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sábado, 6 de agosto de 2016

El CELAM constata que las CEBs están vivas y luchando por una vida digna



CELAM

IV Encuentro Latinoamericano de Obispos Responsables de las CEBs
El CELAM constata que las CEBs están vivas y luchando por una vida digna
Una Iglesia que enfrenta el desafío de ser conocida y apoyada por la jerarquía


Luis Miguel Modino, 14 de mayo de 2016 a las 22:48


(Luis Miguel Modino, corresponsal en Brasil).- Ha tenido lugar recientemente en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, organizado por el Departamento de Comunión Eclesial y Diálogo de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM), el IV Encuentro Latinoamericano de Obispos Responsables de las CEBs y el Equipo de Articulación Continental CEBs, presente en 18 países latinoamericanos, teniendo como tema de debate el «Estudio de la actual situación de las CEBs y su aporte a la nueva evangelización». Estaban presentes siete obispos de diferentes países junto a sacerdotes, religiosos y laicos.

A partir de una visión misionera del trabajo evangelizador, el encuentro ha tenido como objetivo: "Discernir la situación y el papel de las CEBs respecto a la renovación de la comunión eclesial-misionera de las parroquias, para impulsar la conversión pastoral de una comunidad parroquial "en salida" en favor de sus sectores y ambientes".

El trabajo, basado en el método ver, juzgar y actuar, ha partido de los informes de los obispos responsables de las CEBs en cada Conferencia Episcopal y de lo aportado por los representantes de cada una de las regiones en que la Articulación Continental de las CEBs está dividida.

El análisis de la realidad ha llevado a los presentes a constatar que el individualismo, enraizando en nuestras sociedades, ha tenido como consecuencia la dificultad de construir comunidad, destacando la gran presencia de mujeres en las CEBs, que asumen diferentes ministerios, así como que las CEBs se involucran en la vida social y en la defensa del medio ambiente, colocando como desafíos la presencia en la realidad urbana, tema del próximo Intereclesial de Brasil, que será celebrado en Londrina en enero de 2018, la promoción de una cultura de paz o el acompañamiento a los emigrantes.

A partir de ahí fueron presentadas diferentes reflexiones que ayuden a avanzar a las CEBs en su camino evangelizador. Simón Gutiérrez, quien analizó la comunidad eclesial parroquial, como lugar de comunión y formación de discípulos misioneros, partía de lo señalado en diferentes documentos por los obispos bolivianos, quienes en los últimos años han afirmado que "las parroquias han entrado en una dinámica de cambio que se refleja en el nacimiento y crecimiento de CEBs", incentivando una "parroquia que sea comunidad de comunidades", abiertas para "ir al encuentro del otro" mediante "la misión y el diálogo", ejerciendo "la acción profética" para "denunciar toda forma de pobreza y de opresión; defender y fomentar los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana". Reconoce que falta la formación de discípulos misioneros lo que es un desafío, a partir de lo afirmado en Aparecida, a impulsar la conversión pastoral y la renovación misionera.



José Marins, en una tentativa de hacer una fundamentación teológica de las CEBs, partía de la idea de que éstas, como aparece en LG 1, son el primer nivel de la Iglesia sacramento, que muestran una Iglesia abierta, misionera, inspirada en el ser y actuar de la Iglesia que nos dejaron los Apóstoles, y que comparte, no desde la abundancia, sino desde sus limitados recursos.

Una Iglesia samaritana que reflexiona teológicamente partiendo de la vida de la gente, prioriza la Palabra de Dios y tiene como horizonte el Reino, cuyo sujeto es el Pueblo de Dios. Una Iglesia martirial, ministerial y no clerical, al servicio de la justicia y del mutuo entendimiento con todos, ecológica, que supera el modelo de cristiandad autorreferencial y centralizador y quiere evangelizar a partir de una constante renovación evangélica de las estructuras.

