección es una revolución en la evolución, quiero decir que la Resurrección es una pequeña anticipación del fin bueno de la creación, como si el término de la evolución se anticipase y nos mostrara en pequeño lo que nos está preparado. Eso es una revolución dentro de la evolución que aún continúa y sigue su curso.
IHU On-Line – ¿De qué forma el panenteísmo puede contribuir al entendimiento de la Resurrección en nuestro tiempo?
Leonardo Boff – La expresión panenteísmo fue creada en el siglo XIX por un teólogo protestante de nombre Krause. Y no tiene nada que ver con el panteísmo. Él quiere decir lo que la teología antigua y clásica enseñaba y todavía enseña con la expresión “pericóresis” (la intro y retro relación de todo con todo) o “circumincesión”. Primero se aplicaba a la relación de la creación con el Creador: ambos están de tal manera imbricados que uno no puede ser entendido sin el otro. Después se aplicó a la cristología y a la doctrina trinitaria. Las tres divinas Personas están tan íntimamente relacionadas que una siempre implica a la otra y así eternamente.
Panenteísmo significa, entonces, que Dios está en todo y todo está en Dios, guardadas las diferencias entre criatura y Creador. No se trata de panteísmo según el cual todo es indistintamente Dios. El propio Voltaire mostró el absurdo filosófico que tal afirmación comporta. El panenteísmo guarda las diferencias, pero revela cómo ambos están presentes el uno en el otro y no pueden ser pensados separadamente. Esta comprensión puede generar una mística como la de Pierre Teilhard de Chardin o la de San Francisco de Asís, que conseguían ver a Dios en todas y en cualquiera de las realidades.
El Cristo cósmico de las epístolas de San Pablo y de la introducción del evangelio de San Juan nos da la perspectiva del “pléroma”, es decir, de la universalidad de la presencia del Resucitado en todas las cosas. Es célebre el dicho 77 del evangelio apócrifo de Santo Tomás, al que grandes nombres de la exégesis como Joaquim Jeremías y otros confieren gran autoridad, pues parece haber salido de la boca del Resucitado: “Yo soy la Luz del mundo. Todo salió de mí y todo vuelve a mí. Raja la leña y estoy dentro de ella, levanta la piedra y estoy debajo de ella, porque estaré con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos. Levantar una piedra cuesta y rajar la leña es duro. Incluso estos quehaceres comunes contienen la presencia del Resucitado.
IHU On-Line – ¿Cómo puede la vuelta a la experiencia de la Resurrección de Cristo inspirar a la humanidad de nuestro tiempo a superar sus dilemas?
Leonardo Boff – Tal vez este pequeño cuento del área de la ecología que se encuentra en mi libro Ecología: grito de la Tierra – grito de los pobres (307) pueda responder a esta pregunta: «En cierta ocasión un anciano y santo monje fue visitado en sueños por el Resucitado. Este, el Resucitado, lo invitó a pasear por el jardín. El monje accedió con entusiasmo y lleno de curiosidad. Después de caminar largo tiempo dando vueltas por el sendero del jardín como hacen aún hoy los monjes después del almuerzo, el santo y anciano religioso se atrevió a preguntar: “Señor, cuando andabas por los caminos de Palestina, una vez dijiste que un día volverías con toda tu pompa y gloria, ¡pero esa vuelta se está demorando mucho!”. Tras unos momentos de silencio que parecían una eternidad, el Resucitado respondió: “mi querido hermanito: cuando mi presencia en el universo y en la naturaleza sea evidente; cuando mi presencia en tu piel y en tu corazón sea tan real como mi presencia aquí y ahora; cuando esta conciencia se vuelva cuerpo y sangre en ti hasta el punto de no pensar más en ello; cuando estés tan lleno de esta verdad que ya no necesites preguntar con curiosidad, entonces mi querido hermano habré regresado con toda mi pompa y gloria”».
Más no se necesita decir: el Resucitado está entre nosotros sólo en las fimbrias del misterio; quien crea y sea sensible percibirá su presencia.

