martes, 25 de octubre de 2022

QUÉ ES LA SINODALIDAD ?

¿QUÉ ES LA SINODALIDAD?


El papa Francisco ha dicho que la sinodalidad es el estilo de la Iglesia para el siglo XXI. Pero, ¿qué es la sinodalidad? La palabra sinodalidad deriva de la palabra sínodo, pero tampoco es claro qué significa sínodo.

«Sínodo» proviene del griego y significa camino conjunto, es decir, reúne dos dimensiones, una comunitaria (conjunto, comunidad) y otra dinámica (camino, en marcha).

Cuando Francisco lo aplica a la Iglesia, quiere decir que la Iglesia es una comunidad que peregrina conjuntamente hacia el Reino de Dios.

Esta idea no ha sido invención de Francisco, sino que recupera la tradición de la Iglesia primitiva que vivía como comunidad de cristianos unidos en comunión por el Espíritu y que seguían el camino de Jesús hacia del Reino de Dios (ver, por ejemplo, Hechos de los Apóstoles 15). Por esto decían que sínodo era una definición de la Iglesia.

Esta idea de Iglesia como sínodo, vigente al comienzo de la Iglesia, la recuperó el Concilio Vaticano II que definió la Iglesia como el «Pueblo de Dios» formado por los bautizados que han recibido el don del Espíritu y peregrinan hacia el Reino de Dios.

Esto significa que lo que poseemos en común todos los cristianos (el don de Espíritu recibido en el bautismo), es más importante que las diferentes vocaciones de los pastores, los seglares y la vida religiosa: diferencias que no se eliminan, sino que se ponen en diálogo y comunión. Todos tenemos el derecho a hablar y escucharnos para discernir lo mejor para la Iglesia, desde nuestra propia experiencia y vocación.

La Iglesia no es una pirámide, sino una comunidad, donde cada cristiano cumple su misión, como pastor, seglar o vida religiosa. No ha de haber una elite cultural, espiritual o clerical que domine desde arriba, sino que todos participamos de la misma fe y del don del Espíritu. Así pues, aquello que nos afecta a todos, está llamado a ser dialogado por todos.

Y todo ello de formar abierta y dinámica, pues la Iglesia sinodal es un Pueblo en marcha que ha de anunciar el evangelio de Jesús a todas las naciones, y responder a los gozos y esperanzas, tristezas y angustias de la humanidad de hoy. Esta es la sinodalidad que el papa Francisco propone para la Iglesia del siglo XXI.


jueves, 6 de octubre de 2022

¡Salvemos a la humanidad y al planeta! - 4emmp2021

 ¡Salvemos a la humanidad y al planeta!

15 de octubre de 2021|Diálogo con Francisco, IV Encuentro


DOCUMENTO DE SÍNTESIS

IV ENCUENTRO MUNDIAL DE MOVIMIENTOS POPULARES


Desde hace siete años, los y las trabajadoras, los y las campesinas, la juventud, los pueblos originarios, los pobres, los postergados y excluidos, llegados desde las periferias urbanas, rurales y laborales, nos damos cita en los Encuentros Mundiales de Movimientos Populares (EMMP) en diálogo con el Papa Francisco, para hacer oír y dar visibilidad a nuestras preocupaciones sobre el incremento de las injusticias ocasionadas por la globalización capitalista, explotadora y excluyente. 

Nos reunimos para reflexionar y compartir nuestras luchas sociales, organizadas desde lo comunitario, que en estos tiempos de pandemia fueron particularmente importantes para cientos de millones de personas. También nos reunimos para proponer formas de acceso a los derechos a Tierra, Techo y Trabajo y pensar un nuevo paradigma humano que supere las estructuras inhumanas que están en la raíz de los problemas socioambientales que nos aquejan.

Producto de los primeros tres encuentros, y en diálogo con el Papa Francisco, emergieron importantes propuestas y conceptos. Están condensados en los tres documentos de los movimientos y en el apoyo del Papa Francisco reflejado en sus tres discursos. 

En este 2021, el EMMP se realiza de manera virtual en dos sesiones distintas: la primera sesión el pasado 9 de julio cuando nos encontramos delegados de 50 países; y una segunda sesión con el Papa Francisco a realizarse el próximo 16/10, día que conmemoramos la lucha de los campesinos por el derecho a la tierra de la cual provienen nuestros alimentos. 