En opinión del teólogo brasileño la preocupación no es en relación al número de las CEBs, ni siquiera sobre su reconocimiento unánime, sino a la fidelidad a su originalidad fundamental. Para las CEBs es innegociable ser una Iglesia en salida, fermento en medio del pueblo de Dios, un acontecimiento significativo más que cuantitativo, con una autonomía mínima que les lleve a no depender del capricho de las autoridades eclesiásticas de turno, que haga más propuestas que denuncias, defienda a los más necesitados, formando lo que Helder Cámara llamaba "Minorías Abrahámicas" que desde la cualificación y creatividad suelen encontrar salidas históricas.

El teólogo mexicano José Sánchez ha presentado el aporte de las CEBs en el continente para la renovación eclesial. Parte de la idea de que el ser y misión de la Iglesia cambia en función del momento histórico y el local, que es lo que el Vaticano II llama "signos de los tiempos", lo que en América Latina motivó el nacimiento de las Comunidades Eclesiales de Base como nueva forma de ser Iglesia, a las que define como expresión de la Iglesia en la Base y de una Iglesia Ministerial, defendiendo la necesidad de la existencia de algunos ministerios como promotor de análisis y discernimiento, de la Palabra, de la concientización política, de la solidaridad, de una mística de seguimiento, de la Coordinación y articulación, de la celebración de la vida o del diálogo y acción ecuménica. Sánchez analiza si las CEBs han contribuido a la renovación de la parroquia, sin esconder que las CEBs y la parroquia actualmente viven un modelo de Iglesia diverso, unas desde un modelo de comunión y participación y la otra desde la auto-referencialidad.

Por ello afirma que el aporte de las CEBs en la renovación de las parroquias actualmente es escaso, por lo que es necesaria una conversión pastoral de sus estructuras de conservación por otras de transformación y de servicio, en las que se dé una participación corresponsable de todos los agentes de la pastoral.




Benedito Ferraro ha ayudado a los participantes del encuentro a reflexionar sobre el papel de las CEBs en la transformación de la realidad. En su análisis ha partido de la necesidad de tomar conciencia de un actuar liberador, característica primigenia en la historia de las Comunidades Eclesiales de Base, nacidas en una situación de violencia que causaba la muerte de los pueblos latinoamericanos y caribeños, y descubren que la justicia es condición imprescindible para la paz y el seguimiento de Jesús es la fuerza para la transformación de esa realidad de injusticia.

Defiende la relación entre Fe y Vida, que lleva a luchar por la transformación social y la necesidad de que las CEBs asuman el compromiso profético socio-político, lo que provoca su contribución en la transformación de la realidad. Para ello es necesaria la integración en los movimientos populares, sindicales, partidos políticos, consejos de ciudadanía, pastorales sociales, economía solidaria, pues al asumir estas luchas, los pobres, invisibilizados durante siglos, se van haciendo los nuevos protagonistas de la historia.

Oscar Urriago ha mostrado el papel de las Comunidades Eclesiales en la Renovación de la comunión eclesial misionera. Parte de la necesidad de cambio en la Iglesia para volverse más universal y ecuménica, democratizando la participación de los laicos, teniendo en cuenta la autonomía personal. Propone diez nuevos mandamientos como respuesta a la crisis de hoy y la necesidad de una conversión para ser una comunidad de amor que atraiga hacia Cristo y promueva estructuras más justas, con una nueva mística misionera que desborde alegría y gratitud.

Ve necesaria la conversión personal, pastoral y estructural que lleve a formar una comunidad de discípulos, signo del Reino. Defiende que hay que formar la conciencia del pueblo y optar por la vida, promoviendo el seguimiento de Jesús, que convencía con su práctica y su palabra, viviendo para el servicio, revelando el rostro cariñoso de Dios, promoviendo la conciencia misionera y acogiendo a los marginados.