viernes, 17 de mayo de 2019

Arzobispo de Monterrey será responsable de los asuntos económicos del CELAM

Arzobispo de Monterrey será responsable de los asuntos económicos del CELAM

POSTED ON MAYO 17, 2019 BY 

  • La XXXVII Asamblea de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano reúne a más de 70 personas entre los que figuran los presidentes de las Conferencias Episcopales de los países de América Latina y el Caribe.
En el marco de la XXXVII Asamblea General Ordinaria de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano (CELAM) se efectuaron las elecciones para la renovación de los cargos de la presidencia del organismo episcopal. Corresponderá dirigir el Consejo de Asuntos Económicos al arzbispo de Monterrey y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Mons. Rogelio Cabrera López.
De acuerdo con los estatutos del CELAM, este Consejo forma parte de las oficinas constitutivas del organismo de obispos. De naturaleza administrativa, tiene por objetivo velar por el patrimonio con todas las atribuciones y responsabilidades que su oficio requiere y de conformidad con las normas canónicas pertinentes.
Entre las principales responsabilidades del arzobispo de Monterrey, serán la de formular los presupuestos generales anuales del CELAM además de cuidar el desarrollo y la ejecución del presupuesto y la aplicación de la normatividad eclesiástica y civil.
Le corresponderá la revisión de los libros de contabilidad además de la presentación de los informes económicos de períodos anteriores. La dirección del Consejo, en el cuatrienio anterior 2015-2019, correspondió al cardenal José Luis Lacunza Maestrojuan, obispo de David, Panamá. Rogelio Cabrera López asumirá las responsabilidades económicas para el cuatrienio 2019-2023. La principal fuente de ingresos del CELAM, según sus disposiciones internas, son las cuotas de las Conferencias Episcopales mismas que contribuyen en la medida de sus posibilidades al sostenimiento de los servicios prestados por el organismo de obispos latinoamericanos.
De igual forma fue electo presidente del CELAM, el arzobispo de Trujillo, Perú, el franciscano Héctor Miguel Cabrejos Vidarte (1948) quien es pastor de ese arzobispado desde 1999. Sucede en el cargo al cardenal Rubén Salazar Gómez, arzobispo de Bogotá y Primado de Colombia.
La secretaría recayó en el actual auxiliar de Cali, Colombia, Mons. Juan Carlos Cárdenas Toro sucediendo al mexicano Juan Espinoza Jiménez, obispo auxiliar de Morelia. También se renovaron las dos vicepresidencias que serán desempeñadas por el arzobispo de Sao Paolo, Mons. Odilio Pedro Scherer y al cardenal Leopoldo José Brenes, arzobispo de Managua.
Después de la asamblea ordinaria donde se renovaron los cargos, el CELAM tendrá la responsabilidad de realizar un Plan Global cuatrienal de trabajo en cumplimiento de los encargos, directrices y otras conclusiones de la Asamblea Ordinaria.
De acuerdo con la información de prensa, la XXXVII asamblea está integrada por más de 70 personas entre los que figuran los presidentes de las Conferencias Episcopales de los países de América Latina y el Caribe, un delegado de cada uno de los episcopados, los integrantes de la presidencia del CELAM y los presidentes de los departamentos y responsables de los centros adscritos a su labor pastoral. La Asamblea General Ordinaria se realiza del 13 al 18 de mayo en Tegucigalpa, Honduras.
Desde este blog deseamos a Mons. Cabrera López un fecundo ministerio de servicio para bien de la Iglesia que peregrina en Latinoamérica. Enhorabuena!
Con Información de Religión Digital/Guillermo Gannini

martes, 7 de mayo de 2019

[boff] Ecología en fragmentos: todo está relacionado con todo (20190505)

Ecología en fragmentos: todo está relacionado con todo

 La ecología se ha transformado en el contexto general de todos los problemas, proyectos oficiales y privados. A ella está ligado el futuro de nuestro planeta y de nuestra civilización. De donde se deriva su importancia ineludible. O cambiamos de manera de habitar la Casa Común o podemos conocer situaciones ecológicas y sociales dramáticas, dentro de no mucho tiempo. Aquí van fragmentos de un discurso ecológico, parte de un Todo más grande y vasto.
1. La irracionalidad de nuestro estilo de vivir
El modelo de sociedad y el sentido de la vida que los seres humanos han proyectado para sí, por lo menos en los últimos 400 años, están en crisis.
