lunes, 16 de enero de 2023

Benedicto XVI, un Papa de la vieja cristiandad, con su pompa y su poder político-religioso - LBoff

 

Benedicto XVI, un Papa de la vieja cristiandad, con su pompa y su poder político-religioso


 Leonardo Boff

Cada vez que muere un Papa, toda la comunidad eclesial y mundial se conmueve, porque ve en él al confirmador de la fe cristiana y al principio de unidad entre las diversas Iglesias locales. Se pueden hacer muchas interpretaciones de la vida y los actos de un Pontífice. Haré uno de Brasil (de América Latina), ciertamente parcial e incompleto.

Es importante señalar que sólo el 23,18% de los católicos viven en Europa, el 62% en América Latina y el resto en África y Asia. La Iglesia católica es una Iglesia del Segundo y Tercer Mundo. Los futuros Papas procederán probablemente de estas Iglesias, llenas de vitalidad y con nuevos estilos de encarnar el mensaje cristiano en las culturas no occidentales.


"La Iglesia católica es una Iglesia del Segundo y Tercer Mundo. Los futuros Papas procederán probablemente de estas Iglesias, llenas de vitalidad y con nuevos estilo"

En referencia a Benedicto XVI, hay que distinguir entre el teólogo Joseph Ratzinger y el Pontífice Benedicto XVI.

El teólogo Joseph Alois Ratzinger es un típico intelectual y teólogo centroeuropeo, brillante y erudito. No es un creador, sino un excelente expositor de la teología oficial, como quedó claro en sus diversos diálogos públicos con ateos y agnósticos.

"A Ratzinger le bastaba con el pequeño grupo altamente espiritual que ocupa el lugar de todos. Resulta que dentro de este grupo de puros y santos había pedófilos y personas implicadas en escándalos financieros, lo que desmoralizó su concepción de la Representación"

No introdujo nuevos puntos de vista, sino que dio un lenguaje diferente a los ya tradicionales, especialmente los basados en San Agustín y San Buenaventura. Quizá algo nuevo sea su propuesta de la Iglesia como un grupo pequeño, muy fiel y santo, como "representación" de la totalidad. El número de fieles no le importaba; le bastaba con el pequeño grupo altamente espiritual que ocupa el lugar de todos. Resulta que dentro de este grupo de puros y santos había pedófilos y personas implicadas en escándalos financieros, lo que desmoralizó su concepción de la Representación.


Otra postura singular, objeto de interminables controversias conmigo pero que ganó resonancia en la Iglesia, fue la interpretación de que la "Iglesia católica es la única Iglesia de Cristo". Las discusiones conciliares y el espíritu ecuménico cambiaron el "es" por el "subsiste". Así se abrió un camino para que la Iglesia de Cristo también "subsistiera" en otras Iglesias. Ratzinger siempre afirmó que este cambio no era más que otro sinónimo de "es", lo que una cuidadosa investigación de las actas teológicas del Concilio no confirmó. Pero siguió apoyando su tesis. También afirmó que las demás Iglesias no son Iglesias, sino que sólo tienen elementos eclesiales.

Incluso afirmó varias veces que esta postura mía se había hecho común entre los teólogos y que ello provocaba nuevas críticas del Papa. Sin embargo, estaba aislado, porque había causado una gran decepción a las demás iglesias cristianas, como la luterana, la baptista, la presbiteriana y otras, al cerrar las puertas al diálogo ecuménico.

"Como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se mostró extremadamente duro e implacable. En América Latina se censuró al fundador de la Teología de la Liberación, el peruano Gustavo Gutiérrez, a la teóloga Ivone Gebara y al autor de estas líneas"

Entendía la Iglesia como una especie de castillo fortificado contra los errores de la modernidad, situando la ortodoxia de la fe, siempre ligada a la verdad (su tonus firmus), como referencia principal. A pesar de su carácter personal sobrio y cortés, se mostró como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, extremadamente duro e implacable.