En el mensaje final del Encuentro se constata que las comunidades están vivas y luchando por la vida digna, reactivadas con la llegada del Papa Francisco, siendo Iglesia de Jesús en la base, Iglesia pobre y de los pobres, Iglesia servidora, centrada en la Palabra, martirial, misionera desde el seguimiento de Jesús, ministerial y alegre. Pero al mismo tiempo modo de ser Iglesia que enfrenta el desafío de ser conocida y apoyada por la jerarquía y que debe volver a las fuentes, recogidas en las diferentes Conferencias del CELAM.




Mensaje Final

Encuentro latinoamericano y caribeño de obispos responsables de CEB's con la articulación de CEB's

A los presidentes de las Conferencias Episcopales, a los Obispos, a los hermanos y hermanas de las CEB's de América Latina y El Caribe.

En la fiesta de la Ascensión del Señor, desde Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, les enviamos un fraternal y esperanzado saludo.

El Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) a través del Departamento de Comunión Eclesial y Diálogo invitó a los obispos responsables del acompañamiento de las comunidades eclesiales de base y a miembros de la Articulación Continental a reflexionar conjuntamente sobre la situación actual de las comunidades y su proyección en los próximos años.

Utilizando el método de ver - juzgar - actuar - evaluar y celebrar pusimos en común los informes de los obispos y del servicio de la Articulación sobre la realidad de las comunidades eclesiales de base en los respectivos países y por grupos regionales se trabajaron las fortalezas, desafíos e incidencias de las mismas. Constatamos que ha sido un camino con altibajos, sombras y obstáculos y nos alegró percibir que las comunidades están vivas y luchando por la vida digna.

En esta primavera eclesial, suscitada por los gestos y la doctrina del papa Francisco, las comunidades se han visto fortalecidas y renovadas en su entusiasmo evangelizador y misionero. Reafirmamos nuestra convicción de que las comunidades son Iglesia de Jesús en la base, Iglesia pobre y de los pobres.

Ayudados por las exposiciones de varios teólogos profundizamos sobre la identidad de las CEB's y sus características misionera, profética, trinitaria, servidora, así como su compromiso con la transformación de la sociedad. 
Destacamos algunos de los aportes de las comunidades a la vida de la Iglesia y de la sociedad:

• su servicio comprometido por el Reino de Dios que se manifiesta en signos concretos;
• la centralidad de la Palabra que nos ayuda a unir la fe y la vida
• el testimonio de los mártires que nos impulsa a la entrega generosa en el día a día;
• el seguimiento de Jesús vivido en comunidad y en vista a la misión;
• la diversidad de ministerios que buscan dar respuesta a necesidades concretas;
• la alegría de vivir, expresada creativamente en celebración, cantos y fiesta.

Al final de nuestro encuentro señalamos perspectivas para fortalecer el proceso de las CEB's:

• formación sobre la identidad de las CEB's a obispos, ministros ordenados, desde los seminarios y casas de formación, y demás agentes de pastoral;
• elaborar, entre el CELAM y la Articulación Continental un documento sobre el nuevo rostro de las comunidades eclesiales de base;
• favorecer un acompañamiento más cercano de las Conferencias Episcopales a las CEB's y nombrar a uno o más obispos responsables de esa tarea donde no los haya;
• retomar Medellín, Puebla y Aparecida, documentos claves para la identidad eclesial de las CEB's.

Agradecemos a Dios y a María nuestra madre este encuentro de diálogo fraterno y los invitamos a avanzar con la esperanza puesta en Jesús, que camina con nosotros y cuyo Espíritu nos guía y fortalece en este tiempo de gracia que nos regala.





