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miércoles, 6 de abril de 2022

REVOCACIÓN DE MANDATO 2022

¿QUÉ SIGA o YA NO SIGA AMLO?

Ejercicio de Revocación de Mandato

Domingo 10 de abril 2022


Apoyemos a ubicar nuestra casilla.

1; Entra al link.
2; Selecciona tu estado.
3; Coloca tu sección se encuentra en tu INE.

https://ubicatucasilla.ine.mx

Cuando vayas a votar se te presentará la siguiente boleta:



Si quieres que AMLO SIGA hasta el 2024, marca el cuadro de la derecha.

Si quieres que AMLO YA NO SIGA, marca el cuadro de la izquierda.

Que tu marca no salga del cuadro.


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Se trata de un ejercicio de DEMOCRACIA PARTICIPATIVA en la que el pueblo de México tiene autoridad -con su voto- para que el Presidente actual de México (En este caso Andrés Manuel López Obrador) siga hasta 2024 y terminar hasta entonces su mandato de 6 años, o bien, que ya renuncie.

Esta figura democrática fue propuesta precisamente por AMLO, como recurso para que el pueblo mexicano tenga la facultad de hacer terminar la gestión de su presidente, a mediación de su mandato, sea por causa de corrupción o de ineptitud, por ejemplo.

Al respecto, la Conferencia del Episcopado Mexicano nos anima a que participemos en este Referéndum revocatorio: https://www.vaticannews.va/es/iglesia/news/2022-03/obispos-mexicanos-referendum-revocatorio-exige-una-gran-respons.html

Recordemos que en 2018, más de 30 millones de mexicanos votaron por AMLO, quien salió ganador sobre los otros candidatos de manera aplastante. Su popularidad y aprobación no solo se han mantenido más o menos igual, sino que en Octubre de 2021 fue considerado el segundo Presidente con más aprobación en el mundo.

https://www.youtube.com/watch?v=yKzt1p6TWBU
https://www.youtube.com/watch?v=Q-YqomcbDDw

Es bueno analizar la realidad y los frutos para el discernimiento.

¡Vayamos a votar el 10 de abril sea para que Siga o que ya No Siga!


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miércoles, 26 de febrero de 2020

AMLO, ¿socialista del siglo XXI? (Humberto Beck, 2020)

AMLO, ¿socialista del siglo XXI?

Hasta ahora, el Gobierno del presidente mexicano se ha mostrado bastante apartado de los proyectos de izquierda que marcaron a Latinoamérica durante los últimos 20 años

López Obrador durante su campaña en 2018. Ampliar foto López Obrador durante su campaña en 2018. Héctor Guerrero


El triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador, el primer presidente de izquierda en la historia de la democracia mexicana, ha canalizado, por lo menos hasta ahora, una buena parte del descontento que en el resto de América Latina han generado las deudas políticas y sociales acumuladas tanto por la era neoliberal como por los límites y contradicciones de los regímenes bolivarianos. Este descontento se ha manifestado visiblemente mediante la reciente ola de protestas, movilizaciones y estallidos sociales que han marcado la vida política de la región durante el último año.


En este contexto, vale la pena retomar la interpretación, por parte de algunos observadores, acerca de la posibilidad de que la llegada de AMLO al poder en México podría significar nada menos que una suerte de reactivación del ciclo político progresista de la “marea rosa” y su proyecto de construir un “socialismo del siglo XXI”. Protagonizado en la primera décadas del siglo por los regímenes bolivarianos de Venezuela, Bolivia y Ecuador, pero también en cierto sentido por los gobiernos de izquierda de Brasil, Argentina y Uruguay, todos estos proyectos políticos compartieron de alguna manera una misma voluntad de reinterpretar las premisas del proyecto histórico del socialismo, pero adaptándolas a las condiciones del presente y a la situación de América Latina. Pero, en el caso de AMLO, ¿qué podría significar tal reactivación? ¿Y en qué sentido el programa del presidente mexicano podría considerarse, o no, una nueva versión de esa tarea de actualización política y económica de los ideales socialistas?

Al tratar de responder estas preguntas, un hecho resalta de inmediato: por diversas razones, resulta difícil clasificar a AMLO dentro de la perspectiva bolivariana. En lo que va de su administración, iniciada a finales de 2018, López Obrador ha favorecido una lógica de gobierno que ha estado alejada tanto de políticas de nacionalización de la economía como de posturas antiimperialistas militantes, ambos rasgos distintivos que caracterizaron a los regímenes de la “marea rosa”. AMLO ha adoptado en realidad ideas muy diferentes de las bolivarianas, tales como su defensa de la “austeridad republicana” (los recortes a los sueldos y gastos de la burocracia del sector público) como medio para financiar nuevos programas sociales, o su esfuerzo por preservar ciertos pilares del proceso de integración asimétrica de México con Estados Unidos (otorgando prioridad al sostenimiento del acuerdo de libre comercio con ese país) o incluso crear unos nuevos (como lo ha sido la adopción de una política migratoria punitiva y alineada con los intereses norteamericanos).