Este modelo nos hacía creer que lo importante es acumular gran número de medios de vida, de riqueza material, de bienes y servicios a fin de poder disfrutar de nuestro corto paso por este planeta.
Para realizar este propósito nos ayudan la ciencia que conoce los mecanismos de la naturaleza y la técnica que hace intervenciones en ella para beneficio humano. Se ha procurado hacer eso con la máxima velocidad posible.
En definitiva, se busca el máximo beneficio con el mínimo de inversión y en el tiempo más breve posible.
El ser humano, en esta práctica cultural, se entiende como un ser sobre las cosas, disponiendo de ellas a su gusto, nunca como alguien que está con las cosas, conviviendo con ellas como miembro de una comunidad mayor, planetaria y cósmica.
El efecto final y triste, solamente ahora visible de forma innegable, es el que se expresa en esta frase atribuida a Gandhi: “la Tierra es suficiente para todos, pero no para los consumistas”.
Nuestro modelo civilizatorio es tan absurdo que, si los beneficios acumulados por los países ricos se generalizaran a los demás países, necesitaríamos otras cuatro Tierras iguales a la que tenemos.
Ello muestra la irracionalidad que este modo de vivir implica. Por eso el Papa Francisco en su encíclica “sobre el cuidado de la Casa Común” pide una radical conversión ecológica y un consumo sobrio y solidario.
2. La naturaleza es maestra
En momentos de crisis civilizatoria como nuestra es imperioso consultar a la fuente originaria de todo: la naturaleza, la gran maestra. ¿Qué nos enseña?
Ella nos enseña que la ley básica de la naturaleza, del universo y de la vida no es la competición, que divide y excluye, sino la cooperación, que suma e incluye.
Todas las energías, todos los elementos, todos los seres vivos, desde las bacterias y los virus hasta los seres más complejos, estamos todos inter-retro-relacionados y, por eso, somos interdependientes. Uno coopera con el otro para vivir.
Una red de conexiones nos envuelve por todos los lados, haciéndonos seres cooperativos y solidarios. Queramos o no, esta es la ley de la naturaleza y del universo. Y gracias a esta red de interdependencias hemos llegado hasta aquí.
Esa suma de energías y de conexiones nos ayuda a salir de las crisis y a fundar un nuevo ensayo civilizatorio. Pero nos preguntamos: ¿somos suficientemente sabios para hacer frente a situaciones críticas y responder a los nuevos desafíos?
3. Todo está relacionado con todo
La realidad que nos rodea y de la cual somos parte no debe ser pensada como una máquina sino como un organismo vivo, no como constituida de partes estancas, sino como sistemas abiertos, formando redes de relaciones.
En cada ser y en el universo entero prevalecen dos tendencias básicas: una es la de autoafirmarse individualmente y otra la de integrarse en un todo mayor. Si no se autoafirma corre el riesgo de desaparecer. Si no se integra en un todo mayor, corta la fuente de energía, se debilita y puede también desaparecer. Es importante equilibrar estas dos tendencias. En caso contrario caemos en el individualismo más feroz –la autoafirmación– o en el colectivismo más homogeneizador – la integración en el todo. Por eso siempre tenemos que ir y venir de las partes al todo, de los objetos a las redes, de las estructuras a los procesos, de las posiciones a las relaciones.
La naturaleza es, pues, siempre co-creativa, co-participativa, ligada y re-ligada a todo y a todos y principalmente a la Fuente Originaria de donde se originan todos los seres.
4. Desde el comienzo está presente el fin
El fin está ya presente en el comienzo. Cuando los primeros elementos materiales después del big bang empezaron a formarse y a vibrar juntos, ahí se anunciaba ya un fin: el surgimiento del universo, uno y diverso, ordenado y caótico, la aparición de la vida y el irrumpir de la conciencia.
Todo se movió y se interconectó para dar inicio a la gestación de un cielo futuro, que empezó ya aquí abajo, como una semillita, y fue creciendo y creciendo hasta acabar de nacer en la consumación de los tiempos. Ese cielo, desde el comienzo, es el propio universo y la humanidad llegados a su plenitud y consumación.
No hay cielo sin Tierra, ni Tierra sin cielo.
Si es así, en lugar de hablar de fin del mundo, deberíamos hablar de un futuro del mundo, de la Tierra y de la Humanidad que entonces serán el cielo de todos y de todo. 

