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jueves, 28 de diciembre de 2017

CÓMO APOYAR AL PAPA FRANCISCO [jmcastillo]

CÓMO APOYAR AL PAPA FRANCISCO:

Written by José María Castillo



1. Es un hecho que el papa Francisco es un personaje controvertido: produce y encuentra, al mismo tiempo, “acogida” y “rechazo”. Acogida que proviene de grandes sectores del “pueblo pobre y humilde”. Y rechazo que viene, en gran medida, de los “representantes del poder”, los gestores del sistema (económico político y los poderes que sustentan y sostienen el mencionado sistema). Por tanto y al mismo tiempo, el papa Francisco es visto (según parece) como “solución” para los indigentes y “amenaza” para los poderosos.

Si, efectivamente, lo dicho presenta adecuadamente lo que en realidad estamos viviendo, nos encontramos ante un conflicto (el que vive el papa y se vive en la Iglesia) que nos trae a la memoria el “recuerdo peligroso” de lo que fue el gran conflicto que vivió Jesús: acogido por el sufrimiento del pueblo sencillo y odiado (también temido) por la ambición de quienes detentaban el poder. Esto es lo que se produjo en la vida de Jesús. Y esto es lo que estamos viviendo en este momento en la Iglesia.

2. Los medios de comunicación, que “informan” y, al informar, inevitablemente “interpretan” a este personaje, que es el papa actual, un hombre tan discutido, hacen su “interpretación” del Papa, no desde las carencias de quienes lo aceptan, sino desde los intereses de quienes lo rechazan. Incluidos, como protagonistas de este rechazo, no pocos clérigos de todos los niveles, y numerosos laicos con frecuencia vinculados a grupos integristas y conservadores. Y no olvidemos que el “desde dónde” se ve la realidad, es el factor que con más fuerza determina y condiciona “cómo se ve la realidad”. No se ve la vida igual desde un palacio del centro que desde una chabola de la periferia. Ocurre, por tanto, que demasiadas veces no nos damos cuenta de lo que realmente está sucediendo. En todo caso, parece que se puede afirmar que este doble fenómeno (aceptación y rechazo del Papa) está sucediendo más de lo que seguramente sospechamos.

3. No olvidemos que el peligro de desfigurar o deformar la imagen del Papa (y su mensaje) equivale a deformar o desfigurar la realidad de la Iglesia y del Vaticano, como centro del gobierno de la Iglesia. Y desfigurar también la razón de ser del Vaticano como Estado.

4. Pero, sin duda alguna, lo más serio y preocupante, que ha puesto en evidencia el actual papado, es la contradicción en que vive la Iglesia. Se trata de la contradicción que estamos dejando patente quienes no nos cansamos de insistir en la comunión con el Papa y en la obediencia, que le debemos, pero, a la hora de la verdad, comulgamos con el Papa y le obedecemos mientras el papa piensa, habla y actúa como a nosotros nos gusta o nos parece mejor. Es un hecho que la mayor oposición al papa Francisco tiene su origen en sectores del clero – empezando por algunos cardenales – que no están de acuerdo con su forma de pensar, de vivir y de gobernar.

5. Por lo demás, cuando hablamos del papado y la gestión de los asuntos más serios de la Iglesia, es importante tener presente que estamos hablando de un sistema de gobierno, para la necesaria gestión de la Iglesia, que no está debidamente actualizado, en no pocos aspectos de notable influjo. El simple y preocupante hecho de que la Iglesia – como institución religiosa y como Estado – no pueda suscribir (a estas alturas) el “Pacto internacional sobre Derechos Civiles y Políticos”, así como el “Pacto Internacional sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales” (ambos, firmados en Naciones Unidas en 1966, como puesta en práctica de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”, de 10. XII, 1948), es un indicador patente de que esta Iglesia nuestra sigue siendo una institución anticuada y anquilosada en asuntos de una enorme actualidad e importancia. Desplazar y aplicar los derechos de una institución religiosa a los derechos de una institución política desemboca inevitablemente en una situación de ambigüedad, que se traduce en fuente de incesantes malentendidos y contradicciones.

Pedimos

1. El debido replanteamiento y actualización de los dicasterios y Congregaciones de la Santa Sede, que fueron pensados y organizados para otra Iglesia de otros tiempos, en los que los problemas y necesidades de la Iglesia eran situaciones y realidades muy distintas de las situaciones y necesidades que la Iglesia tiene en este momento.

2. Ante todo, debería quedar muy claro que en la Iglesia no exista, ni la gente vea en ella, nada que esté en contra del Evangelio. Hay que decir, con toda claridad y fuerza que la Iglesia no tiene ni autoridad ni poder para hacer nada que esté en contra del Evangelio. Teniendo muy en cuenta que este criterio tendría que aplicarse, ante todo, a las cosas y asuntos más patentes y visibles en la Iglesia. Los representantes de la Iglesia no deben, no pueden, distinguirse por sus privilegios, ostentación, dignidades, todo cuanto representa una diferencia o superioridad sobre los últimos y los más desamparados, se tendría que desterrar. Esto tendría que ser lo más urgente en la Iglesia ahora mismo.