Más aún, el proyecto de López Obrador se ha mostrado, hasta ahora, bastante apartado de los rasgos más rescatables del legado de la “marea rosa”, como podrían ser, por ejemplo, el reconocimiento desde las instituciones democráticas de la pluralidad étnica y cultural de los pueblos latinoamericanos (el caso de Bolivia), la afirmación constitucional de la naturaleza como sujeto de derechos (el caso de Ecuador, cuya constitución consagró esta idea que podría ser la base de una nueva ecología política) y, especialmente, la búsqueda de una sinergia positiva entre el Estado y los movimientos sociales.

AMLO no representa entonces una nueva encarnación del “socialismo del siglo XXI” en un sentido bolivariano. Y habría que agregar que este sentido de la expresión está ahora ya caducado, como lo demuestra el hartazgo social frente a los fracasos de los gobiernos bolivarianos en las naciones que han tenido gobiernos de ese signo político. No obstante, dado el creciente ascenso de la desigualdad y la llegada de nuevas formas de exclusión ocasionadas por el cambio tecnológico y la globalización, hay una cuestión de fondo que sigue siendo relevante: ¿cuáles podrían ser los contornos de un socialismo “del siglo XXI”, es decir, uno que fuera realmente contemporáneo? Y aterrizando esta cuestión en la circunstancia latinomericana actual, ¿en qué medida las ideas y políticas de una figura como AMLO podría contribuir a la revitalización de ese proyecto?

Sin duda, un aspecto fundamental de cualquier programa para un socialismo contemporáneo debería ser la articulación de una postura frente a los flujos económicos globales y sus consecuencias en la sociedad. En esta área, la propuesta de AMLO se podría describir, en términos generales, como una reivindicación de la dimensión nacional de la política y la economía. Esta reivindicación se ha expresado en el plan de acelerar el crecimiento y la redistribución de la riqueza mediante medidas como el estímulo de la demanda interna, el fomento de la soberanía alimentaria y energética y la generación de redes de protección social, sobre todo mediante programas de transferencia de efectivo a grupos vulnerables. En el contexto de una globalización que ha relativizado la capacidad de acción de los gobiernos nacionales, con efectos muchas veces destructivos, políticas de este tipo sin duda pueden representar una opción legítima y contribuir a generar una sociedad más igualitaria. Sin embargo, y debido precisamente a la naturaleza internacional ineludible de una parte fundamental de los procesos económicos, este tipo de medidas son probablemente insuficientes para la reformulación de una nueva versión del socialismo adaptada a las condiciones del presente.

Esta insuficiencia hace resaltar una de las principales debilidades del proyecto del presidente mexicano: la ausencia de un discurso internacional. Como es bien sabido, AMLO ha insistido en repetidas ocasiones que “la mejor política exterior es una buena política interior”, pero en un mundo globalizado esta postura tiene límites evidentes. Si bien se puede contribuir a una sociedad más incluyente mediante políticas internas, lo cierto es que el efecto de largo plazo de esas políticas va a ser siempre incompleto si no se complementa con respuestas propiamente globales a los problemas de desigualdad. De hecho, la falta de una conciencia internacional por parte de López Obrador podría ser lo que explicaría, por ejemplo, el hecho de que su gobierno ha buscado no la ruptura sino la continuidad de los acuerdos de libre comercio con Norteamérica creados y negociados por los gobiernos neoliberales anteriores. A falta de un discurso propio, crítico, de izquierda, sobre lo global, AMLO se ha visto condicionado a heredar y mantener las políticas del pasado.

En el mismo sentido, la administración de López Obrador no ha mostrado interés en lo que debería ser uno de los aspectos esenciales de un auténtico y efectivo socialismo contemporáneo: la creación de una nueva infraestructura de instituciones regionales y globales que puedan contribuir a la puesta en práctica de políticas para afrontar los actuales desafíos transnacionales, como la desigualdad económica, la regulación de las tecnologías digitales o la crisis climática. Desde esta perspectiva, ¿qué podría significar entonces el anuncio hecho por AMLO acerca de que su gobierno representa el “fin de la era neoliberal”? Es difícil proclamar algo así si las políticas en el ámbito nacional no están acompañadas de políticas internacionales que aspiren a ser efectivas en el ámbito global, que es precisamente el espacio en el que se mueve el neoliberalismo y que lo hace tan difícil de regular o controlar.

