viernes, 16 de febrero de 2024

Frans Vanderhoff el hijo adoptivo de Barranca Colorada y el que sacó de la miseria a los pueblos de la sierra mixe a través de UCIRI

 Frans Vanderhoff el hijo adoptivo de Barranca Colorada y el que sacó de la miseria a los pueblos de la sierra mixe a través de UCIRI

* El sacerdote recibió el Premio Nacional de Promoción de Agricultura Orgánica y Comercio Justo

Gerardo Valdivieso Parada


Cd. Ixtepec, Oax.- Con sus cinco doctorados, uno en economía política y otra en teología, Frans Vanderhoff Boersma dice que sus niveles de estudio les da igual a las gallinas a que les reparte maíz todos los días en el patio de su casa en Barranca Colorada, mientras fuma sin pena un cigarro a sus ochenta y tres años.

Como un patriarca, su pequeño cubículo en la oficina de UCIRI en Ixtepec está ubicado al fondo, a diferencia de los empleados y directivos que trabajan en sus computadoras, sólo acumula papeles en su mesa de trabajo en donde se puede apreciar un cenicero muy usado, un bote de suero y paquete de galletas.

 “Dar de comer a los que tienen hambre” es la sencilla frase que el sacerdote holandés resume su misión cristiana, bajo esa premisa llegó a la zona de más miseria en la región del istmo: la sierra mixe-zapoteca, donde organizó a los campesinos para crear la Unión de Comunidades Indígenas de la Región del Istmo de Tehuantepec (UCIRI).

Dos cosas le sirvieron al “sacerdote obrero” para organizar a los cafeticultores zapotecos, mixes y chontales de las montañas para saltarse a los intermediarios y coyotes y comerciar el grano de café a los países de Europa: el ser de una familia campesina humilde que sembraba trigo y papas -de niño aprendió a ordeñar las diez vacas de su casa- y su conocimiento de economía.

Llegó a México en 1973, huyendo del golpe militar del general Augusto Pinochet en Chile en donde trabajaba en una mina de cobre, al igual que miles de refugiados llegó a la ciudad de México sin papeles y perseguido por los agentes de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), que le pusieron dos veces una pistola en la sien.

Gracias a la intervención del obispo de Cuernavaca, Sergio Méndez Arceo, y la ayuda del entonces secretario de gobernación, Jesús Reyes Heroles, puso en reglas sus papeles para su estancia en la capital del país, en donde trabajó como obrero en la industria de automóviles en la planta de Ford “haciendo ejes traseros”.

El mismo obispo le comunicó que ya no podía protegerlo en la ciudad de México, y le informó que tenía que trasladarse a Tehuantepec, en donde ya había hablado con el obispo de la Diócesis, Arturo Lona Reyes.

Llegó al Istmo en octubre de 1980, en donde bastaron cinco minutos para entenderse con el obispo de los pobres, ya que estaban en la misma línea el lado social del mensaje de Jesús “dar de comer a los que tiene hambre, dar de beber a los que tienen sed, visitar a los que están en la cárcel, tratar de defender los derechos inalienables de la gente: techo trabajo y tierra”.

Trabajó primero en Comitancillo, pero gracias a unos amigos que conoció en México se asentó en Barranca Colorada, pueblo que le gustó, en donde le dieron una casa en la que ha vivido a lo largo de 42 años y en donde por un tiempo sembró en cuatro hectáreas maíz, frijol, chiles y un parte de pasto en donde tuvo vacas para ordeñar y hacer queso.

Al acompañar al obispo a resolver los problemas más álgidos de la diócesis, recuerda la matanzas en la sierra chontal por límites “broncas muy gruesas en Tecpan, San Pablo y San Pedro Topiltepec, Guigolano; logramos algo por lo menos un poquito de paz que no hubiera más matanzas”, llegó a la sierra Mixe-Zapoteca en donde el obispo sabía que había “un proceso de miseria, miseria profunda”.

Al llegar a la parroquia de Santa María Guienagati que abarcaba una gran cantidad de pueblos de la sierra, ya había un grupo misionero que ya había organizado Comunidades Eclesiales de Base, en donde junto con el obispo le pidieron ponerse manos a la obra; por lo que trabajó cinco meses en las cafetaleras de Santiago Lachiguiri, en donde platicando como los “compas” se dio cuenta de la situación en las comunidades cafetaleras.

En 1981, organizó una asamblea en el templo Guevea de Humbolt, con cien caficultores en donde se quejaron sobre el problema del coyotaje, en donde los intermediarios en contubernio con los caciques de las comunidades acaparaban a precios de miseria el café, por lo que se concluyó que la solución al problema era independizarse y buscar vender con sus propios medios de manera directa el café, “así nació UCIRI”.

Después de visitar comunidades y realizar infinidad de reuniones, siete comunidades “decidieron entrarle” originalmente para organizarse y formalizar de forma legal la UCIRI. Se crearon los estatutos y muy pronto se juntaron 36 pueblos que sumaron más de cuatro mil socios, en un ejercicio inédito en México el de agrupar a tres culturas indígenas diferentes en una sola organización.

La tarea no fue fácil, tuvieron la oposición de los caciques y los coyotes que perdían su principal fuente de enriquecimiento, lo que le valió estar en la cárcel acusado de comunista, además del asesinato del 37 socios, que causó sus mayores bajas en una de sus festividades anuales en donde un grupo pistoleros ametralló la reunión.

Con sus conocimientos en economía hizo un análisis para descubrir cuál era el costo producir un kilogramo el café, preguntando sobre los costos desde la siembra y tiempo de cuidado de la planta en un período de siete años: 

“Descubrimos en aquel entonces que el costo para producir un kilo de café era 92 pesos, los coyotes pagaban 37 pesos una gran diferencia, al mismo tiempo yo supe que el precio del café en el mercado que se cotiza en la bolsa de Nueva York era de 132 pesos”.