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domingo, 15 de mayo de 2016

El CELAM constata que las CEBs están vivas y luchando por una vida digna

IV Encuentro Latinoamericano de Obispos Responsables de las CEBs
El CELAM constata que las CEBs están vivas y luchando por una vida digna
Una Iglesia que enfrenta el desafío de ser conocida y apoyada por la jerarquía

Luis Miguel Modino, 14 de mayo de 2016 a las 22:48


CELAM

Las comunidades están vivas y luchando por la vida digna, reactivadas con la llegada del Papa Francisco
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CEB's

(Luis Miguel Modino, corresponsal en Brasil).- Ha tenido lugar recientemente en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, organizado por el Departamento de Comunión Eclesial y Diálogo de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM), el IV Encuentro Latinoamericano de Obispos Responsables de las CEBs y el Equipo de Articulación Continental CEBs, presente en 18 países latinoamericanos, teniendo como tema de debate el «Estudio de la actual situación de las CEBs y su aporte a la nueva evangelización». Estaban presentes siete obispos de diferentes países junto a sacerdotes, religiosos y laicos.

A partir de una visión misionera del trabajo evangelizador, el encuentro ha tenido como objetivo: "Discernir la situación y el papel de las CEBs respecto a la renovación de la comunión eclesial-misionera de las parroquias, para impulsar la conversión pastoral de una comunidad parroquial "en salida" en favor de sus sectores y ambientes".

El trabajo, basado en el método ver, juzgar y actuar, ha partido de los informes de los obispos responsables de las CEBs en cada Conferencia Episcopal y de lo aportado por los representantes de cada una de las regiones en que la Articulación Continental de las CEBs está dividida.

El análisis de la realidad ha llevado a los presentes a constatar que el individualismo, enraizando en nuestras sociedades, ha tenido como consecuencia la dificultad de construir comunidad, destacando la gran presencia de mujeres en las CEBs, que asumen diferentes ministerios, así como que las CEBs se involucran en la vida social y en la defensa del medio ambiente, colocando como desafíos la presencia en la realidad urbana, tema del próximo Intereclesial de Brasil, que será celebrado en Londrina en enero de 2018, la promoción de una cultura de paz o el acompañamiento a los emigrantes.

A partir de ahí fueron presentadas diferentes reflexiones que ayuden a avanzar a las CEBs en su camino evangelizador. Simón Gutiérrez, quien analizó la comunidad eclesial parroquial, como lugar de comunión y formación de discípulos misioneros, partía de lo señalado en diferentes documentos por los obispos bolivianos, quienes en los últimos años han afirmado que "las parroquias han entrado en una dinámica de cambio que se refleja en el nacimiento y crecimiento de CEBs", incentivando una "parroquia que sea comunidad de comunidades", abiertas para "ir al encuentro del otro" mediante "la misión y el diálogo", ejerciendo "la acción profética" para "denunciar toda forma de pobreza y de opresión; defender y fomentar los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana". Reconoce que falta la formación de discípulos misioneros lo que es un desafío, a partir de lo afirmado en Aparecida, a impulsar la conversión pastoral y la renovación misionera.



José Marins, en una tentativa de hacer una fundamentación teológica de las CEBs, partía de la idea de que éstas, como aparece en LG 1, son el primer nivel de la Iglesia sacramento, que muestran una Iglesia abierta, misionera, inspirada en el ser y actuar de la Iglesia que nos dejaron los Apóstoles, y que comparte, no desde la abundancia, sino desde sus limitados recursos.

Una Iglesia samaritana que reflexiona teológicamente partiendo de la vida de la gente, prioriza la Palabra de Dios y tiene como horizonte el Reino, cuyo sujeto es el Pueblo de Dios. Una Iglesia martirial, ministerial y no clerical, al servicio de la justicia y del mutuo entendimiento con todos, ecológica, que supera el modelo de cristiandad autorreferencial y centralizador y quiere evangelizar a partir de una constante renovación evangélica de las estructuras.

En opinión del teólogo brasileño la preocupación no es en relación al número de las CEBs, ni siquiera sobre su reconocimiento unánime, sino a la fidelidad a su originalidad fundamental. Para las CEBs es innegociable ser una Iglesia en salida, fermento en medio del pueblo de Dios, un acontecimiento significativo más que cuantitativo, con una autonomía mínima que les lleve a no depender del capricho de las autoridades eclesiásticas de turno, que haga más propuestas que denuncias, defienda a los más necesitados, formando lo que Helder Cámara llamaba "Minorías Abrahámicas" que desde la cualificación y creatividad suelen encontrar salidas históricas.