Cerca de un centenar de los teólogos más destacados fueron condenados bien con la pérdida de su cátedra, bien con la prohibición de enseñar y escribir teología o, como en mi caso, con el "silencio obsequioso". En América Latina se censuró al fundador de la Teología de la Liberación, el peruano Gustavo Gutiérrez, a la teóloga Ivone Gebara y al autor de estas líneas. Otros en EE.UU., como Charles Curran y R. Haight, se vieron afectados. Incluso un teólogo indio, el padre Anthony de Mello, ya fallecido, vio prohibidos sus libros, al igual que otro indio, Belasurya.

"Cerca de un centenar de los teólogos más destacados fueron condenados bien con la pérdida de su cátedra, bien con la prohibición de enseñar y escribir teología o, como en mi caso, con el 'silencio obsequioso'"

Los teólogos latinoamericanos, decepcionados, nunca han entendido por qué se prohibió la colección de 53 volúmenes "Teología y Liberación", en la que participaban decenas de teólogos (se publicaron unos 25 volúmenes). Era la primera vez que se producía, fuera de Europa, una obra teológica de envergadura con resonancia mundial. Pero pronto se abortó. El teólogo Joseph Ratzinger se mostró enemigo de los amigos de los pobres. Esto pasará a la historia de la teología.

Muchos teólogos afirman que estaba obsesionado con el marxismo, a pesar de que hacía ruido en la Unión Soviética. Publicó un documento sobre la teología de la liberación, Libertatis nuntius (1984), lleno de advertencias pero sin condenas explícitas. Otro documento posterior, Libertatis conscientia (1986) hace hincapié en sus elementos positivos, pero con demasiadas restricciones.

Podemos decir que nunca comprendió la centralidad de esta teología: la "opción de los pobres contra la pobreza y por la liberación". Convirtió a los pobres en protagonistas de su liberación y no en meros receptores de la caridad y el paternalismo. Esta era la visión tradicional y la del Papa Benedicto XVI. Sospechaba que había marxismo en este protagonismo del poder histórico de los pobres.

Como Pontífice, Benedicto XVI inauguró la "Vuelta a la Gran Disciplina", con una clara tendencia restauradora y conservadora, hasta el punto de reintroducir la Misa en latín y de espaldas al pueblo. Causó estupor general en la propia Iglesia cuando en el año 2000 publicó el documento "Dominus Jesus", en el que reafirmaba la vieja doctrina medieval, superada por el Concilio Vaticano II, según la cual "fuera de la Iglesia católica no hay salvación". Los no cristianos corrían grave peligro. Una vez más negó el calificativo de "Iglesia" a las demás Iglesias, lo que provocó la irritación general, que sólo eran comunidades eclesiales, y con todo su ingenio se peleó con los musulmanes, los evangélicos, las mujeres y el grupo fundamentalista contra el Vaticano II.

"Causó estupor general en la propia Iglesia cuando en el año 2000 publicó el documento "Dominus Jesus", en el que reafirmaba la vieja doctrina medieval, superada por el Concilio Vaticano II…

A pesar de sus limitaciones, pero por sus virtudes personales y por la humildad de haber renunciado, debido a los límites de sus fuerzas, al oficio papal, seguramente será contado entre los bienaventurados"

Su forma de dirigir la Iglesia no era carismática como la de Juan Pablo II. Se guiaba más por la ortodoxia y el celo vigilante por las verdades de fe que por la apertura al mundo y la ternura hacia el pueblo cristiano como el Papa Francisco.

Era un representante legítimo de la vieja cristiandad europea, con su pompa y su poder político-religioso. Rara vez se mostró abierta a otras culturas como las antiguas de América Latina, África y Asia. Nunca se deshizo de cierta arrogancia de ser el mejor y en nombre de ella colonizó el mundo entero, tendencia que aún no ha superado del todo.

A pesar de sus limitaciones, pero por sus virtudes personales y por la humildad de haber renunciado, debido a los límites de sus fuerzas, al oficio papal, seguramente será contado entre los bienaventurados.

Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator

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sábado, 14 de enero de 2023

"Ratzinger fue un representante del antiguo cristianismo medieval" - Boff

 

Leonardo Boff:
"Ratzinger fue un representante del antiguo cristianismo medieval"
"Su sueño era el de una reevangelización de Europa bajo la guía de la Iglesia Católica. Un proyecto irrisorio e impracticable, teniendo que arrasar con todas las conquistas de la modernidad. Pero Ratzinger fue un representante del antiguo cristianismo medieval".
"Con la censura y persecución de tantos teólogos, desde Gustavo Gutiérrez hasta Jon Sobrino, Ratzinger no ha dado buen ejemplo: no ha escuchado el clamor de los pobres, ha condenado a sus amigos y aliados y ha malinterpretado la Ley"
"Era una persona afable y delicada, pero sin el carisma de su antecesor. Sin embargo, por sus virtudes personales y por los sufrimientos que padeció, estoy seguro de que será acogido entre los bienaventurados".

09.01.2023
Claudia Fanti

(Il manifesto).- Era el 7 de septiembre de 1984 y Leonardo Boff se sentaba como acusado ante el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger, en lo que a todos los efectos parecía un juicio moderno por herejía. Bajo acusación estaba su libro Iglesia: carisma y poder, del que el ex Santo Oficio había destacado aspectos "como para poner en peligro la sana doctrina de la fe".

Pero en la mira del Vaticano no había un solo libro: había más bien esa Teología de la Liberación (TdL), que, nacida de la realidad de los pobres (interpretada con la ayuda de las ciencias sociales y el análisis marxista de la historia) y dirigida a su liberación, había alarmado inmediatamente a los centros más sensibles del poder político y religioso.

Sin resentimiento.
Hubiera sido, garantizó Ratzinger, una "conversación entre hermanos" -con los ojos del mundo puestos en Roma no hacía falta evocar imágenes inquisitoriales-, pero el desenlace ya estaba escrito. Al año siguiente, Boff sería castigado con un obsequioso silencio. Y en 1992, ante la amenaza de nuevas medidas disciplinarias, habría abandonado la Orden de los franciscanos y renunciado al sacerdocio, mientras continuaba incansablemente su actividad como teólogo de la liberación. Hoy, ante la muerte de su perseguidor, dice no sentir ningún resentimiento, destacando sólo la necesidad de una "lectura objetiva" del pensamiento y la acción de Ratzinger.

Grandes palabras de elogio se han dedicado a Benedicto XVI. Usted que, junto con muchos otros, pagó personalmente la persecución del Vaticano, ¿cómo reacciona ante los comentarios realizados en los últimos días?

Es normal hablar bien de los muertos, sobre todo si se trata de un Papa. Sin embargo, la teología, al no poder sustraerse a una lectura objetiva y crítica, debe tener el coraje de mostrar también las sombras de Benedicto XVI. Era un teólogo progresista y respetado cuando enseñaba en Alemania. Pero luego se dejó contaminar por el virus conservador de la milenaria institución eclesiástica, al punto de abrazar, en algunos aspectos, posiciones reaccionarias y fundamentalistas.

Basta pensar en la declaración Dominus Iesus del 2000, en la que relanzaba la vieja tesis medieval, superada por el Concilio Vaticano II, según la cual "fuera de la Iglesia no hay salvación": Cristo es el único camino de salvación y la Iglesia es la única vía de salvación. Nadie caminará por el camino a menos que primero pague el peaje. En cuanto a las Iglesias no católicas, no serían "Iglesias en sentido propio", sino sólo "comunidades separadas". Una puerta se cerró de golpe en la cara del ecumenismo. Su sueño era el de una reevangelización de Europa bajo la guía de la Iglesia Católica. Un proyecto irrisorio e impracticable, teniendo que arrasar con todas las conquistas de la modernidad. Pero Ratzinger fue un representante del antiguo cristianismo medieval.

Estaba claro que no quería saber de una teología elaborada a partir de las periferias. Para los pobres fue un escándalo, para nosotros los teólogos, apoyados por cientos de obispos, una humillación

Luego estaba la condenación de la Teología de la Liberación...
Para nosotros, teólogos latinoamericanos, fue una gran herida que hubiera prohibido a decenas de teólogos de todo el continente producir una serie de 53 volúmenes, titulada Teología de la Liberación, como ayuda para estudiantes, comunidades de base y operadores de pastoral comprometidos en la perspectiva de los pobres. Estaba claro que no quería saber de una teología elaborada a partir de las periferias. Para los pobres fue un escándalo, para nosotros los teólogos, apoyados por cientos de obispos, una humillación.