viernes, 26 de abril de 2019

El triunfo de las luchas por la vida (pedro pierre)

El triunfo de las luchas por la vida

22 de Abril de 2019
[Por: Pedro Pierre]

Ya terminó la Semana santa. ¿Olvidaremos su mensaje principal? El triunfo de la lucha por la vida y la fraternidad. Esa fue la misión que Jesús de Nazaret llevó hasta el extremo en sólo 3 años de dedicación a tiempo completo. Todo el cosmos es expresión de vida amorosa que no deja de desplegarse porque la creación sigue en marcha: lo vemos ahora con las fotos de los satélites que recorren el espacio. Acabo de escuchar en redes sociales una señora de 92 años que dice: “Se ha dejado de luchar, por eso estamos en lo que estamos… Nada tenemos heredado para siempre… Se tiene lo que se defiende”. Algo parecido dice Bertold Brecht: “No debes tener lo que no estás dispuesto a defender”. ¿Nos sorprenden estas 2 personas? Jesús decía lo mismo: “Sólo los valientes entran en el Reino de Dios”, es decir, sólo los valientes tienen vida plena y llena de fraternidad y alegría porque luchan por ellas. El infierno es para los cobardes, los individualistas y los indiferentes. 
Estamos salvados cuando entramos en esta lucha por la vida y la fraternidad. Si no vivimos para eso, estamos perdidos y bien perdidos. Y eso vale para cristianos y ateos. Se pierden los que trabajan por tener más y más dinero; se pierden los corruptos; se pierden los sinvergüenzas que hacen leyes por su interés personal o gremial; se pierden los jueces que tuercen las leyes para condenar al inocente; se pierden los que mienten descaradamente con la complicidad de los medios de comunicación; se pierden los ladrones de corbatas… Eso es el infierno… que nos hacen padecer.
También se pierden los indiferentes a la maldad, los pasivos frente a las injusticias, los conformes con la desigualdad social, los que aplauden a los malvados, los que se suben a la camioneta de los corruptos, los quejosos que nunca mueven ni el dedito, los que se valen del desconocimiento de los demás, los envidiosos incapaces de luchar por su dignidad… Eso es el infierno.
Jesús de Nazaret vino por hace acontecer el Reino de Dios: eso fue su misión. Por su vida y su muerte hizo reinar a Dios en este mundo y Dios reina cuando hay vida, amor, justicia, armonía con la naturaleza, comunión el Misterio del universo. Desde el emperador Constantino, y hasta antes, se creyó que la religión con su clero, sus leyes, sus cultos, sus lugares santos, sus libros sagrados… eran la manera de hacer presente el Reino de Dios. Y vemos ahora el resultado: pedofilia e iglesias que se van vaciando. Hay que volver a los orígenes de las religiones y del cristianismo tal como lo vivieron Jesús y las primeras comunidades cristianas. “El Reino es lo único absoluto” dijo el papa Pablo VI en 1975, repitiendo la frase de Jesús: “Busquen primero el Reino de Dios; el resto vendrá por añadidura”. ¡A salir de dónde nos hemos extraviado! Entonces la moral y la obsesión de la sexualidad pasarán a un segundo lugar, es decir, al servicio del Reino: todo debe estar al servicio del Reino.
Están desapareciendo las religiones pero no desaparecerán los que luchan por la vida y por la fraternidad. También muchos luchan y lucharán para que sigan vivas las ruinas religiosas, cultivando sus cementerios como paraísos perdidos… y cuántos más los irán siguiendo en su ceguera, complicidad y egoísmo.
La Semana santa nos despierta a la realidad, pero preferimos la cobardía de los apóstoles, la traición de Pedro y la soberbia de Poncio Pilato: ‘¿Qué es la verdad?’, sin querer escuchar la respuesta de Jesús: “He venido por la verdad”. La verdad de Jesús fue hacerse hombre pobre con los pobres, profeta itinerante, Mesías del Reino, dedicándose a construir el Reino con los pobres y desde ellos, hasta las últimas consecuencias. Esa fue la lucha de Jesús: por la vida y la fraternidad. Por eso lo asesinaron como vil delincuente que ‘alborotaba a las gentes’, desestabilizaba los poderes: el religioso de los judíos y el militar de los romanos. Hoy, ¿dónde nos ubicamos? ¿con quienes nos identificamos? ¿a quiénes defendemos consciente e inconscientemente? También hay que decir ¡cuántos siguen hoy el camino de Jesús y son perseguidos y asesinados como él! Y nosotros, los cristianos en particular, ¿con quienes nos  cuánto complicidad nuestra con ellos?
Despertemos, levantémonos, luchemos tal como nos invitó Ricardo Patiño el año pasado a ‘luchar combativa, pacífica y colectivamente’, tal como consta en la Constitución y el Evangelio: “¡Sólo los valientes conquistan el Reino de Dios!”. Eso es ‘resurrección’, o sea, triunfo de las luchas por la vida y la fraternidad.
Imagen: https://asuncionorantes.jimdo.com/espiritualidad-agustiniana/