3. Pedimos al Papa que informe a la Iglesia sobre las verdades que el Magisterio de la iglesia ha propuesto – y sigue exigiendo que se acepten – como “verdades de fe divina y católica” (Constitución dogmática “Dei Filius” [Conc. Vaticano I, cap. III): “Deben creerse con fe divina y católica todas aquellas cosas que se contienen en la palabra de Dios escrita o tradicional, y son propuestas por la Iglesia para ser creídas como divinamente reveladas, ora por solemne juicio, ora por su ordinario y universal magisterio” (Denz.-Hün, 3011). Todo lo que no es, con seguridad, una verdad de fe divina y católica, puede ser modificado, interpretado o aplicado según las necesidades de los fieles, y de la humanidad en general, cuando existen razones serias para ello. Por ejemplo, resulta inexplicable el conflicto, que hemos vivido recientemente, por causa de un asunto que no pertenece a la Fe divina y católica, la indisolubilidad del matrimonio y la casuística que ha suscitado.

4. Hay que aplicar la Hermenéutica (la gran scoperta del s. XX), no sólo a la Palabra de Dios (la Biblia), sino también a la palabra de la Iglesia, el Magisterio. Por poner un ejemplo, es evidente que la afirmación del “Credo” de Nicea: “Creo en Dios todopoderoso”, el Pantokrátor, un término que ni aparece en la Biblia, ya que, como es sabido, el “pantokrátor” fue, en la Antigüedad tardía, un título imperial que se entendía como “el amo del mundo”. Semejante Dios, no es el Dios que nos reveló Jesús en el Evangelio.

5. Pedimos que la Iglesia se organice y estructure para responder más a las necesidades (de fe y de vida) de los fieles, que para cumplir con la fidelidad a tradiciones eclesiásticas, muchas de las cuales no responden ya a las necesidades de los creyentes actuales. Por ejemplo, resulta difícil de justificar el mantenimiento de la ley del celibato eclesiástico a costa de dejar a miles de parroquias sin la debida administración de los Sacramentos. En la Iglesia hay ahora mismo cientos (quizá miles) de parroquias que no pueden tener misa todos los domingos.

6. Y pedimos también, como un asunto capital, que en la Iglesia haya más transparencia. Es decir, que ni el Vaticano, ni las diócesis, ni la vida de los “hombres de la religión”, tengan nada que ocultar. Sólo así será posible hablar con libertad, con claridad y sin doble intencionalidad. El día que se pueda lograr este objetivo, la Iglesia podrá tener la credibilidad que no tiene ante importantes sectores de la población.

Nos comprometemos


1. No ocultar o marginar la información religiosa, como asunto de menor importancia o de poco interés. Nunca deberíamos olvidar que religión y política siguen siendo inseparables. Resulta indignante que, en este momento, existan agrupaciones políticas que, obteniendo logros importantes a costa de la religión, ocultan sus profundas vinculaciones con los dignatarios religiosos y sus intereses. Es hora de preguntarse si uno de los motivos que explican los éxitos del Islam, no está en que, en esa confesión religiosa, no se ocultan, sino que están en primera línea las evidentes conexiones que hacen una sola cosa de dos componentes básicos: el hecho religioso y el hecho político. No olvidemos que, en la realidad de la vida, “lo religioso” y “lo político” son dos dimensiones de la vida del ser humano en la sociedad. Dos realidades inseparables, por más que el sujeto no sea consciente de que las vive y están presentes en su intimidad y en su conducta, aunque no pertenezca ni a una religión ni a un partido político.

2. No utilizar la información religiosa para ponerla al servicio de intereses nacionalistas o partidistas. Este punto es particularmente delicado cuando se trata de informar sobre la persona del Papa Francisco. Un hombre cercano a los pobres y comprometido con la dignificación y los derechos de los humildes y marginados, es por eso mismo un hombre expuesto a ser identificado (o en sintonía) con partidos de la izquierda política.

3. Si es que queremos hablar de religión e informar sobre ella, será necesario que, en la medida de lo posible, nos propongamos alcanzar una formación religiosa básica, que nos capacite para entender y poder comunicar debidamente con la debida competencia y exactitud lo que decimos y lo que puede interesar a nuestros lectores.