Iniciando de nada, porque no tenía ni sacos donde meter el café lograron su primera venta para la ciudad de México a 83 pesos por kilo, un precio mucho mejor a que lo pagaban los coyotes por lo que la novedad corrió como pólvora entre las comunidades de la sierra cuando se dieron cuenta que su café valía.

A partir de 1984 contactaron con organizaciones en Europa en el llamado comercio alternativo, que estaban interesados en comprar café de UCIRI por lo que empezaron a exportar inicialmente a Holanda. En 1985 la asamblea de UCIRI decidió cambiar la producción para cambiar el café convencional a orgánico, sin el uso de químicos que de por sí no utilizaban los campesinos.

En 1987, Frans Vanderhoff junto con otros socios de UCIRI viajó a Europa y en reuniones con organismos y clientes y formaron el modelo comercial “Comercio justo” que se ha convertido en un movimiento internacional que involucra a 56 países, que protege a los productores y la ecología.

Bajo este modelo UCIRI exporta a Suecia, Alemania, Austria, Suiza, Italia, Francia y Canadá llegando a exportar en cifra record hasta cuarenta contenedores alrededor de 900 toneladas de café pergamino o sea sin tostar.

Al mismo tiempo en las comunidades de la sierra se echaron a andar una serie de proyectos para mejorar la vivienda, cambiando los techos por laminas, introduciendo cocinas lorena, baños con letrina seca, e inaugurando una línea transporte cuando la gente pagaba por ir arriba de los sacos de café de las camionetas de los coyotes o transportándose a pie.

En el 2015 una plaga de roya acabó con todas las plantas de café de la organización por lo que se tuvo que resembrar las plantas de café más resistentes a la plaga y apenas están empezando las plantas su producción y cada año aumenta un poco más, actualmente se exporta apenas 300 toneladas de café que se obtiene de 200 hectáreas cuando antes era más del doble.

Actualmente el mejor negocio de UCIRI es la venta del café ya tostado para el mercado nacional por el valor agregado con una producción de cuarenta toneladas al año, dice con su tono extranjero y engrosado.

Como un elemento irónico en la punta de su escritorio hay una taza de Nescafé y se le pregunta si la transnacionales les representan una amenaza “siempre han estado, nuestros contrincantes principales son Nestle, California, pero no hacemos pleito con ellos, no nos afecta en nada”.

Se enorgullece de la organización que creó hace 40 años, porque está muy bien construido y no han podido dividirlos:

“Nestlé trató de entrar en la sierra con un programa pero la gente lo mandó al carajo, cuando tienes organización y resistencia ya puedes dominar y dejar que otros sigan aprovechando, porque el comercio justo es otro tipo de mercado, insertado en el capitalismo bruto, es un mercado democrático entre productor y consumidor, más directo”. 

 (https://oaxaca.eluniversal.com.mx/sociedad/reconocen-labor-de-francisco-vanderhoff-sacerdote-holandes-impulsor-campesino-en-oaxaca)


Murió Frans Vanderhoff, sacerdote holandés promotor del comercio justo

 Murió Frans Vanderhoff (+13feb2024), sacerdote holandés promotor del comercio justo

Jorge A. Pérez Alfonso, corresponsal

14 de febrero de 2024 

    

Oaxaca, Oax. Frans Vanderhoff Boersma, sacerdote católico de origen holandés que llegó a México hace más de 40 años y fundó la Unión de Cafeticultores Indígenas de la Región del Istmo (Uciri), murió en el estado de Oaxaca este martes. Fue pionero y promotor incansable del comercio justo, lo que benefició no sólo a la entidad, sino a miles de personas en diversos países.

Francisco Abardía, economista egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, con estudios en desarrollo rural en la Universidad Autónoma Metropolitana, reconoció el aporte realizado por Frans Vanderhoff quien, aseguró, propició el comercio justo mediante el cual empresarios comenzaron a pagar importes adecuados a productores de vegetales, frutas y sobre todo a caficultores.

Refirió que el trabajo de Vanderhoff Boersma fue de suma importancia en Oaxaca, y también en muchos otros países donde productores eran víctimas de consorcios que pagaban sus productos a bajo costo.

“Fue el padre del comercio justo y lo que hizo fue pelear en el terreno de quienes han dominado los mercados, con una idea de mercado diferente, pero en verdad en el mismo terreno de los mercados mundiales”, acotó.

Añadió que “difícilmente podemos exagerar la importancia del trabajo y la iniciativa de Frans, que podemos decir es de las más trascendentes de estos tiempos en términos de pequeños productores y su inserción en los mercados”.

Expuso gracias a esto, miles de familias pueden obtener precios dignos y estables para sus mercancías. Recordó que hace más de 20 años, el costo de un quintal de café en la Bolsa de Nueva York era de poco más de 40 dólares, de tal forma que el kilogramo se pagaba aproximadamente en un dólar, y el cafetalero no recibía ni la mitad.

No obstante, la lucha del holandés logró establecer el precio del quintal en cerca de 140 dólares, que podía ascender a 160 con diversos bonos por el tipo de grano, lo que derivó también en mayor calidad del café, pues los productores comenzaron a mejorar sus procesos.

Abardía, quien colaboró con Frans Vanderhoff, destacó que el trabajo realizado por el clérigo “fue tan exitoso que muchas de las grandes empresas entraron por cuenta propia al negocio justo, de tal forma que pudieran tener acceso a productos de alta calidad, y arrastró a todo el mercado a este modelo”.


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