jueves, 25 de abril de 2019

TERCER ENCUENTRO IBEROAMERICANO DE TEOLOGÍA EN LA IBERO DE PUEBLA

Inauguración del 'Tercer Encuentro Iberoamericano de Teología' en la Ibero de Puebla

La sinodalidad como estilo y fundamento del pontificado de Francisco

El Rector de la Ibero pide a los teólogos que luchen “por la opción por los pobres y por los jóvenes en la Iglesia”
Carlos María Galli: “El Papa quiere reforzar los aspectos sinodales de la Iglesia”
24.04.2019 | José Manuel Vidal , enviado especial a Puebla

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Cuarenta años después de la célebre Conferencia del CELAM de Puebla (1979), que consagró la opción preferencial por los pobres en la Iglesia, se vuelve a celebrar en la Universidad Iberoamericana de los jesuitas de Angelópolis el 'Tercer encuentro Iberoamericano de Teología', que reúne a un buen ramillete de los mejores teólogos ibero-latino-americanos. Encima de la mesa, el debate sobre la sinodalidad en la Iglesia. El objetivo final, apoyar al Papa Francisco en sus reformas.
El Encuentro consta de dos partes: una reunión privada del grupo de trabajo y un congreso internacional. La reunión de trabajo fue inaugurada por el Rector de la Universidad Iberoamericana de Puebla, el padre Fernando Fernández Font, que dio a la bienvenida a la treintena de teólogas y teólogos presentes y agradeció su presencia.
A su juicio, se trata de un evento que conecta con “la línea por la que también esta luchando nuestra Universidad” y puede contribuir a “renovar la esperanza en una Iglesia, que se ha separado un poco de los principios del Vaticano II”.
 Y el padre Font, terminó su saludo animando a los teólogos presentes a seguir luchando por una Iglesia que luche “por la opción por los pobres y por los jóvenes, que se han retirado de la práctica religiosa” y, por lo tanto, “si no los reincorporamos, perderemos el dinamismo de la Historia”. Y el Rector concluyó deseando un “éxito total al Encuentro” e invitando a “seguir buscando la renovación de la Iglesia desde nuestras respectivas trincheras”.
Colegialidad y sinodalidad
Tras la inauguración oficial, la primera ponencia a cargo de Carlos María Galli, el prestigioso teólogo argentino, miembro de la Comisión Teológica Internacional, que presentó, precisamente, el documento de la citada comisión, titulado 'La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia'.
Un documento que costó sacar del horno de la Comisión y que ha tenido dificultades de recepción, quizás porque es algo novedoso, que transita por categorías que ni siquiera se abordaron en el Concilio y, que, en tiempos de Francisco, están cogiendo cada vez más aire, más consistencia y relevancia en la Iglesia.
Tras explicar las “reticencias” de algunos de los miembros de la Comisión al documento, Carlos María Galli pasó a exponer su estructura, centrada en una “nueva comprensión católica de la colegialidad de los obispos y de la sinodalidad de la Iglesia”.
El documento consta de una introducción y cuatro capítulos. El primero, sitúa “la figura sinodal en el desarrollo histórico de la Revelación transmitida por la Iglesia”. El segundo, esboza una teología de la sinodalidad. El tercero desarrolla “la concreta actuación de la sinodalidad”. Y concluye con el cuarto capítulo, un capítulo pastoral, que “ayuda a pensar la conversión espiritual y pastoral”.
Caminar juntos
Basado en una “teología trinitaria eucarística y pneumatológica”, el documento deja claro que “la Iglesia es nombre de Sínodo y Sínodo es nombre de Iglesia”, porque la Iglesia, como dice San Juan Crisóstomo, “es el nombre que indica caminar juntos”.
Porque, como señalaba Galli “los bautizados somos compañeros de camino del Señor, llamados a ser sujetos activos en la convocación a la santidad y a la misión, porque participamos del único sacerdocio de Cristo”.
Según Galli, el corazón del documento se basa en una terna de propuestas. La primera apunta a la sinodalidad como “estilo peculiar”. La segunda, a que la sinodalidad “incluye las estructuras y los procesos, que expresan la comunión sinodal a nivel institucional”. Y la tercera, a que la sinodalidad “integra la realización de variados acontecimientos o actos, desde un sínodo diocesano hasta un concilio ecuménico”.
Sinodalidad vs clericalismo
El ponente explicitó en varias ocasiones que “el Papa quiere reforzar los aspectos sinodales de la Iglesia”, como plasma en la 'Amoris laetitia'. Una sinodalidad que Francisco plasma en la figura de la “pirámide invertida”, al tiempo que “señala, de modo creciente, la contraposición entre sinodalidad y clericalismo.
Galli concluyó su ponencia invitando a “una sinodalidad misionera de la Iglesia”, que se plasme en “reflejos ecuménicos, pastorales y teológicos”, que camine hacia la “cultura del encuentro” y que lleve a “pensar una teología de la sinodalidad e imaginar caminos para hacer teología sinodalmente”.
"Puebla no relativizó Medellín, lo confirmó"
La siguiente comunicación corrió a cargo de la historiadora de la Iglesia colombiana y laica, Ana María Bidegaín, que disertó sobre 'Experiencias de sinodalidad en la Iglesia latinoamericana', entre las que citó, entre otras, la de Montevideo y la de Santiago de Chile. Experiencias que demuestran la existencia de “un laicado adulto, que se siente parte activa de la Iglesia, que no es sólo contestatario, sino también propositivo”. Como conclusión, la teóloga apostó “por una Iglesia horizontal y que dé mas importancia a la participación de la mujer”.
La siguiente comunicación de la teóloga brasileña, Alzirinha De Souza, abordó 'La fuerza de la colegialidad en las Conferencias del Celam, una ruta histórico-teológica'. Una fuerza que, a juicio de la teóloga, se expresó claramente y sobre todo en Medellín y Puebla, que “revelan el rostro más eminente de las Iglesias de América Latina”.
A pesar de los intentos de domesticación de las conferencias del Celam por parte de la Curia romana, Alzirinha concluyó que “Puebla no relativizó Medellín, sino que lo confirmó”. Y planteó dos preguntas interpeladoras: “¿Cómo reconquistar hoy la colegialidad como fuerza transformadora?” y “¿cómo recuperar la conciencia latinoamericana, que se construyó en Medellín y Puebla?” Tras una larga discusión grupal, muy abierta y sincera, concluyó la sesión de la mañana.

Claudia Vera Noriega
Servicio de Articulación Nacional. CEB México

sábado, 13 de abril de 2019

El Papa Francisco y la Teología de la Liberación

El papa y la Teología de la Liberación
13-09-13

http://www.telam.com.ar/notas/201309/32485-un-reencuentro-con-la-teologia-de-la-liberacion.html


Un reencuentro con la Teología de la Liberación

El reciente encuentro entre el papa Francisco y el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, padre de la corriente que trazó un modo de entender a la Iglesia centrada en los pobres y la desigualdad en América Latina, marca una novedad para el catolicismo, en el marco de los primeros seis meses del nuevo pontificado.

Entre las novedades que se inscriben en los primeros seis meses de pontificado que cumple este viernes el papa Francisco, la audiencia privada que mantuvo horas atrás con el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez constituye un acontecimiento que requiere especial atención.

El religioso es considerado el padre de la Teología de la Liberación, la corriente que en la década de 1970 se inspiró en la profunda desigualdad social de América Latina y trazó un modo de profesar la fe cristiana que tuviera a los pobres como centro de la catequesis, el acercamiento a Dios y el compromiso social de la Iglesia.

Para la Teología de la Liberación, la condición de pobreza debía contemplarse en sentido doble: por un lado, la situación de carencia de recursos a los que eran sometidos millones de habitantes en la región y, por otro, el estado de abandono o despojo frente a Dios de un modo en que sólo Él es capaz de llenar.

Ambas dimensiones son para Gutiérrez el camino en el que debía permanecer la Iglesia en su verdadera opción por los pobres. El camino que conlleva la denuncia por el escándalo de la pobreza y el camino de la “infancia espiritual” en la que se embarca el hombre para ser abarcado totalmente en el amor de Dios.

"El papa argentino Jorge Bergoglio, que eligiera por nombre Francisco, inspirado en la figura del pobre de Asís, recibe al padre de la Teología de la Liberación."

La propuesta, por más cercana que estuviera al Evangelio, no fue adecuadamente recibida en su momento. Muchos de quienes se inspiraron en esta corriente adoptaron la hermenéutica como argumentación política de carácter marxista o bien eligieron la censura y la persecución por contener principios que podían incomodar ocasionalmente a parte de la anquilosada estructura eclesial.

