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miércoles, 14 de julio de 2021

Las 25 megaciudades que más calientan la Tierra


Las 25 megaciudades que más calientan la Tierra


Una nueva investigación revela que más de la mitad de las emisiones urbanas de gases con efecto invernadero son generadas por tan solo veinticinco ciudades.

istockphoto
Muy Interesante
12/07/2021

Un nuevo estudio publicado en la revista Frontiers in Sustainable Cities presenta el primer balance global de gases de efecto invernadero (GEI) emitidos por las principales ciudades del mundo. El objetivo era investigar y monitorear la efectividad de las políticas históricas de reducción de GEI implementadas por 167 ciudades distribuidas globalmente que se encuentran en diferentes etapas de desarrollo.

En 2015, 170 países de todo el mundo adoptaron el Acuerdo de París, con el objetivo de limitar el aumento medio de la temperatura global a 1,5 °C. Tras el acuerdo, muchos países y ciudades propusieron objetivos para la mitigación de los gases de efecto invernadero. Sin embargo, el Informe sobre la Brecha de Emisiones 2020 del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente muestra que, sin acciones drásticas y estrictas para mitigar la crisis climática, todavía nos dirigimos a un aumento de temperatura de más de 3 °C para fines del siglo XXI.

Las ciudades, grandes emisores de GEI

Si bien solo cubren el 2 % de la superficie de la Tierra, las ciudades son grandes contribuyentes a la crisis climática. Pero los objetivos de mitigación de GEI urbanos actuales no son suficientes para lograr los objetivos de cambio climático global para fines de este siglo. "Hoy en día, más del 50 % de la población mundial reside en ciudades. Estas son responsables de más del 70 % de las emisiones de GEI y comparten una gran responsabilidad en la descarbonización de la economía mundial. Los métodos de inventario actuales utilizados por las ciudades varían globalmente, lo que dificulta evaluar y comparar el progreso de la mitigación de emisiones en el tiempo y el espacio ", explica el coautor Dr. Shaoqing Chen, de la Universidad Sun Yat-sen, China.

Resultados principales del trabajo

Como ya hemos comentado, los resultados revelaron que tan solo veinticinco ciudades representaron el 52 % de las emisiones GEI urbanas. Además, tomando los datos de emisión en función del número de habitantes, se observó que las ciudades de Europa, Asia y EE UU tienen emisiones per cápita significativamente mayores que las de áreas en desarrollo.

Las principales de fuentes de emisión que contribuyen al cambio climático en las ciudades son el transporte y la llamada ‘energía estacionaria’, incluye las emisiones de la quema de combustible y el uso de electricidad en edificios residenciales e institucionales, edificios comerciales y edificios industriales, y que contribuyó a entre el 60 y el 80% de las emisiones totales en las ciudades de América del Norte y Europa. En un tercio de las ciudades, más del 30% de las emisiones totales de GEI procedían del transporte por carretera. Mientras tanto, menos del 15% de las emisiones totales provinieron de ferrocarriles, vías navegables y aviación.

Acciones para mitigar el cambio climático

De las cuarenta y dos ciudades que tenían datos rastreables de series de tiempo, treinta disminuyeron las emisiones anuales de GEI durante el período de estudio. Aunque en varias ciudades, por el contrario, se detectó un aumento de las emisiones.

Del total de las ciudades analizadas, 113 establecieron algún tipo de objetivo de reducción de emisiones, mientras que tan solo cuarenta tienen como meta la neutralidad en carbono.

Las más contaminantes

Los resultados mostraron que tanto los países desarrollados como en desarrollo tienen ciudades con altas emisiones totales de GEI, pero que las megaciudades de Asia (como Shanghai en China y Tokio en Japón) eran emisores especialmente importantes. El inventario de emisiones per cápita mostró que las ciudades de Europa, los EE. UU. y Australia tenían emisiones significativamente más altas que la mayoría de las ciudades de los países en desarrollo. China, clasificada aquí como un país en desarrollo, también tenía varias ciudades donde las emisiones per cápita coincidían con las de los países desarrollados. Es importante señalar que muchos países desarrollados subcontratan cadenas de producción con alto contenido de carbono a China, lo que aumenta las emisiones relacionadas con las exportaciones de este último.

Las cuatro ciudades principales con la mayor reducción per cápita fueron Oslo, Houston, Seattle y Bogotá. Por el contrario, en Río de Janeiro, Curitiba, Johannesburgo y Venecia se produjo el mayor aumento de emisiones per cápita.

Referencia: Wei et al. 2021. Keeping Track of Greenhouse Gas Emission Reduction Progress and Targets in 167 Cities Worldwide Front. Sustain. Cities, 12 July 2021 | https://doi.org/10.3389/frsc.2021.696381



lunes, 20 de marzo de 2017

Eólicos: entre la extinción y el despojo

Eólicos: entre la extinción y el despojo
5 Mar , 2017  

(Artículo publicado también en El Varejón 150, revista de derechos humanos del Equipo Indignación AC)


Leonardo Boff, estudioso y profeta del deterioro del ecosistema, ha señalado que nunca antes el mundo había enfrentado, al mismo tiempo, tres posibilidades de destrucción masiva: el sobrepasamiento de los límites del planeta, el armamento nuclear de las grandes potencias y el cambio climático.