El teólogo mexicano José Sánchez ha presentado el aporte de las CEBs en el continente para la renovación eclesial. Parte de la idea de que el ser y misión de la Iglesia cambia en función del momento histórico y el local, que es lo que el Vaticano II llama "signos de los tiempos", lo que en América Latina motivó el nacimiento de las Comunidades Eclesiales de Base como nueva forma de ser Iglesia, a las que define como expresión de la Iglesia en la Base y de una Iglesia Ministerial, defendiendo la necesidad de la existencia de algunos ministerios como promotor de análisis y discernimiento, de la Palabra, de la concientización política, de la solidaridad, de una mística de seguimiento, de la Coordinación y articulación, de la celebración de la vida o del diálogo y acción ecuménica. Sánchez analiza si las CEBs han contribuido a la renovación de la parroquia, sin esconder que las CEBs y la parroquia actualmente viven un modelo de Iglesia diverso, unas desde un modelo de comunión y participación y la otra desde la auto-referencialidad.

Por ello afirma que el aporte de las CEBs en la renovación de las parroquias actualmente es escaso, por lo que es necesaria una conversión pastoral de sus estructuras de conservación por otras de transformación y de servicio, en las que se dé una participación corresponsable de todos los agentes de la pastoral.



Benedito Ferraro ha ayudado a los participantes del encuentro a reflexionar sobre el papel de las CEBs en la transformación de la realidad. En su análisis ha partido de la necesidad de tomar conciencia de un actuar liberador, característica primigenia en la historia de las Comunidades Eclesiales de Base, nacidas en una situación de violencia que causaba la muerte de los pueblos latinoamericanos y caribeños, y descubren que la justicia es condición imprescindible para la paz y el seguimiento de Jesús es la fuerza para la transformación de esa realidad de injusticia.

Defiende la relación entre Fe y Vida, que lleva a luchar por la transformación social y la necesidad de que las CEBs asuman el compromiso profético socio-político, lo que provoca su contribución en la transformación de la realidad. Para ello es necesaria la integración en los movimientos populares, sindicales, partidos políticos, consejos de ciudadanía, pastorales sociales, economía solidaria, pues al asumir estas luchas, los pobres, invisibilizados durante siglos, se van haciendo los nuevos protagonistas de la historia.

Oscar Urriago ha mostrado el papel de las Comunidades Eclesiales en la Renovación de la comunión eclesial misionera. Parte de la necesidad de cambio en la Iglesia para volverse más universal y ecuménica, democratizando la participación de los laicos, teniendo en cuenta la autonomía personal. Propone diez nuevos mandamientos como respuesta a la crisis de hoy y la necesidad de una conversión para ser una comunidad de amor que atraiga hacia Cristo y promueva estructuras más justas, con una nueva mística misionera que desborde alegría y gratitud.

Ve necesaria la conversión personal, pastoral y estructural que lleve a formar una comunidad de discípulos, signo del Reino. Defiende que hay que formar la conciencia del pueblo y optar por la vida, promoviendo el seguimiento de Jesús, que convencía con su práctica y su palabra, viviendo para el servicio, revelando el rostro cariñoso de Dios, promoviendo la conciencia misionera y acogiendo a los marginados.

En el mensaje final del Encuentro se constata que las comunidades están vivas y luchando por la vida digna, reactivadas con la llegada del Papa Francisco, siendo Iglesia de Jesús en la base, Iglesia pobre y de los pobres, Iglesia servidora, centrada en la Palabra, martirial, misionera desde el seguimiento de Jesús, ministerial y alegre. Pero al mismo tiempo modo de ser Iglesia que enfrenta el desafío de ser conocida y apoyada por la jerarquía y que debe volver a las fuentes, recogidas en las diferentes Conferencias del CELAM.