Las siguientes consideraciones son una suerte de síntesis de los debates del primer momento.


1. La humanidad está en crisis como consecuencia de un sistema económico destructivo, tóxico e inhumano

Desde que la Organización Mundial de la Salud anunciara, en diciembre de 2019 la propagación de un virus desconocido, la humanidad entera se ha encontrado desprotegida, se ha sumido en el miedo, ha acompañado con dolor el sufrimiento de millones de personas infectadas y la pérdida de miles de vidas a causa de la enfermedad. 

La pandemia ha desvelado lo que veníamos denunciando los movimientos populares del mundo: el agotamiento del sistema capitalista explotador, depredador y destructor de la vida, que pone el lucro por encima del ser humano y la naturaleza. Las desigualdades se asentaron como pocas veces en la historia de la humanidad, tanto entre los pueblos, como al interior de las naciones. Basta ver la injusta distribución de las vacunas para comprender que no hay una verdadera comunidad internacional sino un dominio grotesco de los grandes grupos económicos y un puñado de potencias que acaparan bienes indispensables, como las vacunas que frenan la pandemia. 

En definitiva, los ricos y poderosos son hoy más ricos y poderosos porque han sacado ventaja de las necesidades del confinamiento global y, a su vez, este puñado de ricos, se ha aprovechado de la acuciante necesidad de sobrevivir de todo el resto. Los pobres, hoy son más pobres. Los sistemas sanitarios y de protección social han mostrado su insuficiencia durante la pandemia, y esto es una consecuencia directa de décadas de esquemas de ajustes neoliberales que dejaron sin ninguna salvaguardia a millones y millones de personas en situación de vulnerabilidad.


2. En los pueblos de las periferias crece la conciencia y la solidaridad

Las periferias urbanas, rurales y existenciales que resisten la cultura del descarte y la globalización de la indiferencia, por el contrario, han adoptado una actitud de solidaridad, esfuerzo, voluntarismo y disposición frente a la crisis. Estas actitudes se reflejan en un sinnúmero de acciones locales para mitigar sus efectos inmediatos. 

Durante estos tiempos de pandemia, los movimientos populares, sus trabajadores y trabajadoras se han dedicado a trabajar desde sus hogares, en centros comunitarios,  ollas comunitarias, a distribuir alimentos entre los más pobres, entre todas aquellas personas que subsisten con los ingresos que generan en el día y que se vieron imposibilitados para trabajar durante los confinamientos, lo que produjo una creciente demanda en comedores comunitarios. También, muchas organizaciones han creado fondos económicos solidarios para sostener a quienes perdieron su trabajo.

Se han organizado para confeccionar indumentaria de protección destinada a los sistemas sanitarios y distribuir máscaras para los trabajadores esenciales que debían continuar con sus actividades.

Se han organizado para compartir no sólo alimentos, sino agua. También se han dedicado y se organizan para producir sanitizantes y distribuir elementos de desinfección en barrios populares, de modo que allí también se pueda cumplir con las medidas de cuidado.

Se han organizado para continuar con las tareas esenciales, fundamentalmente la producción de alimentos, distribución y también el reciclado de los residuos.

Se han organizado para luchar contra los abusos policiales contra quienes debían salir a trabajar para llevar el pan a sus hogares como los vendedores ambulantes.

Se han organizado para contrarrestar los vacíos educativos entre los niños escolares, especialmente en aquellos lugares donde no llega la conectividad de forma eficiente o no se cuenta con los dispositivos necesarios para la virtualidad.

Se han organizado para aprovechar el tiempo, hacer formaciones políticas virtuales, pensar críticamente y elaborar propuestas para salir mejores de esta crisis. 

Los movimientos populares somos defensores comunitarios: Las comunidades indígenas se han organizado para cuidar sus territorios y sus culturas de los avances empresariales. Hemos también luchado en cada barrio contra los desalojos y los desahucios de aquellas familias sin techo que se quedaron sin ingresos para pagar su renta.

Esto se suma al esfuerzo de millones de personas, trabajadoras domésticas, de la salud, docentes, comunidades cristianas y religiosas abocadas a recorrer los barrios y las calles desiertas con sinfines de acciones de solidaridad afectiva y efectiva. 

