martes, 15 de marzo de 2022

“Banda de drogadictos y de neonazis”


Date: mar, 15 mar 2022 

"Banda de drogadictos y de neonazis"


Red Voltaire. París, Fr. Muchos expresaron sorpresa después de oír al presidente ruso Vladimir Putin hablar de ‎‎«una banda de drogadictos y de neonazis» cuando se refirió a los elementos que detentan ‎el poder en Kiev. La prensa atlantista afirmó incluso que hablaba como un enfermo ‎mental. Pero los hechos le dan la razón. Después de los acontecimientos de la Plaza ‎Maidan, drogadictos como Hunter Biden –hijo del actual presidente estadounidense Joe ‎Biden– coparon el poder en Kiev y robaron al pueblo ucraniano los fondos provenientes de ‎sus ventas de gas, se adoptó una ley racial, se erigieron monumentos que glorifican al ‎colaborador nazi Stepan Bandera y dos batallones nazis fueron integrados a las fuerzas ‎armadas ucranianas.


El presidente ucraniano Volodimir Zelenski, otorgó al nazi Dimitro ‎Kotsyubaylo el título de Héroe de la Nación ante el parlamento nacional. Kotsyubaylo ‎es el sucesor de Dimitro Yarosh, hoy consejero especial del jefe de las fuerzas armadas, a la cabeza ‎del grupo pronazi Pravy Sektor (Sector Derecho).


A falta de información precisa y, sobre todo, confiable sobre las operaciones en el terreno, en este ‎momento resulta imposible analizar y entender la estrategia militar de Rusia. Sólo el estado mayor ‎ruso y, quizás, el de la OTAN tienen esa información. Lo que divulgan los medios occidentales y el ‎gobierno ucraniano sobre las acciones del ejército ruso y las ‎fuerzas de Donestk y de Lugansk es claramente falso e imposible de verificar.‎


Lo único cierto es que, por el momento, los combates se limitan al territorio ucraniano, a pesar de ‎que el conflicto es entre Rusia y Estados Unidos. La implicación de Ucrania es sólo incidental. ‎


Es de esperar que Rusia eleve próximamente el tono y lleve el conflicto a un segundo teatro de ‎operaciones. ‎


Mientras tanto explicaré lo que el presidente ruso Vladimir Putin quería decir al caracterizar a las ‎autoridades ucranianas como «una banda de drogadictos y de neonazis», frase que, aunque pueda ‎resultar chocante, está justificada por los hechos. ‎


Pero, ¿concede Putin demasiada importancia a esos hechos o será que nosotros, los occidentales, ‎no les damos la importancia que merecen? ‎


UNA BANDA DE DROGADICTOS


En 2014, el gobierno del presidente Victor Yanukovich (2010-2014) trataba de mantener a Ucrania en ‎una posición intermedia entre su vecino inmediato (Rusia) y su amigo (Estados Unidos). Pero, como ‎dijera el presidente George Bush hijo: «Quienes no están con nosotros, están contra nosotros.». ‎Así que los occidentales veían a Yanukovich como «prorruso», Estados Unidos lo derrocó mediante ‎un golpe orquestado por la subsecretaria de Estado estadounidense Victoria Nuland, durante la ‎‎«revolución de la dignidad» de la Plaza Maidan. El régimen que llegó entonces al poder en Kiev ‎estaba plagado de agitadores profesionales. Se descubrió la corrupción del equipo de Yanukovich y ‎los "straussianos" –entre ellos la señora Victoria Nulanddecidieron ganar todavía más dinero. ‎


El 3 de abril de 2014, uno de los ex consejeros del entonces secretario de Estado John Kerry, ‎el estafador David Archer, y su compañero de juerga y de "sniff", Hunter Biden, hijo del entonces ‎vicepresidente Joe Biden, se reunieron en Italia –en el Ambrossetti Club, a orillas del lago Como– ‎con el multimillonario Stephen Schwartman, director del fondo de inversiones Blackstone ‎‎(no confundir con Blackrock).‎

Durante aquel encuentro, David Archer, se convirtió en miembro del Consejo de administración de ‎Burisma Holdings, una de las compañías más importante de Ucrania en el sector del gas natural, cuyo ‎propietario era objeto en Occidente de acciones judiciales iniciadas por el FBI estadounidense y el MI5 británico. Los investigadores estadounidenses y británicos habían comprobado que el propietario de ‎Burisma Holdings, el oligarca Mykola Zlochevsky –quien había sido ministro de Recursos Naturales del ‎gobierno de Yanukovich– se había atribuido ilegalmente licencias para sus compañías petroleras y gaseras. David Archer se convirtió en cabeza visible de los negocios del oligarca ucraniano, lo cual ‎le valió ser remunerado con 83 333 dólares al mes. En el sitio web de Burisma Holdings apareció ‎inmediatamente una foto de David Archer en la Casa Blanca… con el entonces vicepresidente Joe ‎Biden. ‎