Ratzinger ha publicado dos Instrucciones sobre la Teología de la Liberación. La primera fue muy dura, en 1984. La segunda, dos años después, con tonos más suaves, escrito bajo la presión de los cardenales brasileños Arns y Lorscheider. Y fue precisamente en 1984 cuando usted pasó por el juicio ante la Congregación para la Doctrina de la Fe.

El proceso terminó con la imposición de un "silencio obsequioso", eufemismo de la prohibición de hablar, de enseñar, de realizar cualquier actividad teológica. Pero no siento resentimiento cuando recuerdo aquellos días turbulentos: el hecho de haber asumido la causa de los pobres, los amados del Jesús histórico, me hizo sentir seguro. Además, ese juicio, cubierto por los medios de comunicación de todo el mundo, había ofrecido una enorme oportunidad para dar a conocer la TdL. Todos entendieron que estaba en juego no sólo una teología, sino la posición de la Iglesia frente al drama de los pobres y oprimidos.

Con la censura y persecución de tantos teólogos, desde Gustavo Gutiérrez hasta Jon Sobrino, Ratzinger no ha dado buen ejemplo: no ha escuchado el clamor de los pobres, ha condenado a sus amigos y aliados y ha malinterpretado la Ley. ¡Ay de los que no se pongan del lado de los pobres, porque ellos serán los que nos juzguen!

¿Qué llevó a este malentendido?
La falta de apoyo de Ratzinger al TdL ha hecho vacilar a muchos cristianos. Tanto más cuanto que a los teólogos de la línea de la liberación se les prohibió ofrecer asesoramiento pastoral a los obispos e incluso acompañar a las comunidades de base. Se les ha negado la alegría del trabajo pastoral y de la enseñanza de la teología. Ratzinger ha sido un factor de división dentro de nuestra Iglesia latinoamericana.

Carente de capacidad de gobernar, ha sembrado en la Iglesia más miedo que alegría, más control que libertad.

¿Cómo evalúa su pontificado?
Benedicto XI dio continuidad al invierno eclesial iniciado por Juan Pablo II con el abandono de las reformas del Concilio. Con el "retorno a la gran disciplina" que promovió, incluso acentuó esta tendencia. Basta pensar en la reintroducción de la misa latina. Concibió a la Iglesia como un castillo fortificado contra los errores de la modernidad, desde el relativismo al marxismo o la pérdida de la memoria de Dios en la sociedad. Colocó la Verdad en el centro, con su defensa de la ortodoxia. Carente de capacidad de gobernar, ha sembrado en la Iglesia más miedo que alegría, más control que libertad. Era una persona afable y delicada, pero sin el carisma de su antecesor. Sin embargo, por sus virtudes personales y por los sufrimientos que padeció, estoy seguro de que será acogido entre los bienaventurados.

¿Cómo interpretó su renuncia?
Se había dado cuenta de los escándalos sexuales y financieros en la Iglesia, pero sintió que le faltaba la fuerza para cambiar la situación. Necesitábamos otro Papa más en el pulso. No se trataba de problemas de salud, sino del hecho de que se sentía psicológica, mental y espiritualmente desamparado.


miércoles, 11 de enero de 2023

Fwd: Miguel Concha, el sembrador.


Date: mar, 10 ene 2023 

Miguel Concha,

el sembrador.


Testimonio presentado por Fray Miguel Concha Malo, O.P., Director General del Centro de Derechos Humanos "Fray Francisco de Vitoria, O.P.", A.C.,  al aceptar el Reconocimiento «El Sembrador», otorgado por diversas organizaciones de la sociedad civil.


"Considero que mi modesta colaboración en la defensa y promoción de los derechos humanos tiene su origen consciente en la pasión por la justicia que se despertó en mí durante la primera mitad de la década de los sesenta, cuando, siendo estudiante de filosofía en la Orden de Predicadores (Frailes Dominicos), descubrí el pensamiento original de Santo Tomás de Aquino sobre la propiedad privada. Probablemente a ello contribuyeron también mis raíces familiares y los ejemplos y enseñanzas de congruencia cristiana que recibí de mis padres, pues por parte de mi madre soy nieto de una persona que por ideales se levantó dos veces en armas a comienzos del siglo pasado contra la dictadura de Porfirio Díaz y la reelección posterior de Obregón, y quien murió con el grado de General; y por parte de mi padre, quien fue hijo de una familia de hacendados que perdió casi toda su fortuna después de la Revolución. Ello no fue obstáculo para que quien tuvo que aprender a trabajar como artesano para mantener a duras penas a mis abuelos, la bendijera porque "le enseñó a trabajar", y no a vivir de las rentas de sus familiares.