Vemos entonces que entre los humildes, entre las personas de trabajo, en las periferias crece la conciencia de tomar nuevamente el control de lo público, de lo común, que ha sido secuestrado por intereses particulares de ínfimas codiciosas minorías. 


3. Un nuevo paradigma para superar los dilemas de la humanidad

En este IV EMMP reafirmamos nuestra lucha por tierra, techo y trabajo para todos y todas y en todo lugar y concluimos que volver a la normalidad anterior al Coronavirus sería suicida. Sin descuidar las luchas locales, acordamos priorizar como exigencias inmediatas de los movimientos populares los siguientes puntos de alcance universal:  

  • Sistemas sanitarios públicos y gratuitos
  • Liberación de las patentes de las vacunas
  • Obtención de un salario universal para todas las personas sin ingresos fijos
  • Garantías de una movilidad humana para migrantes y refugiados libre de violencias y restricciones a los derechos humanos elementales 
  • Una moratoria global de los desalojos hasta tanto se salga de la situación de pandemia y planificación de un sistema público y social de la vivienda
  • Implementar una Reforma Agraria Popular, imponiendo un tamaño máximo de propiedad agrícola, priorizando la producción de alimentos saludables, y adoptando la agroecología como método principal de producción que sustituya el patrón del agro negocio de base transgénica.
  • Cumplimiento estricto de los compromisos multilaterales sobre mitigación y adaptación al cambio climático
  • Suspensión de todas las acciones extractivas para frenar el ecocidio en la Amazonia y otros puntos críticos del planeta
  • Levantamiento de todas las medidas unilaterales de las superpotencias que impiden el acceso a medicamentos y asistencia humanitaria
  • Condonación de la deuda de los países en desarrollo

Abogamos por la construcción de un nuevo paradigma de desarrollo humano integral, que priorice la vida antes que el lucro, que armonice las relaciones humanas y ambientales. Entendemos que la lucha contra la pobreza y la exclusión es un problema político y no solo un problema social. Por tanto se requiere una reformulación profunda: Un nuevo modelo humano, igualitario, fraterno, libre, participativo, y ecológico. La pandemia del covid-19 profundizó desigualdades pero a su vez resaltó el rol de los movimientos populares en las comunidades más humildes. 

Proponemos una nueva arquitectura internacional, acorde al sistema multipolar, que respete la autodeterminación y la soberanía de los pueblos pero que promueva una gobernanza internacional solidaria y cooperativa, donde la paz mundial, la democracia participativa, la planificación económica, la justicia social y el respeto a la naturaleza sean comprendidos como parte de un todo integral.


***


Fwd: [La Minuta] Espacio Social: Juventudes, resistencias y militarización


De: Comunidades Eclesiales de Base 
Date: mar, 4 oct 2022 

Compartimos con ustedes el boletín de la Minuta de Servicios para una Educación Alternativa A. C (EDUCA). Saludos
Cordialmente
Claudia Vera Noriega
Servicio de Articulación Nacional. CEB México

[La Minuta] Espacio Social: Juventudes, resistencias y militarización ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌ ‌

La Minuta
Servicio diario de información y análisis con enfoque comunitario

 

La Minuta Especial 04.10.2022

La historia reciente en México nos ha mostrado un sinfín de movilizaciones que la sociedad ha realizado en diferentes momentos según el contexto social, político, histórico que se esté viviendo.


El 2 de octubre de 1968 fue una fecha que dejó marcas importantes en la sociedad mexicana. Tras una larga serie de manifestaciones iniciadas por jóvenes estudiantes a la que se sumaron organizaciones de trabajadores y demás agrupaciones de la sociedad civil, el ejército mexicano y agrupaciones policiacas de élite, con anuencia del gobierno del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz, reprimieron a miles de personas que realizaban un mitin en la Plaza de las tres Culturas en Tlatelolco, Ciudad de México.


Este acontecimiento fue sólo uno de muchos otros sucesos que el Estado, a través de sus aparatos de control y en ocasiones de represión: el ejercito y/o la policía, ha implementado para disolver manifestaciones de lucha y resistencia de la sociedad civil.