Posteriormente, el vicepresidente Joe Biden y sus consejeros Jake Sullivan y Antony Blinken viajaron ‎a Kiev para prometer al régimen surgido del golpe de Estado de la Plaza Maidan la ayuda de ‎Estados Unidos y organizar «elecciones creíbles». Pero los oblast de Donestk y Lugansk ‎rechazaron el gobierno provisional instaurado en Kiev –que incluía 5 ministros nazis. Por vía de ‎referéndum, los pobladores de Donestk y Lugansk proclamaron la independencia de ambos oblast. ‎


Al día siguiente, el 12 de mayo de 2014, Hunter Biden, el hijo drogadicto de Joe Biden, era ‎incorporado al consejo de administración de Burisma Holdings. Más tarde, un tercer personaje, ‎Christopher Heinz, hijastro del secretario de Estado John Kerry, se unió a David Archer y a Hunter ‎Biden en el consejo de administración de Burisma. ‎


Durante el segundo semestre de 2014, por instrucciones de David Archer y de Hunter Biden, Burisma ‎Holdings sobornó con 7 millones de dólares al fiscal general de Ucrania –nombrado por el nuevo ‎régimen de Petro Porochenko– para que redactara documentos falsos y cerrara las acciones judiciales ‎contra la empresa y contra su propietario oligarca. Existe la grabación de una conversación telefónica ‎donde se oye al ya presidente ucraniano Petro Porochenko confirmarle al vicepresidente ‎estadounidense Joe Biden que el asunto está «arreglado». O sea, Estados Unidos "recicló" a ‎Porochenko, ex ministro del «pro-ruso» Yanukovich. Más adelante, el fiscal general –decidamente ‎demasiado goloso– fue apartado del régimen durante una votación del parlamento provocada por ‎Estados Unidos, la Unión Europea, el FMI y el Banco Mundial, que querían salvar a la oligarca y ‎ex primera ministro Yulia Timochenko, pero sin gastar demasiado dinero. ‎


Todos esos hechos fueron ampliamente publicados en la prensa ucraniana. Pero son sólo la parte ‎visible del iceberg. Por ejemplo, según el Wall Street Journal, el secretario de Energía ‎estadounidense, Rick Perry, presionó al presidente Volodimir Zelenski para se deshiciera de los ‎administradores de la compañía gasera pública Naftogaz y los sustituyera por otros personajes, como ‎el straussiano estadounidense Amos Hochstein, hoy Enviado Especial y Coordinador de Asuntos Energéticos ‎Internacionales en la administración Biden.‎


En julio de 2019, el presidente estadounidense Donald Trump solicitó al presidente ucraniano Volodimir ‎Zelenski que investigara esos casos de corrupción –incluyendo el del secretario de Energía de su propia ‎administración. El presidente Zelenski se negó. Cuando Trump lo presiona un poco más… un funcionario de la inteligencia estadounidense revela el contenido de aquella conversación y acusa ‎al presidente Trump de usar a Ucrania para perjudicar a su rival, el candidato demócrata Joe Biden. ‎El resultado será la apertura en el Congreso de un procedimiento de destitución contra Trump. ‎


Lo mínimo que se puede decir es que hay en todo esto numerosos hechos comprobados de ‎corrupción, hechos cometidos en beneficio de personalidades ucranianas y estadounidenses, y que, ‎en definitiva, "desaparecieron" decenas de miles de millones de dólares que debían haber ido a ‎las arcas de Ucrania, mientras que se derrumbaba el nivel de vida de los ucranianos de a pie. ‎Todo eso se hizo a través de testaferros que no saben absolutamente nada sobre la industria del gas ‎pero que tenían en común su participación, junto a Hunter Biden, en las fiestas donde este hijo del hoy ‎presidente de Estados Unidos solía consumir droga. A eso se refería, con toda razón, el presidente ‎ruso Vladimir Putin. ‎


Desde el punto de vista europeo, todos hemos podido comprobar, desde hace un año, que el precio ‎del gas que consumimos se ha multiplicado por 10. Por supuesto, el crecimiento de la demanda es ‎superior al de la oferta. Pero eso no basta para explicar la magnitud de esa alza del precio. ‎En realidad, los contratos a largo plazo sobre el suministro de gas siempre se calculan a precios algo ‎superiores que antes, mientras que los contratos a corto plazo se han disparado. Lo único que ‎explica la diferencia es la especulación. Y, precisamente, Blackstone y los amigos del presidente Joe ‎Biden han sido los primeros en especular con el gas. Es evidente que sabían que estallaría una crisis ‎con un país productor. ‎