Santo Tomás, en efecto, nunca consideró a la propiedad privada como un derecho natural, y por lo mismo inalienable, imprescriptible e inmutable, porque, para él, el verdadero propietario de los bienes de la tierra es Dios, creador de todas las cosas. 


Los seres humanos no somos sino administradores y distribuidores de lo que Él hizo para todas y todos sin excepción, sobre todo cuando nos encontramos con situaciones y casos de necesidad. Por eso, en su concepción la propiedad privada es sólo una institución humana en la que han convergido muchos pueblos (derecho de gentes) para facilitar la conservación de los bienes, su mejor administración y la armonía entre los seres humanos que hacen uso de ellos para su subsistencia. Con ello no hizo otra cosa que traducir en los conceptos y lenguaje filosófico de su época el mensaje bíblico de los profetas, la doctrina evangélica de Jesucristo y la enseñanza de los primeros escritores cristianos. Hoy podemos preguntarnos si el régimen de propiedad privada, tal y como es defendido por el pensamiento liberal del Siglo XIX, y sobre todo por la globalización neoliberal del Siglo XX, realmente ha garantizado la paz, la conservación de la naturaleza y la mejor administración de la riqueza.


Para nuestra fortuna el pensamiento de Santo Tomás sobre la propiedad fue retomado con vigor por el Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965), bajo cuyas enseñanzas hice mis cursos de Teología con profesores holandeses y franceses que fueron precursores y actores de esa magna asamblea eclesiástica internacional, y con italianos y españoles que a pesar de sus inercias lo asumieron con decisión y entusiasmo. No debemos olvidar que a ese Concilio se le debe la primera Declaración sobre la Libertad Religiosa en la Iglesia católica, y que además de reconocer la trascendencia de los derechos humanos para la convivencia social y política justa y pacífica de toda la humanidad, establece en su "Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo de Hoy" la debida y legítima separación entre la Iglesia y el Estado.


En congruencia con esto, una reunión internacional de Obispos celebrada en 1971 sobre el tema de la justicia, declaró que la defensa de la dignidad humana y la promoción de los derechos de las personas son parte de la misión pastoral de la Iglesia. No puedo dejar de mencionar también la poderosa influencia que al comienzo de mi servicio como religioso dominico ejercieron en mí, en los albores de los años setenta, los análisis y propuestas de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano celebrada en 1968 en Medellín, Colombia, sobre la misión de la Iglesia en América Latina y El Caribe a la luz del Concilio, y los de la III Conferencia General, celebrada en 1979 en Puebla, de la que junto con muchos otros compañeros teólogos de la liberación fui actor "extra muros", pues desde entonces, y hasta el año 2007 en otra reunión similar en Aparecida, Brasil, no fuimos requeridos por el Vaticano como asesores oficiales de los Obispos.


Las dos Conferencias que les han seguido han ya hablado explícitamente de los derechos humanos, y no sólo de los derechos individuales, sino también de los colectivos, con un enfoque integral, y considerándolos como universales, iguales para todas y todos, indivisibles, interdependientes, inalienables e integrales".




Con estos antecedentes, a partir de una reunión internacional realizada en 1977, los Frailes Dominicos asumieron la promoción de la justicia y de la paz como una de las cuatro prioridades de su acción evangelizadora en el mundo. Lo que de una u otra manera ha venido siendo reiterado cada tres años y de distintas maneras en reuniones semejantes. Con ello además retomaban de manera explícita uno de los elementos centrales de su tradición misionera al interior de la Iglesia, que se remonta hasta Santo Domingo de Guzmán y de manera especial a los primeros frailes del Siglo XVI en América Latina y El Caribe, quienes defendieron la dignidad humana de los indígenas contra los abusos estructurales de las encomiendas y sus derechos colectivos frente a las injusticias y excesos de la conquista: Fray Pedro de Córdoba, Fray Antón de Montesinos, Fray Bartolomé de las Casas, y otros que les siguieron, como Fray Julián Garcés, Fray Antonio de Valdivieso, Fray Pedro Lorenzo de la Nada y Fray Matías de Córdova.