Para hablar de esto y de las exigencias actuales de las juventudes en resistencia, así como su percepción ante la forma actual de militarización, escucharemos la palabra de Emanuel, joven estudiante de la Normal de Ayotzinapa, quien ha formado parte importante de las movilizaciones por la exigencia de justicia para los 43 jóvenes desaparecidos de aquella normal rural en Guerrero el 26 de septiembre de 2014. Asimismo, conversaremos con Susana, joven organizadora de una de muchas formas y propuestas para hacer frente a las políticas de represión de un Estado que ha permitido que ocurran fenómenos como el juvenicidio que es una política sistemática para destruir a este grupo generacional de distintas formas además de la represión directa.


En la música: "El hijo de Granadero" de Oscar Chávez y "Volver a los 17" interpretada por Santa Sabina y Caña Dulce Caña Brava.


Descargar el programa Espacio Social "Juventudes, resistencias y militarización"


Escuchar los programas anteriores del Espacio Social aquí

Gracias por estar suscrito a La Minuta. 

 

 

 

denuncia-oaxaca


EDUCA Es un organismo sin fines lucrativos que impulsa la democracia y el desarrollo en las comunidades oaxaqueñas, además promueve la justicia, la equidad y la participación social para lograr elevar la calidad de vida de los sectores marginados de la población de Oaxaca.

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¡”La Carta” alcanzó las 165 mil reproducciones en sus primeras 24 horas!


¡"La Carta" alcanzó las 165 mil reproducciones en sus primeras 24 horas!
mié, 5 oct 2022 

El 4 de octubre ha sido un día increíble, mira por qué

 


Nos da mucha ilusión contarte que más de 165.000 personas ya vieron La Carta en las primeras 24 horas de su estreno. La película que cuenta la historia de la encíclica Laudato Si' y el poder de la humanidad para detener la crisis ecológica, fue estrenada en el Vaticano en un día muy especial: la fiesta de San Francisco de Asís y el cierre del Tiempo de la Creación. Qué emocionante, ¿no crees? 


Este 4 de octubre la Plaza de San Pedro y varios rincones del Vaticano se llenaron de cartas y una multitud de periodistas e invitados especiales asistieron a la conferencia de prensa y a la emisión de estreno de la película.



Estuvieron allí los protagonistas de la película: Ridhima, una adolescente activista de la India, el Cacique Dada, un líder indígena del Amazonas, Arouna, un refugiado climático de Senegal y Robin y Greg, un matrimonio de científicos de Hawai; además de otras personalidades importantes.



¿Qué dónde puedes ver la película? AQUÍ: gratis y online


Este largometraje de 80 minutos está publicado en YouTube Originals en inglés. Estará disponible doblada al español el próximo 21 de octubre. Pero si no te aguantas, puedes verla de todos modos activando los subtítulos en tu idioma. (Aquí hay un tutorial de cómo hacerlo)



¡Por favor, ayúdanos a compartir esta película con tus amigos y familiares!


Comparte en tus redes sociales y cuéntanos qué te ha parecido La Carta utilizando el hashtag #LaudatoSiFilm



¡Estamos en contacto! 🤝




Tomás Insua
Director Ejecutivo

Movimiento Laudato Si'



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miércoles, 21 de septiembre de 2022

VI JORNADA MUNDIAL POR LOS POBRES 2022 - Papa Francisco

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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO

VI JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario
13 de noviembre de 2022

Jesucristo se hizo pobre por ustedes (cf. 2 Co 8,9)

 

1. "Jesucristo se hizo pobre por ustedes" (cf. 2 Co 8,9). Con estas palabras el apóstol Pablo se dirige a los primeros cristianos de Corinto, para dar fundamento a su compromiso solidario con los hermanos necesitados. La Jornada Mundial de los Pobres se presenta también este año como una sana provocación para ayudarnos a reflexionar sobre nuestro estilo de vida y sobre tantas pobrezas del momento presente.

Algunos meses atrás, el mundo estaba saliendo de la tempestad de la pandemia, mostrando signos de recuperación económica que traerían alivio a millones de personas empobrecidas por la pérdida del empleo. Se vislumbraba un poco de serenidad que, sin olvidar el dolor por la pérdida de los seres queridos, prometía finalmente poder regresar a las relaciones interpersonales directas, a reencontrarnos sin limitaciones o restricciones. Y es entonces que ha aparecido en el horizonte una nueva catástrofe, destinada a imponer al mundo un escenario diferente.