Debió transcurrir mucho tiempo para que las aguas se aquietaran. Para que eso ocurriera influyó la recuperación de la vida democrática en muchos de los países de la región que padecieron dictaduras sangrientas.

Las interpretaciones de esta teología llevadas al extremo fueron oportunamente sancionadas por la Santa Sede en tiempos de Juan Pablo II. Fue precisamente el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger, quien se encargó de aplicar esas sanciones a religiosos o laicos que tomaron aquellas ideas y las alejaron del Evangelio.

Sin embargo, fue también el propio Ratzinger quien, ya como papa Benedicto XVI, inició un camino de rehabilitación pública tanto para el propio Gutiérrez como para la Teología de la Liberación, subrayando los aciertos y aportes de aquella corriente que, en definitiva, tuvo el valor de poner sobre la mesa el objeto de desvelo más importante para la institución fundada en Cristo: la dignidad del pobre.

Años después, el papa argentino Jorge Bergoglio, que eligiera por nombre Francisco, inspirado en la figura del pobre de Asís, recibe al padre de la Teología de la Liberación. El encuentro, más allá de las palabras, constituye en sí mismo un camino de reconciliación necesario.

Dos hombres que han marcado profundamente la religiosidad popular de Latinoamérica alcanzan por estas horas una proyección internacional que promete también arrojar algo de esperanza a un mundo donde aún muchas de las conquistas sociales siguen pendientes.


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Nidia Arrobo Rodas
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domingo, 23 de diciembre de 2018

[ENTREVISTA] Pedro Trigo: “El principal problema de las CEBs es que muchos sacerdotes se sienten dueños de la parroquia”

Pedro Trigo: “El principal problema de las comunidades de base es que muchos sacerdotes se sienten dueños de la parroquia”



14 de diciembre de 2018
Angel Alberto Morillo

Pedro Trigo es un sacerdote jesuita, de origen español, radicado en Venezuela desde 1959, país donde ha desarrollado su ministerio y aportes a la teología de la liberación especialmente acompañando a las comunidades eclesiales de base. Su relación cercana con monseñor Leonidas Proaño y Gustavo Gutiérrez ha tenido una particular influencia en su pensamiento teológico, pero sin duda el Concilio Vaticano II (1962-1965) y la Conferencia de Medellín (1968) también han infundido renovados aires a su espíritu insurgente.

Es una de las voces que grita con los pobres desde hace muchos años, en su haber cuentan más más de cincuenta libros y artículos sobre teología latinoamericana, cristología, filosofía y literatura hispana, que encuentran tribuna en numerosos espacios internacionales.

Vida Nueva conversó con este reconocido teólogo abordandoimportantes temas de la actualidad de la Iglesia, especialmente los más controversiales como la homosexualidad, de la que considera “no condenar en absoluto, pero tampoco glorificar. La cosa es qué hago yo con eso, yo puedo ser un buen homosexual y muy mal heterosexual”. Sobre este asunto prevalece el tema de la dignidad al ser humano y el respeto.


Si soy cristiano no puedo abortar


PREGUNTA.- En cuanto al tema de la legalización del aborto, ¿cuál es su posición?

RESPUESTA.- Hay dos cosas distintas. Una qué opino yo del aborto. Yo estoy en contra totalmente del aborto fuera de casos que sean necesarios, pero estoy totalmente en contra porque estoy en favor de la vida.

Ahora, si en una sociedad democrática a la mayoría le parece bien que eso se apruebe, yo no tendría ningún problema, es totalmente distinto qué voy a hacer yo si soy cristiano a que en una sociedad democrática se pueda aprobar, son dos cosas distintas, no tengo que mezclarlas. Si yo vivo en esa sociedad y soy cristiano no puedo abortar, pero que esté legalizado ese no es el problema, hay que distinguir las dos cosas.

P.- Pero hay sectores de la misma Iglesia que afirman que al legalizar ya estás asesinando

R.- Para mí el problema es mi conducta, yo no puedo juzgar la conducta del otro, pero para mí en lo particular el aborto no está bien y si alguien me pregunta diré que no está bien, y si alguien es no creyente, igualito que el creyente, porque la vida es la vida, es igual para todos. Que me parezca mal a que haya una ley, eso es distinto porque estamos en una sociedad democrática y yo no puedo imponer mi criterio aunque no esté de acuerdo.


El problema del clericalismo

P.- Respecto a las comunidades eclesiales de base, ¿actualmente cuáles son sus desafíos?

R.- Lo que dice Medellín sobre las comunidades de base sigue siendo totalmente medular, es la primera fuente de eclesialidad, es el primer nivel de Iglesia, es el nivel más básico. Ahora qué presupone eso, lo que dice el Vaticano II que la iglesia somos todo el pueblo de Dios. Si la mayor parte de los curas piensan lo que desechó el Vaticano II, que la Iglesia solo es la comunidad eclesiástica, entonces no puede haber comunidades de base.

El principal problema de las comunidades de base es que mucha gente del clero, por ejemplo párrocos, piensa que ellos son los dueños de la parroquia, cuando por ejemplo el concilio plenario venezolano dice que la parroquia no es el párroco, sino los parroquianos a los que el párroco sirve, eso no se lo creen muchísimos curas, ese es un grave problema.