Como una de las acciones sobresalientes para llevar a cabo esta opción, desde entonces se repite de diferentes maneras el compromiso por la defensa y promoción de los derechos humanos, principalmente de los sectores más vulneralizados (mujeres, exlcuidos, migrantes, personas pertenecientes a grupos muchas veces considerados indebidamente como minorías étnicas o raciales, u otros grupos discriminados injustamente por distintos motivos), denunciando las violaciones a los derechos humanos que los oprimen, analizando las causas que las propician, elaborando propuestas que contribuyan a revertirlas, procurando influir en la toma de decisiones que modifiquen su situación, y estableciendo relaciones de solidaridad y colaboración con otras personas, Iglesias, instituciones y organizaciones de la sociedad civil que defienden la dignidad humana y las relaciones justas entre las personas, pues yo estoy convencido que la labor evangelizadora de los dominicos no se desenvuelve en una lógica de movimientos de sístole, sino por el contrario de diástole. Vale decir, que no evangelizamos primeramente en función de nosotros mismos, de nuestras obras e instituciones, sino sobre todo, con lo que somos y tenemos, en colaboración con los demás.


Fue también por ello que a partir del año de 1981 las reuniones de planeación de los dominicos en México asumieron de distintas maneras esta prioridad y estas acciones, y decidieron crear en 1984 el Centro de Derechos Humanos "Fray Francisco de Vitoria, O.P.", A.C., ubicado en las laderas de la Universidad Nacional Autónoma de México, para honrar la memoria de quien es considerado en el mundo latino como el precursor del derecho internacional público, que como sabemos implica como una de sus columnas vertebrales el respeto de la dignidad humana y la protección de los derechos humanos de todas las personas.


Sería injusto soslayar el fuerte estímulo que ejercieron para este propósito sobre los dominicos en México los numerosos académicos y luchadoras y luchadores sociales de varios países del Cono Sur que durante los primeros años de la década de los setenta encontraron refugio en nuestro país, y con quienes entramos en contacto en el Centro Universitario Cultural (CUC) y en la UNAM. Y sobre todo el fuerte impulso que nos dieron los centroamericanos que se exiliaban en México a finales de aquellos años. De entre éstos es indispensable mencionar a las principales cabezas del Socorro Jurídico Cristiano del Arzobispado de San Salvador, Roberto y Benjamín Cuéllar Martínez, que hacia el fin de aquella década llegaron a México pidiéndonos un espacio para poder seguir llevando a cabo su labor de defender y promover los derechos humanos de sus compatriotas, fuertemente amenazados en su país por el ejército. Fueron ellos nuestros principales maestros en la labor de defender y promover los derechos humanos en México, y quienes nos orientaron en la primera organización de nuestro Centro. A ello también se debe que los primeros años éste se haya dedicado sobre todo a defender los derechos humanos de los centroamericanos, reforzando aquí las acciones del Socorro Jurídico Cristiano ante nuestras autoridades, en una época en que ya el gobierno mexicano señalaba con fuerza las violaciones a los derechos humanos en el extranjero, pero de manera encubierta, y a veces no tanto, las realizaba en México contra estudiantes, profesores, líderes sociales, indígenas y campesinos.