La guerra en Ucrania vino a agregarse a las guerras regionales que en estos años están trayendo muerte y destrucción. Pero aquí el cuadro se presenta más complejo por la directa intervención de una "superpotencia", que pretende imponer su voluntad contra el principio de autodeterminación de los pueblos. Se repiten escenas de trágica memoria y una vez más el chantaje recíproco de algunos poderosos acalla la voz de la humanidad que invoca la paz.

2. ¡Cuántos pobres genera la insensatez de la guerra! Dondequiera que se mire, se constata cómo la violencia afecta a los indefensos y a los más débiles. Deportación de miles de personas, especialmente niños y niñas, para desarraigarlos e imponerles otra identidad. Se vuelven actuales las palabras del Salmista ante la destrucción de Jerusalén y el exilio de los jóvenes hebreos: «Junto a los ríos de Babilonia / nos sentábamos a llorar, / acordándonos de Sión. / En los sauces de las orillas / teníamos colgadas nuestras cítaras. / Allí nuestros carceleros / nos pedían cantos, / y nuestros opresores, alegría. / [...] ¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor / en tierra extranjera?» (Sal 137,1-4).

Son millones las mujeres, los niños, los ancianos obligados a desafiar el peligro de las bombas con tal de ponerse a salvo buscando amparo como refugiados en los países vecinos. Los que permanecen en las zonas de conflicto, conviven cada día con el miedo y la falta de alimentos, agua, atención médica y sobre todo de cariño. En estas situaciones, la razón se oscurece y quienes sufren las consecuencias son muchas personas comunes, que se suman al ya gran número de indigentes. ¿Cómo dar una respuesta adecuada que lleve alivio y paz a tantas personas, dejadas a merced de la incertidumbre y la precariedad?

3. En este contexto tan contradictorio se enmarca la VI Jornada Mundial de los Pobres, con la invitación —tomada del apóstol Pablo— a tener la mirada fija en Jesús, el cual «siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza» (2 Co 8,9). En su visita a Jerusalén, Pablo se había encontrado con Pedro, Santiago y Juan, quienes le habían pedido que no se olvidara de los pobres. La comunidad de Jerusalén, en efecto, se encontraba en graves dificultades por la carestía que azotaba al país, y el Apóstol se había preocupado inmediatamente de organizar una gran colecta en favor de los pobres. Los cristianos de Corinto se mostraron muy sensibles y disponibles. Por indicación de Pablo, cada primer día de la semana recogían lo que habían logrado ahorrar y todos eran muy generosos.

Como si el tiempo no hubiera transcurrido desde aquel momento, también nosotros cada domingo, durante la celebración de la Santa Eucaristía, realizamos el mismo gesto, poniendo en común nuestras ofrendas para que la comunidad pueda proveer a las exigencias de los más pobres. Es un signo que los cristianos siempre han realizado con alegría y sentido de responsabilidad, para que a ninguna hermana o hermano le falte lo necesario. Lo atestigua ya san Justino, que, en el segundo siglo, explicando la celebración dominical de los cristianos al emperador Antonio Pío, escribía así: «En el día llamado "del Sol" se reúnen todos juntos, habitantes de la ciudad o del campo, y se leen las memorias de los Apóstoles o los escritos de los profetas según el tiempo lo permita. […] Luego se hace la fracción y distribución de los elementos consagrados a cada uno y a través de los diáconos se envía a los ausentes. Los adinerados y los que lo desean dan libremente, cada uno lo que quiere y lo que se recoge viene depositado con el sacerdote. Este socorre a los huérfanos, a las viudas, y a quien es indigente por enfermedad o por cualquier otra causa, a los encarcelados, a los extranjeros que se encuentran entre nosotros: en resumen, tiene cuidado de cualquiera que esté en necesidad» (Primera Apología, LXVII, 1-6).

4. Regresando a la comunidad de Corinto, después del entusiasmo inicial, su compromiso comenzó a disminuir y la iniciativa propuesta por el Apóstol perdió fuerza. Es este el motivo que estimula a Pablo a escribir de manera apasionada insistiendo en la colecta, «llévenla ahora a término, para que los hechos respondan, según las posibilidades de cada uno, a la decisión de la voluntad» (2 Co 8,11).