4.Evitar, en cuanto de nosotros dependa, el silencio, la pasividad o la marginalidad de los dirigentes eclesiásticos, en los asuntos de más actualidad e importancia en la vida pública. Es escandaloso que la Iglesia, para no indisponerse con los poderes de quien recibe importantes ayudas o privilegios, se mantenga al margen de asuntos que afectan a la ética y a la vida pública de forma, a veces, clamorosa. Basta pensar en los escándalos de la corrupción o en la gestión económica que es la causa principal de las escandalosas desigualdades que se dan en el mundo y en no pocos países.


José M. Castillo

jueves, 21 de diciembre de 2017

El Papa Francisco advierte a la Curia Romana ante las intrigas y los traidores

El Papa Francisco advierte a la Curia Romana ante las intrigas y los traidores

Por Miguel Pérez Pichel
VATICANO, 21 Dic. 17 /(ACI).-



El Papa Francisco advierte a la Curia Romana ante las intrigas y los traidores

En el tradicional mensaje navideño dirigido a los Cardenales y Superiores de la Curia Romana, el Papa Francisco advirtió ante las intrigas que se forman en los organismos eclesiásticos y ante los traidores que se dejan corromper por la ambición.
El Santo Padre, que dirigió un extenso discurso a los miembros de la Curia este jueves 21 de diciembre en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano, habló de la comunión de la Iglesia alrededor del Pontífice, porque "la comunión con Pedro refuerza y da nuevo vigor a la comunión entre todos los miembros" de la Iglesia.
Afirmó que la comunión alrededor del Papa "es muy importante si se quiere superar la desequilibrada y degenerada lógica de las intrigas o de los pequeños grupos que en realidad representan, a pesar de sus justificaciones y buenas intenciones, un cáncer que lleva a la autorreferencialidad, que se infiltra también en los organismos eclesiásticos en cuanto tales y, en particular, en las personas que trabajan en ellos".
"Cuando esto sucede –continuó–, entonces se pierde la alegría del Evangelio, la alegría de comunicar a Cristo y de estar en comunión con él; se pierde la generosidad de nuestra consagración".

Francisco también advirtió contra otro peligro que se cierne sobre la curia, que es "el de los traidores de la confianza o los que se aprovechan de la maternidad de la Iglesia".
Es decir, "de las personas que han sido seleccionadas con cuidado para dar mayor vigor al cuerpo y a la reforma, pero, al no comprender la importancia de sus responsabilidades, se dejan corromper por la ambición o la vanagloria, y cuando son delicadamente apartadas se auto-declaran equivocadamente mártires del sistema, del 'Papa desinformado', de la 'vieja guardia'…, en vez de entonar el 'mea culpa'".
Ante estos peligros, el Papa exhortó a los Dicasterios de la Curia romana a "trabajar de manera conforme a su naturaleza y finalidad: en el nombre y con la autoridad del Sumo Pontífice y siempre por el bien y al servicio de las Iglesias".
Los Dicasterios, señaló, "están llamados a ser en la Iglesia como unas fieles antenas sensibles: emisoras y receptoras" que transmitan "fielmente la voluntad del Papa y de los Superiores".

En el mensaje de este año, además de hablar de aspectos internos de la Curia, el Pontífice meditó especialmente sobre el servicio del Vaticano ad extra (hacia afuera), resaltando aspectos externos que tienen que ver con "la relación de la Curia con las naciones, con las Iglesias particulares, con las Iglesias orientales, con el diálogo ecuménico, con el Judaísmo, con el Islam y las demás religiones, es decir, con el mundo exterior".

La Curia y la relación con las Naciones

Francisco se refirió de forma concreta al "papel fundamental la Diplomacia Vaticana que busca sincera y constantemente el que la Santa Sede sea un constructor de puentes, de paz y de diálogo entre las naciones".
Hizo hincapié en que "el único interés de la Diplomacia Vaticana es estar libre de cualquier interés mundano o material". "La Santa Sede está presente en la escena mundial para colaborar con todas las personas y las naciones de buena voluntad y para repetir constantemente la importancia de proteger nuestra casa común frente a cualquier egoísmo destructivo".

La Curia y las Iglesias particulares

"La relación que une la Curia a las diócesis y a las eparquías es de máxima importancia. Estas encuentran en la Curia romana el apoyo y el soporte necesario", indicó el Papa.
Se trata de una relación basada "en la colaboración, la confianza y nunca en la superioridad o el contraste".
Recordó que "el punto de referencia de la Curia romana, de hecho, no es sólo el Obispo de Roma, del que le viene la autoridad, sino también las Iglesias particulares y sus Pastores en todo el mundo, para cuyo bien, obra y actúa".
En este sentido, destacó la importancia de las visitas ad limina Apostolorum, que "representan una gran oportunidad de encuentro, diálogo y enriquecimiento mutuo".