Fray Miguel Concha. https://www.youtube.com/watch?v=PzViJjKFNOU&list=PLXi592UBEVrfWHg3plcxU-eaRdhgDZ0x7&ab_channel=GerardoOrtega


Invitados por el Doctor Pablo González Casanova, fundador y primer director del Centro Interdisciplinario en Ciencias y Humanidades de la UNAM, en 1988 tuvimos la oportunidad de publicar el primer informe sobre la situación de los derechos humanos en México. Y a partir de entonces, y hasta el año 1999, insertamos cada tres o cuatro meses, según andaran las economías, en nuestra revista "Justicia y Paz", informes sobre la situación de los derechos humanos en México; y publicamos cada año un informe sobre las principales violaciones a los derechos humanos fundamentales en México: ejecuciones arbitrarias, detenciones arbitrarias, detenciones ilegales, tortura, tratos crueles, inhumanos y degradantes, agresiones contra grupos, señalando el nombre de las víctimas, el sector social al que pertenecían, las circunstancias en las que fueron violentadas, los presuntos responsables y la respuesta de las autoridades, si la había. Teniendo en cuenta que a partir del año 2000 esta obligación de informar fue paulatinamente asumida por los organismos públicos de derechos humanos, durante diez años, entre el año 2002 y 2012 decidimos publicar cada año un informe sobre la situación que guardan seis derechos sociales en el país (alimentación, salud, educación, vivienda, trabajo y medio ambiente), y durante cuatro años, entre el año 2007 y el año 2010 otro informe sobre el mismo tema en la Ciudad de México. Últimamente hemos colaborado con informes de esta naturaleza con el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la Organización de Naciones Unidas, y nos hemos sumado con nuestras colaboraciones a la elaboración del Informe Alternativo de México ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Antes de concluir por razones de tiempo estas líneas sobre algunas de las actividades que he podido realizar en el campo de la promoción y defensa de los derechos humanos, quiero expresar mi agradecimiento a todos los compañeros y compañeras que desde hace más de 34 años han venido colaborando conmigo en las actividades del Centro, y me han apoyado en esta noble e indispensable tarea. Gracias también a las compañeras y compañeros con los que he podido colaborar en el Centro de Estudios Sociales y Culturales Antonio de Montesinos, en la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, en la Academia Mexicana de Derechos Humanos y en el Equipo Pueblo".

 


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Fwd: Partió el fraile dominico y sembrador de esperanzas, Miguel Concha Malo.


Date: mar, 10 ene 2023 

Partió el fraile dominico y sembrador de esperanzas, Miguel Concha Malo.


Figura imprescindible en el movimiento de los derechos humanos. Abrió la brecha para que sacerdotes progresistas publicaran en los medios.


Cada vez que estaba por empezar una asamblea de accionistas de nuestra casa editorial, La Jornada, entre los murmullos de los socios, los directivos barrían a la concurrencia con la vista, buscando al hombre que sin acuerdo previo sería elegido como conductor y moderador de sus reuniones.


Porque no había evento de importancia en el periódico que empezara sin la batuta de fray Miguel Concha Malo, el religioso dominico que en los años setenta abrió brecha para que los sacerdotes progresistas escribieran y publicaran en los medios de comunicación de la época; que en los ochenta contribuyó a levantar el andamiaje de organizaciones defensoras de derechos humanos; que desmenuzaba y sistematizaba con rigor los avances y retrocesos de las políticas en la materia; que hacía de la solidaridad con los perseguidos una labor cotidiana y tan natural y necesaria como respirar; que repartía siempre, a diestra y siniestra, bendiciones y sonrisas a creyentes y no creyentes por igual.

Miguel Concha murió ayer. Tenía 77 años. Este martes será despedido con una misa solemne en la capilla del Centro Universitario Cultural (CUC), que él organizó y dirigió durante décadas.


El Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria, que él fundó en 1984, lo llamó sembrador de esperanzas.

En una ocasión contó en entrevista: "Fundamos el Fray Vitoria el mismo año que nació La Jornada, la Academia de Derechos Humanos y otros espacios. Algunos querían que se llamara Fray Bartolomé de las Casas. Yo dije que ese nombre estaba reservado para Chiapas, donde ya el obispo Samuel Ruiz trabajaba fuerte en la promoción de los derechos humanos, pensando que los defensores debían salir del mismo pueblo".


Fue una iniciativa pionera en un tiempo en el que ni siquiera el término derechos humanos estaba en uso. Ya existía el Comité Eureka, de Rosario Ibarra, un movimiento de activistas, recuerda Pablo Romo, que fue su alumno en el CUC, con materias como cristología y teología moral social, que lo marcaron profundamente. Pero el Centro Vitoria es el primero que sistematiza y vincula los temas de defensa, formación, información y promoción. Y de ahí siguieron muchas otras organizaciones. Romo también fue fraile dominico.