Mensaje Final

Encuentro latinoamericano y caribeño de obispos responsables de CEB's con la articulación de CEB's

A los presidentes de las Conferencias Episcopales, a los Obispos, a los hermanos y hermanas de las CEB's de América Latina y El Caribe.

En la fiesta de la Ascensión del Señor, desde Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, les enviamos un fraternal y esperanzado saludo.

El Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) a través del Departamento de Comunión Eclesial y Diálogo invitó a los obispos responsables del acompañamiento de las comunidades eclesiales de base y a miembros de la Articulación Continental a reflexionar conjuntamente sobre la situación actual de las comunidades y su proyección en los próximos años.

Utilizando el método de ver - juzgar - actuar - evaluar y celebrar pusimos en común los informes de los obispos y del servicio de la Articulación sobre la realidad de las comunidades eclesiales de base en los respectivos países y por grupos regionales se trabajaron las fortalezas, desafíos e incidencias de las mismas. Constatamos que ha sido un camino con altibajos, sombras y obstáculos y nos alegró percibir que las comunidades están vivas y luchando por la vida digna.

En esta primavera eclesial, suscitada por los gestos y la doctrina del papa Francisco, las comunidades se han visto fortalecidas y renovadas en su entusiasmo evangelizador y misionero. Reafirmamos nuestra convicción de que las comunidades son Iglesia de Jesús en la base, Iglesia pobre y de los pobres.

Ayudados por las exposiciones de varios teólogos profundizamos sobre la identidad de las CEB's y sus características misionera, profética, trinitaria, servidora, así como su compromiso con la transformación de la sociedad. Destacamos algunos de los aportes de las comunidades a la vida de la Iglesia y de la sociedad:
• su servicio comprometido por el Reino de Dios que se manifiesta en signos concretos;
• la centralidad de la Palabra que nos ayuda a unir la fe y la vida
• el testimonio de los mártires que nos impulsa a la entrega generosa en el día a día;
• el seguimiento de Jesús vivido en comunidad y en vista a la misión;
• la diversidad de ministerios que buscan dar respuesta a necesidades concretas;
• la alegría de vivir, expresada creativamente en celebración, cantos y fiesta.

Al final de nuestro encuentro señalamos perspectivas para fortalecer el proceso de las CEB's:
• formación sobre la identidad de las CEB's a obispos, ministros ordenados, desde los seminarios y casas de formación, y demás agentes de pastoral;
• elaborar, entre el CELAM y la Articulación Continental un documento sobre el nuevo rostro de las comunidades eclesiales de base;
• favorecer un acompañamiento más cercano de las Conferencias Episcopales a las CEB's y nombrar a uno o más obispos responsables de esa tarea donde no los haya;
• retomar Medellín, Puebla y Aparecida, documentos claves para la identidad eclesial de las CEB's.

Agradecemos a Dios y a María nuestra madre este encuentro de diálogo fraterno y los invitamos a avanzar con la esperanza puesta en Jesús, que camina con nosotros y cuyo Espíritu nos guía y fortalece en este tiempo de gracia que nos regala.



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martes, 19 de julio de 2011

Mensaje Final – ‘Apostando por un presente que tenga futuro’

Adital - Mensaje Final – ‘Apostando por un presente que tenga futuro’
18.07.11 - América del Sur
Jornadas Teológicas Regionais - Cono Sur y Brasil
Adital
Mientras terminamos tres días de búsqueda en espíritu de hermandad, quienes participamos de las Jornadas Teológicas del Cono Sur y Brasil en Santiago de Chile, deseamos dirigir a nuestras Iglesias y sociedades este mensaje, para compartir sencillamente lo que hemos escuchado, vivido y celebrado.
Casi trescientas personas, laicas y laicos, religiosas y religiosos, sacerdotes y obispos, provenientes de Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil, México, España, Ecuador, Bolivia y Chile, hemos construido una hermosa experiencia de escucha fecunda del Espíritu de Jesús, escuchándonos mutuamente y prestando un oído atento a las voces de nuestros pueblos y comunidades.Hoy decimos que hemos salido fortalecidos en nuestra esperanza. En una esperanza que nos impulsa a poner nuestras vidas al servicio del Reino de Dios que está en medio nuestro, impaciente por fecundar nuestra realidad colectiva y personal si nos hacemos disponibles a la humilde fuerza de su levadura.