Pero cuál es el problema más de fondo y al que hace frente la comunidad de base y trata de resolverlo, es el problema de la ‘sociedad líquida’, el individualismo desaforado. En este sentido lo más importante de una comunidad es la lectura orante del Evangelio que da consistencia humana a la gente y le ayuda a vivir como hermanos en Jesús de Nazaret y de esa manera pueden tener como autonomía de vuelo respecto de cómo está la sociedad, porque su autonomía nace de ellos.

P.- Con respecto a la carta al Pueblo de Dios suscrita por el Papa ante los abusos sexuales en especial, ¿qué le diría a Francisco?

R.– Estoy totalmente de acuerdo con el Papa, me siento muy bien expresado en esa carta y me siento muy contento de poder tener este Papa que podemos decir es lo mejor que la ha pasado a América Latina, pero eso es todavía poco. Él es un cristiano y vive de las relaciones primarias con Dios y con Jesús, me alegro muchísimo de que eso sea así.


Capaces de enriquecer con su pobreza


P.- Usted que ha estado tanto tiempo en Venezuela, ¿cómo ve el futuro de este país?

R.- Tengo una sensación agridulce en Venezuela. Primero, y lo más obvio, es que ninguno de los viejos de Venezuela pudiéramos haber pensado que íbamos a caer tan bajo, es decir, la situación es terrible y que además sea tan torpe y mal hecho, que se hayan destruido todas las fuentes de producción que como decimos en Venezuela el gobierno ‘ni lava ni presta la batea’, eso es tristísimo.

Además hay una imposición violenta de un modelo político, una impunidad total, que no exista Estado, todo ello es tristísimo, pero con todo eso, nunca ha habido en Venezuela personas tan consistentes como las hay hoy, eso que dice Jesús al tentador, ‘no solo del pan vive el hombre’ estoy seguro de ello, porque conozco a mucha gente que no teniendo pan, viven humanamente y son capaces de enriquecer con su pobreza, eso es algo grandioso. Me alegro muchísimo de tener venezolanos así, es lamentable que haya tenido que pasar esta situación para que eso sea, pero tener hermanos y hermanas a personas así a mí me da mucha vida.

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lunes, 19 de noviembre de 2018

Homilía del Papa Francisco en la misa de la Jornada Mundial de los Pobres (2018)