Pienso en este momento en la disponibilidad que, en los últimos años, ha movido a enteras poblaciones a abrir las puertas para acoger millones de refugiados de las guerras en Oriente Medio, en África central y ahora en Ucrania. Las familias han abierto de par en par sus casas para hacer espacio a otras familias, y las comunidades han recibido con generosidad tantas mujeres y niños para ofrecerles la debida dignidad. Sin embargo, mientras más dura el conflicto, más se agravan sus consecuencias. A los pueblos que acogen les resulta cada vez más difícil dar continuidad a la ayuda; las familias y las comunidades empiezan a sentir el peso de una situación que va más allá de la emergencia. Este es el momento de no ceder y de renovar la motivación inicial. Lo que hemos comenzado necesita ser llevado a cumplimiento con la misma responsabilidad.

5. La solidaridad, en efecto, es precisamente esto: compartir lo poco que tenemos con quienes no tienen nada, para que ninguno sufra. Mientras más crece el sentido de comunidad y de comunión como estilo de vida, mayormente se desarrolla la solidaridad. Por otra parte, es necesario considerar que hay países donde, en las últimas décadas, se ha producido un importante aumento del bienestar para muchas familias, que han alcanzado un estado de vida seguro. Este es un resultado positivo debido a la iniciativa privada y a leyes que han apoyado el crecimiento económico articulado con un incentivo concreto a las políticas familiares y a la responsabilidad social. El patrimonio de seguridad y estabilidad logrado pueda ahora ser compartido con aquellos que se han visto obligados a abandonar su hogar y su país para salvarse y sobrevivir. Como miembros de la sociedad civil, mantengamos vivo el llamado a los valores de libertad, responsabilidad, fraternidad y solidaridad. Y como cristianos encontremos siempre en la caridad, en la fe y en la esperanza el fundamento de nuestro ser y nuestro actuar.

6. Es interesante observar que el Apóstol no quiere obligar a los cristianos forzándolos a una obra de caridad. De hecho, escribe: «Esta no es una orden» (2 Co 8,8); más bien, pretende "manifestar la sinceridad" de su amor en la atención y solicitud por los pobres (cf. ibíd.). Como fundamento de la petición de Pablo está ciertamente la necesidad de una ayuda concreta, pero su intención va más allá. Él invita a realizar la colecta para que sea un signo del amor, tal como lo ha testimoniado el mismo Jesús. En definitiva, la generosidad hacia los pobres encuentra su motivación más fuerte en la elección del Hijo de Dios que quiso hacerse pobre Él mismo.

El Apóstol, en efecto, no teme afirmar que esta elección de Cristo, este "despojo" suyo, es una «gracia», más aún, «la gracia de nuestro Señor Jesucristo» (2 Co 8,9), y sólo acogiéndola podemos dar expresión concreta y coherente a nuestra fe. La enseñanza de todo el Nuevo Testamento tiene su unidad en torno a este tema, que también se refleja en las palabras del apóstol Santiago: «Pongan en práctica la Palabra y no se contenten sólo con oírla, de manera que se engañen a ustedes mismos. El que oye la Palabra y no la practica, se parece a un hombre que se mira en el espejo, pero en seguida se va y se olvida de cómo es. En cambio, el que considera atentamente la Ley perfecta, que nos hace libres, y se aficiona a ella, no como un oyente distraído, sino como un verdadero cumplidor de la Ley, será feliz al practicarla» (St 1,22-25).

7. Frente a los pobres no se hace retórica, sino que se ponen manos a la obra y se practica la fe involucrándose directamente, sin delegar en nadie. A veces, en cambio, puede prevalecer una forma de relajación, lo que conduce a comportamientos incoherentes, como la indiferencia hacia los pobres. Sucede también que algunos cristianos, por un excesivo apego al dinero, se empantanan en el mal uso de los bienes y del patrimonio. Son situaciones que manifiestan una fe débil y una esperanza endeble y miope.

Sabemos que el problema no es el dinero en sí, porque este forma parte de la vida cotidiana y de las relaciones sociales de las personas. Más bien, lo que debemos reflexionar es sobre el valor que tiene el dinero para nosotros: no puede convertirse en un absoluto, como si fuera el fin principal. Tal apego impide observar con realismo la vida de cada día y nubla la mirada, impidiendo ver las necesidades de los demás. Nada más dañino le puede acontecer a un cristiano y a una comunidad que ser deslumbrados por el ídolo de la riqueza, que termina encadenando a una visión de la vida efímera y fracasada.