La Curia y las Iglesias orientales

El Obispo de Roma explicó que "la unidad y la comunión que existe en la relación entre la Iglesia de Roma y las Iglesias orientales representa un ejemplo concreto de riqueza en la diversidad para toda la Iglesia. Ellas, en la fidelidad a sus propias tradiciones de dos mil años y en la comunión eclesial experimentan y realizan la oración sacerdotal de Cristo".
En este sentido, insistió en la necesidad "de profundizar y revisar la delicada cuestión de la elección de los nuevos obispos y eparcas que debe corresponder, por una parte, a la autonomía de las Iglesias orientales y, al mismo tiempo, al espíritu de responsabilidad evangélica y al deseo de reforzar cada vez más la unidad con la Iglesia Católica".
Asimismo, recordó que "la relación entre Roma y Oriente es de mutuo enriquecimiento espiritual y litúrgico. En realidad, la Iglesia de Roma no sería realmente católica sin las inestimables riquezas de las Iglesias orientales".

La Curia y el diálogo ecuménico

En su discurso, enseñó que el diálogo con las demás confesiones y realidades cristianas no católicas es "un verdadero camino, pero, como muchas veces han repetido también mis Predecesores, es un camino irreversible y sin vuelta atrás".
"Cuando caminamos juntos, es decir, cuando nos encontramos como hermanos, rezamos juntos, trabajamos juntos en el anuncio del Evangelio y en el servicio a los últimos, ya estamos unidos", aseguró. "Todas las diferencias teológicas y eclesiológicas que todavía dividen a los cristianos serán superadas sólo por esta vía".

La Curia y el judaísmo, el islam y las otras religiones

"La relación de la Curia Romana con las otras religiones se basa en la enseñanza del Concilio Vaticano II y en la necesidad del diálogo", destacó.
Señaló, recordando el discurso que pronunció en la Universidad de Al-Azhar en el viaje apostólico a Egipto en abril de 2017, que el diálogo interreligioso está construido sobre tres orientaciones fundamentales: el deber de la identidad, la valentía de la alteridad y la sinceridad de las intenciones.
El Papa Francisco finalizó su discurso repitiendo que la Navidad es la fiesta de la fe, y "una fe que no nos pone en crisis es una fe en crisis; una fe que no nos hace crecer es una fe que debe crecer; una fe que no nos interroga es una fe sobre la cual debemos preguntarnos; una fe que no nos anima es una fe que debe estar animada; una fe que no nos conmueve es una fe que debe ser sacudida".

Por Miguel Pérez Pichel
VATICANO, 21 Dic. 17 /(ACI).-


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martes, 13 de junio de 2017

I Jornada Mundial de los Pobres 2017: «No amemos de palabra sino con obras» | Francisco

I Jornada Mundial de los Pobres 2017: «No amemos de palabra sino con obras»

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO

I JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES
Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario
19 de noviembre de 2017




No amemos de palabra sino con obras

1. «Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras» (1 Jn 3,18). Estas palabras del apóstol Juan expresan un imperativo que ningún cristiano puede ignorar. La seriedad con la que el «discípulo amado» ha transmitido hasta nuestros días el mandamiento de Jesús se hace más intensa debido al contraste que percibe entre las palabras vacías presentes a menudo en nuestros labios y los hechos concretos con los que tenemos que enfrentarnos. El amor no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres. Por otro lado, el modo de amar del Hijo de Dios lo conocemos bien, y Juan lo recuerda con claridad. Se basa en dos pilares: Dios nos amó primero (cf. 1 Jn 4,10.19); y nos amó dando todo, incluso su propia vida (cf. 1 Jn 3,16).

Un amor así no puede quedar sin respuesta. Aunque se dio de manera unilateral, es decir, sin pedir nada a cambio, sin embargo inflama de tal manera el corazón que cualquier persona se siente impulsada a corresponder, a pesar de sus limitaciones y pecados. Y esto es posible en la medida en que acogemos en nuestro corazón la gracia de Dios, su caridad misericordiosa, de tal manera que mueva nuestra voluntad e incluso nuestros afectos a amar a Dios mismo y al prójimo. Así, la misericordia que, por así decirlo, brota del corazón de la Trinidad puede llegar a mover nuestras vidas y generar compasión y obras de misericordia en favor de nuestros hermanos y hermanas que se encuentran necesitados.

2. «Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha» (Sal 34,7). La Iglesia desde siempre ha comprendido la importancia de esa invocación. Está muy atestiguada ya desde las primeras páginas de los Hechos de los Apóstoles, donde Pedro pide que se elijan a siete hombres «llenos de espíritu y de sabiduría» (6,3) para que se encarguen de la asistencia a los pobres. Este es sin duda uno de los primeros signos con los que la comunidad cristiana se presentó en la escena del mundo: el servicio a los más pobres. Esto fue posible porque comprendió que la vida de los discípulos de Jesús se tenía que manifestar en una fraternidad y solidaridad que correspondiese a la enseñanza principal del Maestro, que proclamó a los pobres como bienaventurados y herederos del Reino de los cielos (cf. Mt 5,3).

«Vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2,45). Estas palabras muestran claramente la profunda preocupación de los primeros cristianos. El evangelista Lucas, el autor sagrado que más espacio ha dedicado a la misericordia, describe sin retórica la comunión de bienes en la primera comunidad. Con ello desea dirigirse a los creyentes de cualquier generación, y por lo tanto también a nosotros, para sostenernos en el testimonio y animarnos a actuar en favor de los más necesitados. El apóstol Santiago manifiesta esta misma enseñanza en su carta con igual convicción, utilizando palabras fuertes e incisivas: «Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que le aman? Vosotros, en cambio, habéis afrentado al pobre. Y sin embargo, ¿no son los ricos los que os tratan con despotismo y los que os arrastran a los tribunales? [...] ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: "Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago", y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta» (2,5-6.14-17).

3. Ha habido ocasiones, sin embargo, en que los cristianos no han escuchado completamente este llamamiento, dejándose contaminar por la mentalidad mundana. Pero el Espíritu Santo no ha dejado de exhortarlos a fijar la mirada en lo esencial. Ha suscitado, en efecto, hombres y mujeres que de muchas maneras han dado su vida en servicio de los pobres. Cuántas páginas de la historia, en estos dos mil años, han sido escritas por cristianos que con toda sencillez y humildad, y con el generoso ingenio de la caridad, han servido a sus hermanos más pobres.

Entre ellos destaca el ejemplo de Francisco de Asís, al que han seguido muchos santos a lo largo de los siglos. Él no se conformó con abrazar y dar limosna a los leprosos, sino que decidió ir a Gubbio para estar con ellos. Él mismo vio en ese encuentro el punto de inflexión de su conversión: «Cuando vivía en el pecado me parecía algo muy amargo ver a los leprosos, y el mismo Señor me condujo entre ellos, y los traté con misericordia. Y alejándome de ellos, lo que me parecía amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo» (Test 1-3; FF 110). Este testimonio muestra el poder transformador de la caridad y el estilo de vida de los cristianos.

No pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias, aunque son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan, deberían introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida. En efecto, la oración, el camino del discipulado y la conversión encuentran en la caridad, que se transforma en compartir, la prueba de su autenticidad evangélica. Y esta forma de vida produce alegría y serenidad espiritual, porque se toca con la mano la carne de Cristo. Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas más débiles. Son siempre actuales las palabras del santo Obispo Crisóstomo: «Si queréis honrar el cuerpo de Cristo, no lo despreciéis cuando está desnudo; no honréis al Cristo eucarístico con ornamentos de seda, mientras que fuera del templo descuidáis a ese otro Cristo que sufre por frío y desnudez» (Hom. in Matthaeum, 50,3: PG 58).

Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma.

4. No olvidemos que para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante todo vocación para seguir a Jesús pobre. Es un caminar detrás de él y con él, un camino que lleva a la felicidad del reino de los cielos (cf. Mt 5,3; Lc 6,20). La pobreza significa un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para superar la tentación de omnipotencia, que nos engaña haciendo que nos creamos inmortales. La pobreza es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad. Es la pobreza, más bien, la que crea las condiciones para que nos hagamos cargo libremente de nuestras responsabilidades personales y sociales, a pesar de nuestras limitaciones, confiando en la cercanía de Dios y sostenidos por su gracia. La pobreza, así entendida, es la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y también vivir los vínculos y los afectos de modo generoso y desprendido (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 25-45).

Sigamos, pues, el ejemplo de san Francisco, testigo de la auténtica pobreza. Él, precisamente porque mantuvo los ojos fijos en Cristo, fue capaz de reconocerlo y servirlo en los pobres. Si deseamos ofrecer nuestra aportación efectiva al cambio de la historia, generando un desarrollo real, es necesario que escuchemos el grito de los pobres y nos comprometamos a sacarlos de su situación de marginación. Al mismo tiempo, a los pobres que viven en nuestras ciudades y en nuestras comunidades les recuerdo que no pierdan el sentido de la pobreza evangélica que llevan impresa en su vida.

5. Conocemos la gran dificultad que surge en el mundo contemporáneo para identificar de forma clara la pobreza. Sin embargo, nos desafía todos los días con sus muchas caras marcadas por el dolor, la marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privación de la libertad y de la dignidad, por la ignorancia y el analfabetismo, por la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tráfico de personas y la esclavitud, el exilio y la miseria, y por la migración forzada. La pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses, pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero. Qué lista inacabable y cruel nos resulta cuando consideramos la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada.

Hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. Ante este escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados. A la pobreza que inhibe el espíritu de iniciativa de muchos jóvenes, impidiéndoles encontrar un trabajo; a la pobreza que adormece el sentido de responsabilidad e induce a preferir la delegación y la búsqueda de favoritismos; a la pobreza que envenena las fuentes de la participación y reduce los espacios de la profesionalidad, humillando de este modo el mérito de quien trabaja y produce; a todo esto se debe responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad.

Todos estos pobres —como solía decir el beato Pablo VI— pertenecen a la Iglesia por «derecho evangélico» (Discurso en la apertura de la segunda sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II, 29 septiembre 1963) y obligan a la opción fundamental por ellos. Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin «peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios.

6. Al final del Jubileo de la Misericordia quise ofrecer a la Iglesia la Jornada Mundial de los Pobres, para que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados. Quisiera que, a las demás Jornadas mundiales establecidas por mis predecesores, que son ya una tradición en la vida de nuestras comunidades, se añada esta, que aporta un elemento delicadamente evangélico y que completa a todas en su conjunto, es decir, la predilección de Jesús por los pobres.

Invito a toda la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad a mantener, en esta jornada, la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. Son nuestros hermanos y hermanas, creados y amados por el Padre celestial. Esta Jornada tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad. Dios creó el cielo y la tierra para todos; son los hombres, por desgracia, quienes han levantado fronteras, muros y vallas, traicionando el don original destinado a la humanidad sin exclusión alguna.

7. Es mi deseo que las comunidades cristianas, en la semana anterior a la Jornada Mundial de los Pobres, que este año será el 19 de noviembre, Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, se comprometan a organizar diversos momentos de encuentro y de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta. Podrán invitar a los pobres y a los voluntarios a participar juntos en la Eucaristía de ese domingo, de tal modo que se manifieste con más autenticidad la celebración de la Solemnidad de Cristo Rey del universo, el domingo siguiente. De hecho, la realeza de Cristo emerge con todo su significado más genuino en el Gólgota, cuando el Inocente clavado en la cruz, pobre, desnudo y privado de todo, encarna y revela la plenitud del amor de Dios. Su completo abandono al Padre expresa su pobreza total, a la vez que hace evidente el poder de este Amor, que lo resucita a nueva vida el día de Pascua.

En ese domingo, si en nuestro vecindario viven pobres que solicitan protección y ayuda, acerquémonos a ellos: será el momento propicio para encontrar al Dios que buscamos. De acuerdo con la enseñanza de la Escritura (cf. Gn 18, 3-5; Hb 13,2), sentémoslos a nuestra mesa como invitados de honor; podrán ser maestros que nos ayuden a vivir la fe de manera más coherente. Con su confianza y disposición a dejarse ayudar, nos muestran de modo sobrio, y con frecuencia alegre, lo importante que es vivir con lo esencial y abandonarse a la providencia del Padre.

8. El fundamento de las diversas iniciativas concretas que se llevarán a cabo durante esta Jornada será siempre la oración. No hay que olvidar que el Padre nuestro es la oración de los pobres. La petición del pan expresa la confianza en Dios sobre las necesidades básicas de nuestra vida. Todo lo que Jesús nos enseñó con esta oración manifiesta y recoge el grito de quien sufre a causa de la precariedad de la existencia y de la falta de lo necesario. A los discípulos que pedían a Jesús que les enseñara a orar, él les respondió con las palabras de los pobres que recurren al único Padre en el que todos se reconocen como hermanos. El Padre nuestro es una oración que se dice en plural: el pan que se pide es «nuestro», y esto implica comunión, preocupación y responsabilidad común. En esta oración todos reconocemos la necesidad de superar cualquier forma de egoísmo para entrar en la alegría de la mutua aceptación.

9. Pido a los hermanos obispos, a los sacerdotes, a los diáconos —que tienen por vocación la misión de ayudar a los pobres—, a las personas consagradas, a las asociaciones, a los movimientos y al amplio mundo del voluntariado que se comprometan para que con esta Jornada Mundial de los Pobres se establezca una tradición que sea una contribución concreta a la evangelización en el mundo contemporáneo.

Que esta nueva Jornada Mundial se convierta para nuestra conciencia creyente en un fuerte llamamiento, de modo que estemos cada vez más convencidos de que compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad más profunda. Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio.


Vaticano, 13 de junio de 2017
Memoria de San Antonio de Padua
Francisco

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sábado, 11 de febrero de 2017

Papa Francisco: La mujer es la que da armonía al mundo, no está para lavar platos

La mujer es la que da armonía al mundo, no está para lavar platos

El Papa en la Misa. Foto: L'Osservatore Romano

VATICANO, 09 Feb. 17 / 05:52 am (ACI).- La mujer es la que da armonía y sentido al mundo. Así lo señaló el Papa Francisco en su homilía de la Misa celebrada en la Casa Santa Marta.