Lo anterior permite entender mejor por qué la prensa atlantista se empeña en restar importancia al ‎caso de Hunter Biden, asunto en el cual su padre –ahora convertido en presidente de ‎Estados Unidos– está metido hasta el cuello. En definitiva, lo que está sucediendo en Ucrania ‎se traduce en un alza adicional de los precios del gas, siempre en beneficio de los amigos del ‎presidente estadounidense Joe Biden y en detrimento de los europeos. ‎


Hay que relacionar esos hechos con lo que yo mismo escribía en el anterior artículo de esta serie. ‎Jake Sullivan, Antony Blinken y Victoria Nuland –que han orquestado todos estos rejuegos– son ‎‎"straussianos", o sea discípulos del filósofo Leo Strauss‎ [1], y, como escribía en 1992 el primero de ellos, Paul ‎Wolfowitz, el primer rival de Estados Unidos es… la Unión Europea, cuyo desarrollo Washington debe ‎impedir. ‎


En todo caso, esos hechos son asuntos internos ucranianos y de los europeos occidentales. Y ‎no justifican una intervención exterior.


"UNA BANDA DE NEONAZIS".


El presidente ruso Vladimir Putin mencionaba también una banda de neonazis. Ya no se trata de un ‎grupito de algunas decenas de individuos sino de varios miles, entre 10,000 y 20,000. ‎


Para entender hay que recordar que, al final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y la URSS ‎capturaron numerosos dignatarios nazis y trataron de obtener la información que tenían esos ‎personajes. Al cabo de 8 meses, los soviéticos los mandaron a sus casas. Pero Estados Unidos ‎se dio a la tarea de "reciclar" cierto número de nazis. ‎


Todo el mundo sabe, por ejemplo, que el científico nazi creador de los V2, Wernher von Braun, acabó ‎convertido en jefe de la NASA, gracias a la Operación Paperclip [2]. Entre los nazis "reciclados" mediante la ‎Operación Paperclip también estaba el consejero especial de Hitler para el Nuevo Orden en Europa, ‎Walter Hallstein, quien fue después el primer presidente de la Comisión Europea, y el alpinista Heinrich ‎Harrer, a quien la CIA confió la educación del Dalai Lama. ‎


Pero es menos sabido que la CIA "recicló" numerosos miembros de las SS y policías de la tenebrosa ‎Gestapo distribuyéndolos por todo el mundo. Así se instaló en Bolivia el gestapista Klaus Barbie ‎y llegó a Siria –entonces aliada de Estados Unidos– el SS Alois Brunner.‎


La CIA utilizó a los nazis durante toda la guerra fría. Hasta que el presidente James Carter ordenó al ‎almirante Stansfield Turner "poner orden" en la agencia y limitar el papel de aquellos agentes. ‎La mayoría de los nazis fueron separados, pero se conservó a los que podían actuar en los países ‎miembros del Pacto de Varsovia. Después de Carter, el presidente Ronald Reagan buscó influir en las ‎‎«naciones cautivas» de Europa oriental creando un montón de asociaciones para desestabilizar ‎los Estados miembros del Pacto de Varsovia, e incluso la URSS. ‎


Así, de manera totalmente lógica, en 2007, la CIA organizó en Ternopol, Ucrania, un congreso para ‎reunir a los neonazis europeos y los yihadistas del Medio Oriente contra Rusia. Ese encuentro tuvo ‎como copresidentes al nazi ucraniano Dimitro Yarosh y al emir checheno Doku Umarov. Este último, ‎reclamado por INTERPOL, no pudo viajar a Ternopol pero envió un video con su mensaje de apoyo. ‎Después de aquello, neonazis y yihadistas lucharon juntos para imponer el Emirato Islámico de ‎Ichkeria, en lugar de la República de Chechenia. ‎


En 2013, la OTAN entrenó en Polonia a los hombres de Dimitro Yarosh, para utilizarlos después en la ‎operación de «cambio de régimen» montada en Ucrania por Victoria Nuland: la llamada «revolución ‎de la dignidad», también conocida como «EuroMaidan». En aquel momento, la mayoría de los ‎periodistas que estuvieron en la Plaza Maidan notaron la inquietante presencia de aquellos nazis… pero ‎las personalidades occidentales que venían a participar en aquella "revolución", como el "filósofo" ‎francés Bernard-Henri Lévy, no los veían. ‎


