martes, 24 de mayo de 2016

Fundamentación Teológica de las CEBs - José Marins 2016

Fundamentación Teológica de las CEBs

José Marins - 2016



Las CEBs son el primer nivel de la Iglesia sacramento (LG 1) según el modelo Vaticano II (LG 26) y Medellín (15,10). No son un mero carisma transitorio, que se extingue (LH 12). Ellas siguen revelando (“desde abajo”) la Iglesia que peregrina en América Latina y El Caribe, como una Iglesia abierta, misionera y que comparte, no desde la abundancia, sino desde sus limitados recursos de personal – vienen realizando una especie de Fidei Donum criolla, (Encíclica Misionera de Pío XII, 21 abril 1957) semejante al aporte de la pobre viuda en el Templo, que ha tocado profundamente el corazón del Maestro al tal punto, que Lucas la perpetúa en el capítulo 21 de su Evangelio.

El aporte específico de las CEBs, como comunidad en la base, coincide con el ser y actuar de la Iglesia que los Apóstoles nos dejaron. Explicita lo que Papa Francisco denomina Hospital de Campaña[1] y colegialidad sinodal: Iglesia, como Pueblo de Dios, en salida misionera, hacia la meta del Reinado de Dios. “Iglesia como luz del farol de un puerto o de una antorcha levantada en medio del pueblo para iluminar a los que perdieron la ruta o están en medio de la tempestad”. Esto exige, en la pastoral contemporánea, un cambio paradigmático[2]: Iglesia de las 100 ovejas y no de las 99[3].


ADEMÁS DE LAS CEBS, NUESTRA IGLESIA HA LLAMADO LA ATENCIÓN DE LA “KATHOLIKÉ” (el conjunto de los seguidores de Jesús):

1. Por las Conferencias Generales del Episcopado (principalmente de Medellín y Aparecida). Con la ayuda de asesores cualificados, ella reflexiona teológicamente partiendo de la vida de la gente (Realidad), orientada por la prioridad de la Palabra de Dios, como Pueblo de Dios que tiene como meta no la Iglesia, sino el Reino, como Jesús lo ha proclamado. Por su seguimiento de Jesús hizo opción por los pobres y no por la pobreza (individual o estructural). Desde los últimos, procura ser la servidora samaritana de todos, en la perspectiva del Reinado de Dios.

2. Por el testimonio y memoria de sus mártires - centenares de ellos - obispos, presbíteros, religiosas, laicos de todas edades ha retomado una cristología del Jesús Histórico y del Cristo de la Fe y moderado la estructura monárquica del clericalismo, recuperando y articulando la participación del inmenso potencial de los laicos (particularmente de los jóvenes y de las mujeres), en función de una Pastoral de Conjunto y ecológica, comunitariamente estructurada y discretamente realizada.

3. Por asumir una alternativa bíblica, teológico pastoral en las parroquias, entendidas como comunidades de comunidades. Esto lleva a:

· Superar modelos históricos medievales (Parroquia de cristiandad) que congelan la responsabilidad misionera de la Iglesia, en un modelo pastoral que la experiencia ha mostrado ser autorreferencial y centralizador.

· Evitar sustituir las CEBs por los Movimientos. La experiencia de América Latina y el Caribe es que ellos corrieron el riesgo de entenderse y actuar como Iglesia paralela.

· Retomar el kerigma antes de la catequesis e integrar las conversiones personales en una constante renovación evangélica de las estructuras.

· Considerar que el sujeto del Reino es el Pueblo del Dios, que por el Espíritu actúa dentro de la realidad de la vida haciendo nuevas todas las cosas. La Iglesia acontece localmente como un pueblo sacerdotal, profético, misionero que subsiste en células comunitarias de la única, santa, católica y apostólica comunidad del Señor. Esta Iglesia pone los diferentes ministerios y carismas al servicio de la justicia y del mutuo entendimiento entre todos los contemporáneos y ha dialogado también con los que son de otras tradiciones religiosas, o que no profesan fe alguna.

La preocupación no es en relación al número de las CEBs, ni siquiera sobre su reconocimiento unánime… Sino la fidelidad a su originalidad fundamental. Para las CEBs es innegociable:

1. Mantener como denominador común el hecho de ser una Iglesia en salida, signo, fermento, primicia del Reino.

2. Ser, en medio del pueblo de Dios, un acontecimiento significativo más que cuantitativo, según la lógica del fermento.

3. Contar con una autonomía mínima que les permita realizar su propia misión en sintonía con el conjunto eclesial (como en un cuerpo vivo el corazón, los pulmones, el cerebro… no sobreviven cuando son aislados o presionados para asumir funciones que no son las suyas). Las CEBs no pueden, entonces, depender del capricho de las autoridades de turno que desconocen o violentan la identidad esencial y función específica de las CEBs, como primer nivel eclesial.

4. Capacitarse para tener una visión global y acción local, haciendo más propuestas que denuncias. Sin confundir rapidez con eficacia. Tampoco cantidad con calidad.

5. Defender a los más necesitados, identificando, discerniendo y acogiendo sus valores y ayudándolos a ser sujetos de su futuro. Que los medios usados no oscurezcan la visión de la meta; que aprenda de los propios errores, debidamente revisados y superados.

6. Formar las “Minorías Abrahámicas” como decía Dom Hélder Cámara, apoyado en Arnoldo Toynbee: las minorías cualificadas y creativas suelen encontrar salidas históricas. Luego se les une la mayoría.

7. Considerar que las ramas de la calabaza que se mantienen unidas con sus fuentes de vida, no pierden la cercanía de la tierra; no desisten de superar los obstáculos dando la vuelta, si es necesario, sin enredarse sobre sí mismas.

8. Tener por seguro que cuando se abren brechas en todas nuestras cisternas, Dios está indicando que cuidemos para no olvidarnos del camino de la fuente. Hélder Câmara, 22 de agosto, 1966. Recife.

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[1] Entrevista na Civiltà Cattolica, Antonio Spadado sj, set 2013.
[2] Entrevista na Civiltà Cattolica, Antonio Spadado sj, set 2013.
[3] Massimo Faggioli, University S.Thomas, USA. Global Pulse, 13 abril 2016.

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