El Pontífice indicó que se debe evitar referirse a la mujer hablando solo de la función que cumple en la sociedad o en una institución, sin tener en cuenta que la mujer, en la humanidad, cumple una misión que va más allá y que no puede ofrecer ningún hombre: "el hombre no trae la armonía, la trae ella. Es ella la que traer la armonía, que nos enseña a valorar, a amar con ternura, y que hace que el mundo sea una cosa hermosa".
En su reflexión sobre la Creación, a partir de la lectura del Libro del Génesis, el Papa Francisco se refirió al papel de la mujer en la humanidad.

Francisco relató cómo el Génesis explica que al principio el hombre estaba solo, sin compañía. Luego, el Señor toma una costilla de Adán y crea a Eva como carne de su carne. Pero el Papa recuerda que "antes de verla, le hace soñar con ella". "Cuando falta la mujer, falta la armonía", insistió.

El Santo Padre resaltó que el destino del hombre y la mujer es ser "una sola carne".
Para ejemplificarlo, contó una anécdota que sucedió durante una audiencia en la que preguntó a un matrimonio que cumplía 60 años de casados: "¿Quién de los dos ha tenido más paciencia?". "Y ellos que me miraban, se miraron a los ojos –jamás me olvidaré de aquella mirada–, después volvieron a dirigirse a mí y me dijeron, los dos al mismo tiempo: 'Estamos enamorados'. Después de 60 años, esto significa una sola carne. Eso es lo que aporta la mujer: la capacidad de enamorarse. La armonía del mundo".

El Papa explicó que la mujer no está "para lavar platos. No: la mujer está para aportar armonía. Sin mujer no hay armonía". En este sentido, condenó el crimen de la explotación de mujeres.

"Muchas veces escuchamos: 'Es necesario que en esta sociedad, que en esta institución haya una mujer para hacer tal cosa…'. No, no. La funcionalidad no es el propósito de la mujer. Es verdad que la mujer debe hacer cosas, y hace cosas como todos los demás. El propósito de la mujer es la armonía en el mundo".

"La explotación de las personas es un crimen de lesa humanidad, es verdad. Pero la explotación de la mujer es un crimen mayor, porque destruye la armonía que Dios ha querido dar al mundo".

El Papa finalizó la homilía refiriéndose a cómo "en el Evangelio hemos escuchado de qué cosas son capaces las mujeres, ¿verdad? Aquella era valiente. Andaba adelante con valentía. La mujer es la armonía, es la poesía, es la belleza. Sin ella, el mundo no sería así de hermoso, no sería armónico. Me gusta pensar que Dios creó a la mujer para que todos nosotros tuviéramos una madre".

Evangelio comentado por el Papa Francisco:
Marcos 7:24-30
24 Y partiendo de allí, se fue a la región de Tiro, y entrando en una casa quería que nadie lo supiese, pero no logró pasar inadvertido,
25 sino que, en seguida, habiendo oído hablar de él una mujer, cuya hija estaba poseída de un espíritu inmundo, vino y se postró a sus pies.
26 Esta mujer era pagana, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara de su hija al demonio.
27 El le decía: «Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.»
28 Pero ella le respondió: «Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños.»
29 El, entonces, le dijo: «Por lo que has dicho, vete; el demonio ha salido de tu hija.»
30 Volvió a su casa y encontró que la niña estaba echada en la cama y que el demonio se había ido.

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— ACI Prensa (@aciprensa) 9 de febrero de 2017

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lunes, 7 de noviembre de 2016

Papa Francisco: “Actúen, sigan abriendo camino y luchando. Les da fuerza, nos da fuerza”. | MOVIMIENTOS POPULARES

Papa Francisco: "Actúen, sigan abriendo camino y luchando. Les da fuerza, nos da fuerza".
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Encuentro Mundial de Movimientos Populares con el Papa
Concluye el III Encuentro Mundial de los Movimientos Populares con un diálogo con el papa Francisco, en el sala Paolo VI de Ciudad del Vaticano.



La última jornada de trabajo del Encuentro se ha desarrollado en el Vaticano. Esta mañana, los delegados y las delegadas de los movimientos populares participaron en una Eucaristía en la Basílica de San Pedro, presidida por el Cardenal Turkson, y que han contado con las ofrendas realizadas por los movimientos populares, que mostraban sus esfuerzos y sus diversas realidades.

Posteriormente, en el aula Paolo VI se producido otro momento importante, cuando cerca de tres mil personas representantes de movimientos populares italianos han participado en este diálogo con Francisco.

Con el Papa ya en la sala, el cardenal Turkson ha dado la bienvenida y le presentado los trabajos realizados en el III Encuentro Mundial de Movimientos Populares. En primer lugar a través de la proyección de un vídeo de resumen de los trabajos realizados durante los días que ha durado el Encuentro. Acto seguido, dos representantes de los movimientos populares presentaron los siete puntos de las Propuesta de Acciones Transformadoras, dialogadas y aprobadas en en este III Encuentro.