En los meses subsiguientes, la presencia de 5 ministros nazis en el gobierno de transición surgido del ‎putsch de Maidan dio lugar a los referéndums de independencia de los oblast de Donetsk y Lugansk. ‎Siguiendo los consejos de los amigos de Joe Biden, el presidente Petro Porochenko organizó a aquellos nazis en unidades militares y los envió a luchar contra los independentistas de Donetsk y ‎Lugansk. Los grupos neonazis estaban financiados por el mafioso ucraniano Igor Kolomoiski –este ‎último era presidente de la comunidad judía ucraniana pero no vaciló en convertir a los matones ‎neonazis en una especie de ejército particular. Posteriormente, combinando sobornos y amenazas, ‎Kolommoiski trató de hacerse con el control de las organizaciones judías europeas, pero ese intento ‎terminó en fracaso.‎


Para reemplazar a Porochenko en la presidencia de Ucrania, Kolomoiski fabricó un nuevo "político" ‎convirtiéndose en productor de una serie de televisión titulada Servidor del pueblo, cuyo protagonista ‎era un tal Volodimir Zelenski.


Ya como presidente de Ucrania, y con los straussianos de regreso en la ‎Casa Blanca, Zelenski aceptó todas las sugestiones que hacían los discípulos del filósofo alemán. ‎Zelenski erigió monumentos en homenaje a Stepan Bandera, jefe de los colaboradores nazis durante la ‎Segunda Guerra Mundial. En definitiva, Zelenski apoyó la ideología de Bandera, según la cual la ‎población ucraniana tiene dos orígenesuno escandinavo y protogermánico y otro eslavo– pero sólo ‎los provenientes del primero son verdaderos ucranianos mientras que los otros son "sólo" rusos… ‎‎"subhumanos". Así que Zelenski promulgó una «Ley sobre los Pueblos Autóctonos» que no reconoce ‎los derechos humanos y las libertades fundamentales a los ucranianos de origen eslavo [3]. Esa ley ‎todavía no ha entrado en aplicación. ‎


Durante 8 años, los grupos nazis han masacrado a los habitantes del Donbass. Alemania y Francia, ‎países garantes de los Acuerdos de Minsk nada hicieron por impedirlo. Hasta la ONU prefirió mirar ‎para otro lado. Durante 8 años esos grupos se desarrollaron, pasando de unos cientos de individuos ‎a miles de soldados. ‎


A pedido de la subsecretaria de Estado Victoria Nuland, el presidente Zelenski nombró al cabecilla nazi ‎Dimitro Yarosh consejero especial del jefe de las fuerzas armadas. Interrogado por los periodistas sobre ‎tal nombramiento, el jefe de las fuerzas armadas, visiblemente incómodo, se negó a comentarlo ‎alegando que era un asunto de «seguridad nacional». Yarosh reorganizó a los neonazis en ‎dos batallones –integrados a las fuerzas armadas– y en grupos urbanos e inició un ataque ‎de gran envergadura contra los oblast separatistas de Donestk y Lugansk, precisamente durante el fin de semana de la ‎Conferencia de Seguridad de Munich, lo cual motivó la operación militar especial de la Federación ‎Rusa. ‎


El 3 de marzo, el batallón nazi Aidar fue derrotado por las fuerzas rusas. El presidente Zelenski nombró ‎entonces al comandante de ese batallón nazi en el puesto de gobernador de Odesa, dándole como ‎misión impedir que las fuerzas rusas abran un corredor entre Crimea y Transnistria. ‎


Todo eso son hechos comprobados e indiscutibles. Se puede estimar que la respuesta de Rusia ha sido ‎desproporcionada y quizás inapropiada pero no es injustificada. ‎


Hay tener muy en cuenta que los pueblos del este de Europa no vivieron la Segunda Guerra Mundial de ‎la misma manera que los europeos de Occidente. En Europa occidental, el nazismo fue una dictadura ‎que arremetió contra las minorías, como los gitanos y los judíos, a los cuales secuestró y exterminó ‎por millones en sus campos de concentración. ‎


Pero el proyecto de los nazis para el este de Europa era muy diferente. Se trataba de "liberar" un ‎‎«espacio vital» exterminando la población eslava… sin necesidad de crear campos de concentración ‎porque había que matar a todo el mundo. Sólo en la URSS se contabilizaron 27 millones de muertos ‎y la Rusia moderna se construyó en el recuerdo de la Gran Guerra Patria contra el nazismo. ‎

Para los rusos es absolutamente inaceptable portar cruces gamadas y votar leyes raciales [4].‎

 


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