Por lo tanto, no se trata de tener un comportamiento asistencialista hacia los pobres, como suele suceder; es necesario, en cambio, hacer un esfuerzo para que a nadie le falte lo necesario. No es el activismo lo que salva, sino la atención sincera y generosa que permite acercarse a un pobre como a un hermano que tiende la mano para que yo me despierte del letargo en el que he caído. Por eso, «nadie debería decir que se mantiene lejos de los pobres porque sus opciones de vida implican prestar más atención a otros asuntos. Ésta es una excusa frecuente en ambientes académicos, empresariales o profesionales, e incluso eclesiales. […] Nadie puede sentirse exceptuado de la preocupación por los pobres y por la justicia social» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 201). Es urgente encontrar nuevos caminos que puedan ir más allá del marco de aquellas políticas sociales «concebidas como una política hacia los pobres pero nunca con los pobres, nunca de los pobres y mucho menos inserta en un proyecto que reunifique a los pueblos» (Carta enc. Fratelli tutti, 169). En cambio, es necesario tender a asumir la actitud del Apóstol que podía escribir a los corintios: «No se trata de que ustedes sufran necesidad para que otros vivan en la abundancia, sino de que haya igualdad» (2 Co 8,13).

8. Hay una paradoja que hoy como en el pasado es difícil de aceptar, porque contrasta con la lógica humana: hay una pobreza que enriquece. Haciendo referencia a la "gracia" de Jesucristo, Pablo quiere confirmar lo que Él mismo predicó, es decir, que la verdadera riqueza no consiste en acumular «tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban» (Mt 6,19), sino en el amor recíproco que nos hace llevar las cargas los unos de los otros para que nadie quede abandonado o excluido. La experiencia de debilidad y limitación que hemos vivido en los últimos años, y ahora la tragedia de una guerra con repercusiones globales, nos debe enseñar algo decisivo: no estamos en el mundo para sobrevivir, sino para que a todos se les permita tener una vida digna y feliz. El mensaje de Jesús nos muestra el camino y nos hace descubrir que hay una pobreza que humilla y mata, y hay otra pobreza, la suya, que nos libera y nos hace felices.

La pobreza que mata es la miseria, hija de la injusticia, la explotación, la violencia y la injusta distribución de los recursos. Es una pobreza desesperada, sin futuro, porque la impone la cultura del descarte que no ofrece perspectivas ni salidas. Es la miseria que, mientras constriñe a la condición de extrema pobreza, también afecta la dimensión espiritual que, aunque a menudo sea descuidada, no por esto no existe o no cuenta. Cuando la única ley es la del cálculo de las ganancias al final del día, entonces ya no hay freno para pasar a la lógica de la explotación de las personas: los demás son sólo medios. No existen más salarios justos, horas de trabajo justas, y se crean nuevas formas de esclavitud, sufridas por personas que no tienen otra alternativa y deben aceptar esta venenosa injusticia con tal de obtener lo mínimo para su sustento.

La pobreza que libera, en cambio, es la que se nos presenta como una elección responsable para aligerar el lastre y centrarnos en lo esencial. De hecho, se puede encontrar fácilmente esa sensación de insatisfacción que muchos experimentan, porque sienten que les falta algo importante y van en su búsqueda como errantes sin una meta. Deseosos de encontrar lo que pueda satisfacerlos, tienen necesidad de orientarse hacia los pequeños, los débiles, los pobres para comprender finalmente aquello de lo que verdaderamente tenían necesidad. El encuentro con los pobres permite poner fin a tantas angustias y miedos inconsistentes, para llegar a lo que realmente importa en la vida y que nadie nos puede robar: el amor verdadero y gratuito. Los pobres, en realidad, antes que ser objeto de nuestra limosna, son sujetos que nos ayudan a liberarnos de las ataduras de la inquietud y la superficialidad.