Por su parte, Francisco ha trasladado un mensaje de esperanza, de denuncia y de amor:
Desplazados-Refugiados.

"Sé que dedicaron una jornada al drama de los migrantes, refugiados y desplazados. ¿Qué hacer frente a esta tragedia? En el nuevo Dicasterio [del Desarrollo Humano Integral] que tiene a su cargo el Cardenal Turkson hay un departamento para la atención de esas situaciones. Decidí que, al menos por un tiempo, ese departamento dependa directamente del Pontífice, porque aquí hay una situación oprobiosa, que sólo puedo describir con una palabra que me salió espontáneamente en Lampedusa: vergüenza".

La persona desplazada por la tiranía del dinero.

"¿Qué le pasa al mundo de hoy que, cuando se produce la bancarrota de un banco de inmediato aparecen sumas escandalosas para salvarlo, pero cuando se produce esta bancarrota de la humanidad no hay casi ni una milésima parte para salvar a esos hermanos que sufren tanto? Y así el Mediterráneo se ha convertido en un cementerio, y no sólo el Mediterráneo… tantos cementerios junto a los muros, muros manchados de sangre inocente. Durante los días de este encuentro, lo decían en el vídeo: ¿Cuántos murieron en el Mediterráneo?"

Crisis de la democracia y legitimidad.

"Dar el ejemplo y reclamar es una forma de meterse en política y esto me lleva al segundo eje que debatieron en su Encuentro: la relación entre pueblo y democracia. Una relación que debería ser natural y fluida pero que corre el peligro de desdibujarse hasta ser irreconocible. La brecha entre los pueblos y nuestras formas actuales de democracia se agranda cada vez más como consecuencia del enorme poder de los grupos económicos y mediáticos que parecieran dominarlas. Los movimientos populares, lo sé, no son partidos políticos y déjenme decirles que, en gran medida, en eso radica su riqueza, porque expresan una forma distinta, dinámica y vital de participación social en la vida pública".
"Ustedes, las organizaciones de los excluidos y tantas organizaciones de otros sectores de la sociedad, están llamados a revitalizar, a refundar las democracias que pasan por una verdadera crisis. No caigan en la tentación del corsé que los reduce a actores secundarios, o peor, a meros administradores de la miseria existente".

La humildad, el servicio, la solidaridad, el modo de vivir… el valor del ejemplo.

"A cualquier persona que tenga demasiado apego por las cosas materiales o por el espejo, a quien le gusta el dinero, los banquetes exuberantes, las mansiones suntuosas, los trajes refinados, los autos de lujo, le aconsejaría que se fije qué está pasando en su corazón y rece para que Dios lo libere de esas ataduras. Pero, parafraseando al exPresidente latinoamericano que está por acá [en referencia a Pepe Mújica], el que tenga afición por todas esas cosas, por favor, no se meta en política, que no se meta en una organización social o en un movimiento popular, porque va a hacer mucho daño a sí mismo, al prójimo y va a manchar la noble causa que enarbola. Tampoco que se meta en el seminario".

"Frente a la tentación de la corrupción, no hay mejor antídoto que la austeridad; esa austeridad moral y personal. Y practicar la austeridad es, además, predicar con el ejemplo. Les pido que no subestimen el valor del ejemplo porque tiene más fuerza que mil palabras, que mil volantes, que mil likes, que mil retweets, que mil videos de youtube. El ejemplo de una vida austera al servicio del prójimo es la mejor forma de promover el bien común y el proyecto-puente de las 3-T. Les pido a los dirigentes que no se cansen de practicar esa austeridad moral, personal, y les pido a todos que exijan a los dirigentes esa austeridad, la cual –por otra parte– los va a hacer muy felices".

"Quisiera, para finalizar, pedirles que sigan enfrentando el miedo con una vida de servicio, solidaridad y humildad en favor de los pueblos y en especial de los que más sufren. Se van a equivocar muchas veces, todos nos equivocamos, pero si perseveramos en este camino, más temprano que tarde, vamos a ver los frutos. E insisto, contra el terror, el mejor antídoto es el amor".

Discurso completo de Francisco; Aquí

Propuestas de Acción Transformadora  que asumimos los Movimientos Populares del Mundo en dialogo con el Papa Francisco – EspañolIngles  – Italiano
Sintesis de los Movimientos Populares en los tres dias del EMMP; EspañolInglesItaliano
Mociones de los Movimientos Populares – EspañolInglés  Italiano
Video presentado al Francisco como Documento Final del III Encuentro Mundial de Movimientos Populares, en Roma 2016; Aquí
Discurso del Cardenal Turkson  – EspañolInglésItaliano
Vídeo completo del Encuentro de Papa Francisco y los Movimientos Populares: Aquí


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