Pionero


Concha fundó la primera revista especializada, Justicia y Paz, con otra religiosa dominica, Brigitte Loire, además de Carlos Mendoza, Balbina Flores y dos salvadoreños refugiados: Roberto y Benjamín Cuéllar.


Es una figura imprescindible en el movimiento de los derechos humanos desde su origen, con su labor sistemática. Pero también fue pionero en otros terrenos, como en la incursión de los religiosos en los medios.


Fueron años en los que las amenazas de muerte a los defensores y los allanamientos a sus casas y oficinas eran habituales. El Fray Vitoria no se salvó.


Fue en el antiguo Unomásuno, el que fundaron Manuel Becerra Acosta y Carlos Payán, donde curas de la corriente progresista rompieron el tabú de publicar en los periódicos. También en Proceso. En momentos donde la noticia estallaba directamente en el ámbito eclesial, como la muerte de Juan Pablo I, en 1978, o el asesinato del arzobispo salvadoreño Óscar Arnulfo Romero, Concha irrumpía como bólido en la redacción, se apoderaba de una máquina de escribir y redactaba su impecable pieza periodística desde el calor del fogón informativo, tecleando como un reportero más.


Para esa época, fines de los años setenta, ya influía con fuerza la conocida Pastoral Social del Sur, impulsada por los llamados "obispos rojos": Sergio Méndez Arceo (Cuernavaca), Arturo Lona Reyes (Tehuantepec), Samuel Ruiz (San Cristóbal de las Casas), Bartolomé Carrasco (Oaxaca). Miguel Concha trabajaba en esa línea como asesor de esa corriente.


Bajo la influencia de la Conferencia General del Episcopado Latinoa-mericano, que en 1968 en Medellín traza el primer impulso transformador de la institución eclesial, Concha participa en 1979 en la conferencia de Puebla, donde se asienta ya por primera vez en documentos la opción preferencial de los pobres.


Lógicamente, cuando irrumpió el Ejército Zapatista en Chiapas en 1994, fray Miguel estaba muy cerca del ojo del huracán. Días después del levantamiento del 1º de enero, los servicios de inteligencia del Estado, que buscaban identificar quién era el mestizo del pasamontañas que hablaba por los rebeldes indígenas, apuntó hacia fray Pablo Romo, que trabajaba con el obispo Samuel Ruiz en el Centro Fray Bartolomé de las Casas. Concha apareció esa noche en las oficinas de Payán con el joven religioso en cuestión. "Este es Pablo, no el Subcomandante Marcos".


En diciembre de 2018, cuando Payán recibió la medalla Belisario Domínguez en el Senado de la República, en su discurso reveló otra anécdota entre ellos que hasta entonces no se había hecho pública.


Fue antes del estallido zapatista. Hasta la oficina del Fray Vitoria, allá por Ciudad Universitaria, llegaron unos campesinos chiapanecos para denunciar un plan ya en marcha para asesinar al obispo de San Cristóbal, el tatik Samuel Ruiz, planeado y financiado por finqueros de Altamirano. El acuerdo se había tomado y refrendado en la finca La Preciosa.


Concha llamó de inmediato a la dirección de La Jornada. Al corriente de todos los detalles del complot, Payán y Concha fueron recibidos en la Secretaría de Gobernación por el entonces titular Patrocinio González Garrido, ex gobernador de Chiapas. Varios sacerdotes, todos conocedores del grave asunto, esperaron en el vestíbulo.


–¿Y qué quieren que haga? –les dijo el funcionario, también finquero y conocido cacique regional.

–Lo que usted considere –respondió Payán–; pero si algo pasa, usted no va a poder decir que no sabía.

"Creo que en esencia lo que logró Miguel Concha –reflexiona Romo– fue vincular el mundo de la fe con el de los derechos humanos, vincular las idea de Santo Tomás y Bartolomé de las Casas con el mundo que en ese momento en México se está abriendo a nuevas formas de ser y organizarse. Y como lo hizo Méndez Arceo, en torno a la solidaridad. Pero además, lo que nunca dejó de hacer es articular y recuperar todo ese proceso por escrito".



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