Homilía del Papa Francisco en la misa de la Jornada Mundial de los Pobres

18 de noviembre de 2018
Homilía del Papa Francisco en la misa de la Jornada Mundial de los Pobres, domingo 18 noviembre 2018
Veamos tres acciones que Jesús realiza en el Evangelio.
La primera. En pleno día, deja: deja a la multitud en el momento del éxito, cuando lo aclamaban por haber multiplicado los panes. Mientras los discípulos querían disfrutar de la gloria, los obliga rápidamente a irse y despide a la multitud (cf. Mt 14,22-23). Buscado por la gente, se va solo; cuando todo iba “cuesta abajo”, sube a la montaña para rezar. Luego, en mitad de la noche, desciende de la montaña y se acerca a los suyos caminando sobre las aguas sacudidas por el viento. En todo, Jesús va contracorriente: primero deja el éxito, luego la tranquilidad. Nos enseña el valor de dejar: dejar el éxito que hincha el corazón y la tranquilidad que adormece el alma.
¿Para ir a dónde? Hacia Dios, rezando, y hacia los necesitados, Homilía del Papa Francisco en la misa de la amando. Son los auténticos tesoros de la vida: Dios y el prójimo. Subir hacia Dios y bajar hacia los hermanos, aquí está la ruta que Jesús nos señala. Él nos aparta del recrearnos sin complicaciones en las cómodas llanuras de la vida, del ir tirando ociosamente en medio de las pequeñas satisfacciones cotidianas. Los discípulos de Jesús no están hechos para la predecible tranquilidad de una vida normal. Al igual que su Señor, viven en camino, ligeros, prontos para dejar la gloria del momento, vigilantes para no apegarse a los bienes que pasan.
El cristiano sabe que su patria está en otra parte, sabe que ya ahora es -como nos recuerda el apóstol Pablo en la segunda lectura- «conciudadano de los santos, y miembro de la familia de Dios» (cf. Ef 2,19). Es un ágil viajero de la existencia. No vivimos para acumular, nuestra gloria está en dejar lo que pasa para retener lo que queda. Pidamos a Dios que nos parezcamos a la Iglesia descrita en la primera lectura: siempre en movimiento, experta en el dejar y fiel en el servicio (cf. Hch 28,11-14). Despiértanos, Señor, de la calma ociosa, de la tranquila quietud de nuestros puertos seguros. Desátanos de los amarres de la autorreferencialidad que lastran la vida, libéranos de la búsqueda de nuestros éxitos. Enséñanos a saber dejar, para orientar nuestra vida en la misma dirección de la tuya: hacia Dios y hacia el prójimo.
La segunda acción: en plena noche Jesús alienta. Se dirige hacia los suyos, inmersos en la oscuridad, caminando «sobre el mar» (v. 25). En realidad se trataba de un lago, pero el mar, con la profundidad de su oscuridad subterránea, evocaba en aquel tiempo a las fuerzas del mal. Jesús, en otras palabras, va hacia los suyos pisoteando a los malignos enemigos del hombre. Aquí está el significado de este signo: no es una manifestación en la que se celebra el poder, sino la revelación para nosotros de la certeza tranquilizadora de que Jesús, solo Jesús, vence a nuestros grandes enemigos: el diablo, el pecado, la muerte, el miedo. También hoy nos dice a nosotros: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo» (v. 27).
La barca de nuestra vida a menudo se ve zarandeada por las olas y sacudida por el viento, y cuando las aguas están en calma, pronto vuelven a agitarse. Entonces la emprendemos con las tormentas del momento, que parecen ser nuestros únicos problemas. Pero el problema no es la tormenta del momento, sino cómo navegar en la vida. El secreto de navegar bien está en invitar a Jesús a bordo. Hay que darle a él el timón de la vida para que sea él quien lleve la ruta. Solo él da vida en la muerte y esperanza en el dolor; solo él sana el corazón con el perdón y libra del miedo con la confianza.
Invitemos hoy a Jesús a la barca de la vida. Igual que los discípulos, experimentaremos que con él a bordo los vientos se calman (cf. v. 32) y nunca naufragaremos. Y solo con Jesús seremos capaces también nosotros de alentar. Hay una gran necesidad de personas que sepan consolar, pero no con palabras vacías, sino con palabras de vida. En el nombre de Jesús, se da un auténtico consuelo. Solo la presencia de Jesús devuelve las fuerzas, no las palabras de ánimo formales y obligadas. Aliéntanos, Señor: confortados por ti, confortaremos verdaderamente a los demás.
Tercera acción: Jesús, en medio de la tormenta, extiende su mano (cf. v. 31). Agarra a Pedro que, temeroso, dudaba y, hundiéndose, gritaba: «Señor, sálvame» (v. 30). Podemos ponernos en la piel de Pedro: somos gente de poca fe y estamos aquí mendigando la salvación. Somos pobres de vida auténtica y necesitamos la mano extendida del Señor, que nos saque del mal. Este es el comienzo de la fe: vaciarnos de la orgullosa convicción de creernos buenos, capaces, autónomos y reconocer que necesitamos la salvación. La fe crece en este clima, un clima al que nos adaptamos estando con quienes no se suben al pedestal, sino que tienen necesidad y piden ayuda.
Por esta razón, vivir la fe en contacto con los necesitados es importante para todos nosotros. No es una opción sociológica, es una exigencia teológica. Ni es una moda de este pontificado. Es reconocerse como mendigos de la salvación, hermanos y hermanas de todos, pero especialmente de los pobres, predilectos del Señor. Así, tocamos el espíritu del Evangelio: «El espíritu de pobreza y de caridad -dice el Concilio- son gloria y testimonio de la Iglesia de Cristo» (Const. Gaudium et spes, 88).
Jesús escuchó el grito de Pedro. Pidamos la gracia de escuchar el grito de los que viven en aguas turbulentas. El grito de los pobres: es el grito ahogado de los niños que no pueden venir a la luz, de los pequeños que sufren hambre, de chicos acostumbrados al estruendo de las bombas en lugar del alegre alboroto de los juegos. Es el grito de los ancianos descartados y abandonados. Es el grito de quienes se enfrentan a las tormentas de la vida sin una presencia amiga.
Es el grito de quienes deben huir, dejando la casa y la tierra sin la certeza de un lugar de llegada. Es el grito de poblaciones enteras, privadas también de los enormes recursos naturales de que disponen. Es el grito de tantos Lázaros que lloran, mientras que unos pocos epulones banquetean con lo que en justicia corresponde a todos. La injusticia es la raíz perversa de la pobreza. El grito de los pobres es cada día más fuerte pero también menos escuchado, sofocado por el estruendo de unos pocos ricos, que son cada vez menos pero más ricos.
Ante la dignidad humana pisoteada, a menudo uno permanece con los brazos cruzados o con los brazos caídos, impotentes ante la fuerza oscura del mal. Pero el cristiano no puede estar con los brazos cruzados, indiferente, o con los brazos caídos, fatalista; no. El creyente extiende su mano, como lo hace Jesús con él. El grito de los pobres es escuchado por Dios, ¿pero, y nosotros? ¿Tenemos ojos para ver, oídos para escuchar, manos extendidas para ayudar? «Es el propio Cristo quien en los pobres levanta su voz para despertar la caridad de sus discípulos» (ibíd.). Nos pide que lo reconozcamos en el que tiene hambre y sed, en el extranjero y despojado de su dignidad, en el enfermo y el encarcelado (cf. Mt 25,35-36).
El Señor extiende su mano: es un gesto gratuito, no obligado. Así es como se hace. No estamos llamados a hacer el bien solo a los que nos aman. Corresponder es normal, pero Jesús pide ir más lejos (cf. Mt 5,46): dar a los que no tienen cómo devolver, es decir, amar gratuitamente (cf. Lc 6,32- 36). Miremos lo que sucede en cada una de nuestras jornadas: entre tantas cosas, ¿hacemos algo gratuito, alguna cosa para los que no tienen cómo corresponder? Esa será nuestra mano extendida, nuestra verdadera riqueza en el cielo.
Extiende tu mano hacia nosotros, Señor, y agárranos. Ayúdanos a amar como tú amas. Enséñanos a dejar lo que pasa, a alentar al que tenemos a nuestro lado, a dar gratuitamente a quien está necesitado. Amén.
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Homilía del Papa Francisco en la misa de la Jornada Mundial de los Pobres, 8.9 out of 10 based on 11 ratings