En Santiago nos hemos encontrado con las manifestaciones estudiantiles que cuestionan una sociedad que multiplica las inequidades, junto a comunidades cristianas que ante desafíos complejos y vivencias traumáticas, han recibido con gran apertura y generosidad a sus hermanas y hermanos de esta parte de América Latina.
Hemos compartido desde nuestras diferencias y diversidades históricas, geográficas, culturales, de procesos sociales y eclesiales. Nos enriquecimos con ellas, muy especialmente cuando hicimos memoria y celebramos el testimonio de quienes en décadas recientes han dado muestras extraordinarias de fidelidad al Dios de la vida, en el seno de nuestro pueblo, sobre todo entre los más empobrecidos y excluidos.
Queremos recordar especialmente la figura luminosa y entrañable de ese discípulo de Jesucristo y por eso mismo, teólogo siempre riguroso e inspirador que fue Ronaldo Muñoz, de quien reciben el nombre estas jornadas. En este compartir, experimentamos una vez más que en lo más hondo, lo que nos une haciendo complementarias nuestras diversidades, es el seguimiento de Jesús bajo la guía de su Espíritu.

Mientras les dirigimos estas palabras, hoy mismo, 15 de julio, celebramos los 50 años de la publicación de la Mater et Magistra de Juan XXIII, a quien recordamos agradecidas y agradecidos, el gesto de abrir puertas y ventanas para que la Iglesia católica aprendiera que para ser madre y maestra, necesitaba volverse cada día hija y discípula. El quería que esta Iglesia no condenara a nadie, que fuera misericordiosa y que no tuviera miedo de enfrentar los desafíos del mundo moderno. Hoy queremos retomar esta herencia en tiempos en que la tentación de crisparnos sobre nuestros temores y reaccionar dando lecciones a todos y sobre todo, es muy grande.En esta escuela del papa Juan, y en vísperas del cincuentenario de la celebración del concilio Vaticano II, les transmitimos nuestra convicción, esperanza, pero también compromiso, de que ese camino luminoso, que en América Latina encarnamos a partir de Medellín, ha de seguir siendo nuestro camino en este tiempo, para nuestras comunidades, de cara a nuestros pueblos; con ellos, en ellos y para ellos desde sus búsquedas y compromisos a partir de las llamadas que hoy surgen desde los nuevos escenarios sociopolíticos y eclesiales que nos toca vivir.
Por eso, aunque tres días frente a cuatro largas sesiones conciliares no resisten comparación alguna, en estas jornadas nos animamos a reproducir en pequeño aquella experiencia sinodal recuperando también el aporte del camino de la teología de la liberación, nacida hace cuarenta años. Hemos dado pasos en conjunto, preguntándonos ante todo qué significa mantener viva la memoria del Vaticano II e identificando por dónde pasa hoy su vigencia y actualidad.