De hecho, dada su importancia regional, con un gobierno de izquierda México podría tomar el relevo en uno de los proyectos más llamativos de la izquierda latinoamericana reciente: la construcción de nuevas instituciones internacionales (como lo fueron en su momento los foros y organismos de integración latinoamericana), e incluso llevarlo más allá, hacia una propuesta de reforma de las organizaciones internacionales ya existentes o la creación de nuevos institutos globales de cooperación en ámbitos como la regulación de las agencias calificadoras o el combate a la evasión fiscal. El fin del ciclo de la “marea rosada” ha puesto al gobierno de AMLO en un lugar que parece no querer ocupar: el de un liderazgo progresista internacional, una dimensión indispensable en un momento como el actual en el que la naturaleza de los problemas demanda inevitablemente ese tipo de aproximación.

Otra área en la que el gobierno de AMLO carece de una perspectiva realmente crítica e indispensable para la articulación de un socialismo adecuado a las demandas de la actualidad es el medioambiente. Muy alejado del impulso a las energías renovables o de iniciativas más radicales y novedosas para conciliar el bienestar colectivo con la preservación de la naturaleza y la igualdad social (como el decrecimiento o el “Green New Deal”), el proyecto de López Obrador ha puesto más bien el énfasis en una serie de “megaproyectos” de impacto ambiental incierto y probablemente nocivo, como el Tren Maya y el Corredor Transístmico. También ha hecho un particular hincapié en la explotación de los combustibles fósiles –los más contaminantes– mediante la construcción de nuevas refinerías y la entronización de Pemex, la compañía petrolera nacional, como “motor económico de México”. Una parte de estos planes se han justificado apelando a la lógica de la soberanía energética. Y, aunque ciertamente no se puede ignorar la geopolítica de la energía, muchos menos se puede ignorar la catástrofe climática y la probable contribución de estos proyectos a su intensificación.

Finalmente, un aspecto adicional y en especial inquietante del gobierno de AMLO es lo que por momentos parece ser un marcado desinterés por los movimientos sociales. Como lo muestra su rechazo a recibir y dialogar con los representantes de la Marcha por la Paz, la reciente movilización de las víctimas de la violencia encabezada por Javier Sicilia y Julián LeBarón, López Obrador parece mantener en ocasiones una actitud de indiferencia, incluso desdén, frente al activismo social independiente. El lopezobradorismo parece no darse cuenta de que el triunfo democrático de un proyecto político de izquierda no tiene por qué implicar una pausa del dinamismo cívico ni de la autonomía de los movimientos sociales como generadores de nuevos temas, demandas y horizontes. Y es que, para tener éxito en tanto gobierno de izquierda con ambiciosos proyectos igualitarios, para llegar a acercarse a la propuesta de un socialismo verdaderamente contemporáneo, el proyecto de AMLO en realidad precisa de más, y no menos, exigencias y apremio por parte de la sociedad.


Humberto Beck es profesor e investigador del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México. Es autor de Otra modernidad es posible: el pensamiento de Iván Illich y co-editor de El futuro es hoy: ideas radicales para México. Su libro más reciente es The Moment of Rupture: Historical Consciousness in Interwar German Thought. @humbertobeck


viernes, 6 de septiembre de 2019

“FELICITO AL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA Y SEPA QUE LA IGLESIA REZA TODOS LOS DOMINGOS POR USTED”, MONS. ROGELIO

“FELICITO AL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA Y SEPA QUE LA IGLESIA REZA TODOS LOS DOMINGOS POR USTED”, MONS. ROGELIO


Por Juan Pablo Vázquez Rodríguez
Monterrey, N.L. (www.pastoralsiglo21.org).- 1 de septiembre 2019. El Arzobispo de Monterrey, Mons. Rogelio Cabrera López, felicitó al Presidente de la República Andrés Manuel López Obrador, al celebrarse su primer informe de Gobierno.
“Quiero aprovechar este primero de septiembre, para unirme a los festejos del día del informe del Presidente de la República, que sigue gozando con una amplia aprobación de los ciudadanos”.
“Yo considero que esta aprobación de los ciudadanos es una grave responsabilidad para todos. Primero para quien gobierna, para el Presidente, porque tiene que responder y atender a tantos anhelos y esperanzas del pueblo”.
“La gente necesita, necesita bienestar, necesita trabajo, superar la pobreza pero también asumen o asumimos esta tarea los ciudadanos, los que con mucho entusiasmo celebran al Presidente de la República deberían de ser los primeros en respetar el país en colaborar con el bien de todos”.
Mons. Rogelio, invitó a todos los ciudadanos a comprometernos a construir un mejor país.
“Este mes de la patria no debemos de tener excusa para no colaborar, México seguirá adelante con la tarea que debe completar cada uno, el presidente,todos los gobernantes, los grupos policiacos, el ejército, los ciudadanos”.
“México necesita de todos, necesita que no hagamos daño a nadie, necesita que nos portemos bien, que trabajemos intensamente, que estudiemos con entusiasmo y quienes tienen un cargo de responsabilidad que lo hagan siempre respetando las normas éticas que debe tener todo gobernante”.
“Así pues desde Monterrey felicito al Presidente de la República y sepa que la Iglesia Católica todos los domingos reza por él, que a todos nos conviene que México camine bien”.
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