Un padre y doctor de la Iglesia, san Juan Crisóstomo, en cuyos escritos se encuentran fuertes denuncias contra el comportamiento de los cristianos hacia los más pobres, escribió: «Si no puedes creer que la pobreza te enriquece, piensa en tu Señor y deja de dudar de esto. Si Él no hubiera sido pobre, tú no serías rico; esto es extraordinario, que de la pobreza surgió abundante riqueza. Pablo quiere decir aquí con "riquezas" el conocimiento de la piedad, la purificación de los pecados, la justicia, la santificación y otras mil cosas buenas que nos han sido dadas ahora y siempre. Todo esto lo tenemos gracias a la pobreza» (Homilías sobre la II Carta a los Corintios, 17,1).

9. El texto del Apóstol al que se refiere esta VI Jornada Mundial de los Pobres presenta la gran paradoja de la vida de fe: la pobreza de Cristo nos hace ricos. Si Pablo pudo dar esta enseñanza —y la Iglesia difundirlo y testimoniarlo a lo largo de los siglos— es porque Dios, en su Hijo Jesús, eligió y siguió este camino. Si Él se hizo pobre por nosotros, entonces nuestra misma vida se ilumina y se transforma, y ​​adquiere un valor que el mundo no conoce ni puede dar. La riqueza de Jesús es su amor, que no se cierra a nadie y va al encuentro de todos, especialmente de los que son marginados y privados de lo necesario. Por amor se despojó a sí mismo y asumió la condición humana. Por amor se hizo siervo obediente, hasta morir y morir en la cruz (cf. Flp 2,6-8). Por amor se hizo «pan de Vida» (Jn 6,35), para que a nadie le falte lo necesario y pueda encontrar el alimento que nutre para la vida eterna. También en nuestros días parece difícil, como lo fue entonces para los discípulos del Señor, aceptar esta enseñanza (cf. Jn 6,60); pero la palabra de Jesús es clara. Si queremos que la vida venza a la muerte y la dignidad sea rescatada de la injusticia, el camino es el suyo: es seguir la pobreza de Jesucristo, compartiendo la vida por amor, partiendo el pan de la propia existencia con los hermanos y hermanas, empezando por los más pequeños, los que carecen de lo necesario, para que se cree la igualdad, se libere a los pobres de la miseria y a los ricos de la vanidad, ambos sin esperanza.

10. El pasado 15 de mayo canonicé al hermano Charles de Foucauld, un hombre que, nacido rico, renunció a todo para seguir a Jesús y hacerse con Él pobre y hermano de todos. Su vida eremítica, primero en Nazaret y luego en el desierto del Sahara, hecha de silencio, oración y compartir, es un testimonio ejemplar de la pobreza cristiana. Nos hará bien meditar en estas palabras suyas: «No despreciemos a los pobres, a los pequeños, a los trabajadores; ellos no sólo son nuestros hermanos en Dios, sino que son también aquellos que del modo más perfecto imitan a Jesús en su vida exterior. Ellos nos representan perfectamente a Jesús, el Obrero de Nazaret. Son los primogénitos entre los elegidos, los primeros llamados a la cuna del Salvador. Fueron la compañía habitual de Jesús, desde su nacimiento hasta su muerte […]. Honrémoslos, honremos en ellos las imágenes de Jesús y de sus santos padres […]. Tomemos para nosotros [la condición] que Él tomó para sí mismo […]. No dejemos nunca de ser pobres en todo, hermanos de los pobres, compañeros de los pobres, seamos los más pobres de los pobres como Jesús, y como Él amemos a los pobres y rodeémonos de ellos» ( Comentario al Evangelio de Lucas, Meditación 263) [1]. Para el hermano Charles estas no fueron sólo palabras, sino un estilo de vida concreto, que lo llevó a compartir con Jesús el don de la vida misma.

Que esta VI Jornada Mundial de los Pobres se convierta en una oportunidad de gracia, para hacer un examen de conciencia personal y comunitario, y preguntarnos si la pobreza de Jesucristo es nuestra fiel compañera de vida.

Roma, San Juan de Letrán, 13 de junio de 2022, Memoria de san Antonio de Padua.

 

FRANCISCO

 


[1] Meditación n. 263 sobre Lc 2,8-20: C. DE FOUCAULD, La Bonté de Dieu. Méditations sur les saints Evangiles (1), Nouvelle Cité, Montrouge 1996, 214-216.



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