Conscientes de que la "Iglesia debe escrutar los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio” (GS 4), hemos querido hacer un proceso de construcción colectiva que articule nuestro pensar y sentir. En un esfuerzo que ha supuesto una escucha atenta de distintas experiencias y miradas, en un compartir en mesas de trabajo que han abordado temáticas nuevas que nos interpelan desde el hoy de nuestros contextos, "apostando por un presente que tenga futuro”.
En una búsqueda teológica que llamamos pastoral, como lo hicieron aquellos hermanos obispos conciliares, quisimos como ellos poner en el centro la Palabra de Dios, leída en comunidad, en una tradición ya consolidada en América Latina y compartida con nuestras Iglesias hermanas.
Como el Concilio nos enseñó, nos interrogamos, desde los movimientos sociales, acerca del proceso de integración que marca la realidad de los países del Cono Sur, y también aceptamos el desafío de aprender y confrontar nuestras búsquedas teológicas con las ciencias sociales, la economía, la política, las ciencias naturales y todas las expresiones culturales que forman parte de la realidad donde la voz de Dios siempre resuena.Los tiempos han cambiado, lo que nos lleva a detenernos y poner en diálogo nuestra teología latinoamericana con realidades y saberes que no estuvieron presentes en los trabajos del Vaticano II, ni en los primeros momentos de la Teología de la Liberación. Para nosotros son nuevos clamores que no podemos dejar de escuchar, como la nueva cosmología y la espiritualidad ecológica, los migrantes, el protagonismo de las mujeres y la perspectiva de justicia de género, la sabiduría y filosofías de los pueblos originarios y afrodescendientes de nuestra América en su relación con Dios y todos los nuevos rostros de exclusión que emergen desde la invisibilidad.
En todo esto compartimos las preguntas contemporáneas sobre Dios, las que nos hacemos nosotros mismos y las que recibimos de los demás: "¿Quién dice la gente que soy?, ¿Quién dicen ustedes que soy?”. Entre todas esas preguntas, y providencialmente reunidos en la Universidad que lleva el nombre del Cardenal Raúl Silva Henríquez, quien aportó un sueño para Chile en el que nadie se sienta excluido, que no exista miseria, que cada niño y niña tenga una escuela, que cada familia pueda habitar una casa digna y en el que reine la solidaridad. El eco de estas palabras resuena en medio de las protestas estudiantiles, desde donde sentimos la inquietud acerca de la formación religiosa sin pretender cerrar ninguna pregunta ni darnos respuestas tranquilizadoras.

La experiencia de estas jornadas, les decimos una vez más, ha sido sobre todo de esperanza, de avivamiento de nuestro deseo de revitalización, de apertura y aceptación de la paciencia histórica, mientras tratamos de identificar las manifestaciones del Reino de Dios entre nosotras y nosotros.Con Pablo sentimos "que la creación entera gime y sufre dolores de parto. Y, aunque ya tengamos el Espíritu como un anticipo de lo que hemos de recibir, gemimos en nuestro interior […] Estamos salvados, pero todo es esperanza” (Rom 8, 22-24).
Estos gemidos son frutos del sufrimiento, el que buscamos compartir con quienes son privados de una vida como la que quiere Dios y que hemos tratado de evidenciar, para que nos cuestionara una vez más en estas jornadas. Pero así mismo, estos gemidos se nos presentan como voces de esperanza, esa que nos lleva a decirnos y decirles, que el mismo Espíritu que en los años 60 sopló en el Vaticano II, sigue hoy queriendo sacudir nuestras vidas, sigue abriéndonos al futuro. Lo hemos vivido en estos días. La Iglesia del Concilio, de Medellín, de la teología de la liberación, de las comunidades eclesiales de base, los recientes impulsos de Aparecida, no son nostalgia, es realidad, es presente interpelador y futuro que no quiere perder su horizonte utópico, pero que todavía necesita de nuestro esfuerzo paciente para mostrar todo lo que el Espíritu quiere hacer de ella en nuestro continente, el mundo y la realidad cósmica que nos embarga.

A partir de esta experiencia queremos entrar en una etapa marcada por una fructífera creatividad
. Queremos conseguir este objetivo rescatando elementos importantes del Concilio y con la experiencia de estos cuarenta años de teología de la liberación, proyectar el quehacer teológico asumiendo los nuevos desafíos.
Recordamos que esta jornada es parte de la preparación del próximo Congreso Teológico Continental que se efectuará en Brasil en octubre del próximo año. En este caminar nos acompaña y alienta el Señor ya que "todo lo que tenga que ver con Cristo, tiene que ver con los pobres y todo lo relacionado con los pobres reclama a Jesucristo” (DA 393).Santiago de Chile, 15 de julio de 2011.