La primera posibilidad describe el momento, alcanzado en abril de 2016, en que el planeta, con todos sus recursos disponibles, ya no es suficiente para satisfacer las necesidades de la humanidad, entendidas bajo el esquema de producción del capitalismo extractivista y el modelo de consumo dominante.

La segunda posibilidad hace referencia a la cantidad de armamento nuclear que alberga las entrañas de la tierra: armas que, de ponerse en acción, serían capaces –con solo activar la tercera parte de ellas– de destruir totalmente a la humanidad dejando atrás solamente los escombros de nuestras civilizaciones.

Finalmente, la tercera posibilidad, es el cambio climático, producido por la altísima cantidad de emisiones de gas invernadero producto de la quema de combustibles fósiles, principalmente el petróleo.

Contra cada una de estas amenazas se yergue una posibilidad de solución. Para el sobrepasamiento, la promoción de la cultura de la austeridad, del consumo responsable, del cuidado del medio ambiente. Para el armamento nuclear, los acuerdos multilaterales de paz y la promoción del diálogo entre las naciones. Para el calentamiento global, el abandono de las energías fósiles y la opción por las energías limpias, renovables. Las tres amenazas en su conjunto, sin embargo, solamente serán conjuradas con la derrota del sistema capitalista que, no contento con la explotación de las personas y los pueblos, dirige su ambición y ansia de lucro a los recursos naturales, los bienes de la naturaleza, para convertirlos en mercancías, privatizarlos y no parar sino hasta dejar tras de sí un gigantesco desierto árido.

La energía eólica es, pues, una de las respuestas al problema del cambio climático, junto con la energía solar y otras energías limpias. Quedan muy pocas personas (aunque algunas de ellas con mucho poder) que nieguen el cambio climático y nos sonaría estúpido a estas alturas que alguien se opusiera a las energías limpias. ¿Por qué entonces hay resistencia en las comunidades mayas y en muchas organizaciones civiles que las acompañan, a los proyectos de producción de energía eólica recientemente aprobados en nuestro país?

El problema estriba, me parece, en el modelo de producción que se presenta como el único posible: compañías internacionales, sin rostro ni nombre, que tomarán rentados los territorios mayas para sembrarlos de abanicos grandotes. La producción dejará para las compañías pingües ganancias y una pocas migajas serán repartidas entre los dueños de los territorios, que no podrán usarlos más en un arco de 50 o 100 años. Producción de energías limpias, pues, pero por un método de explotación bastante sucio. Lo malo es que de historias de explotación y despojo los pueblos indígenas tienen para llenar muchas enciclopedias. No es que no quieran la producción de energías limpias: solamente se preguntan si la única manera de hacerlo es a través de políticas de despojo.

Así que las grandes compañías transnacionales, acostumbradas a manejarse como dueñas de vidas y territorios y frotándose ya las manos por las ganancias que obtendrán, chocan ahora con la resistencia de las comunidades indígenas que no quieren verse sometidas a nuevos actos de despojo. Y acusan a los pueblos de retrógradas, de ignorantes, de opuestos al progreso y a la salvación del ecosistema.

Pero los grandes capitales, como siempre, mienten. Su afán de lucro silencia la verdad. Son las mismas compañías las que construyen abanicos gigantes, pero siguen produciendo agrotóxicos; hacen y venden paneles solares, pero siguen practicando el fracking. El medio ambiente para ellos sólo tiene importancia en cuanto les reporta nuevas ganancias. Sólo les interesa el dinero, y por él están dispuestos a arrasar con pueblos y recursos naturales.

Pero su mentira mayor no es solamente su doble discurso. Su mentira mayor es presentar ESTE esquema de producción de energía limpia como el único posible. La alternativa planteada por el título de este artículo es falsa, engañosa, perversa. Hay otra posibilidad: el manejo comunitario de las energías limpias.

¿Por qué no puede una comunidad maya recibir el apoyo necesario para colocar en su territorio un abanicote, que provea de corriente a toda la región, cuidar esa producción y administrarla autónomamente? ¿Por qué tienen que ser parques gigantescos, con cientos de abanicos? ¿No es ese un modelo que lo único que persigue es el lucro? ¿No ocurre lo mismo con los monocultivos de producción masiva, interesados, no en mitigar el hambre de los pueblos, sino en aumentar la cuenta bancaria de los productores?

Pero la producción autónoma comunitaria de energías limpias requeriría que empresas y gobiernos renunciasen a ver dicha producción como negocio, y al aire como mercancía. Y no están dispuestos, desde luego, a hacerlo. Ellos solo viven para despojar y acumular. Pero los pueblos han aprendido ya a no creer en sus cantos de sirenas. Por eso se preparan para resistir a este nuevo despojo. Quieren, sí, energías limpias, pero manejadas de manera autónoma por las comunidades, para que los beneficios lleguen a todos y no solamente a los poderosos de este mundo.

(Puede verse los otros artículos de El Varejón 150, dedicados a los proyectos de energía eólicas en territorios mayas, en www.indignacion.org.mx)

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