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viernes, 17 de marzo de 2023

Francisco, 10 años ante la Iglesia en crisis - bbarranco2023


Francisco, 10 años ante la Iglesia en crisis


BERNARDO BARRANCO V.

15 de marzo 2023

Francisco ha venido a sacudir la Iglesia católica. A 10 años de su pontificado, el Papa argentino ha removido la estructura de la Iglesia en busca de una reforma profunda que evite o amortigüe la estrepitosa caída católica en el mundo contemporáneo. Por ello, en este decenio no hay medias tintas, a Francisco se le odia o se le ama.

Francisco heredó una Iglesia en ruinas. Los cardenales electores le mandataron reformas profundas de la curia y ordenar los deplorables manejos financieros del Vaticano, así como frenar la corrupción interna. Como corolario de la hecatombe, la elección de Bergoglio es precedida por la inesperada e histórica renuncia de Benedicto XVI.

El 13 de marzo de 2013, los ojos del mundo estaban enfocados en la chimenea que se alza sobre la Capilla Sixtina. Frente a este escenario desolador, las expectativas eran muy altas. ¿Quién sería el nuevo Papa que asumiría el mando de una Iglesia devastada? Ya en la tarde, tras la quinta votación, pudo vislumbrase un espeso humo blanco que anunciaba la elección del nuevo Papa: Jorge Mario Bergoglio. El Papa de la periferia, porque los cardenales electores tuvieron que ir por él, casi al fin del mundo. El Papa sudamericano empezó a comunicarse no sólo con palabras, sino con los símbolos.

Asume el nombre de Francisco en honor a San Francisco de Asís, un santo italiano que en el siglo XIII fundó la orden franciscana, como signo de predilección por los más pobres y su humildad extrema. Renuncia a los oropeles y fulgores pontificios como señal de modestia y sencillez. Francisco asume una Iglesia hecha pedazos. Benedicto XVI renuncia a la función pontifical que le rebasa; enfermo, deprimido, anciano y una curia marcada por la lucha antagónica de poder y privilegios. Las fracturas internas en la curia romana son ventiladas públicamente por el fenómeno llamado Vatileaks, escándalos financieros y lobbies homosexuales que exhiben a actores marcados por la corrupción y ausencia evangélica. Escándalos de pederastia clerical minan dramáticamente la credibilidad de la Iglesia que se conjuga con una precipitada pérdida de fieles tanto en Europa como en América Latina. Francisco promete reformas, cambios de timón y una nueva ruta para reconstruir las bases de un catolicismo, ahora bajo escombros. La Iglesia se alejó del espíritu del Concilio Vaticano.

En sus primeros años de pontífice, Francisco habló acompañado de símbolos de pobreza y sencillez. Autos no ostentosos, fuera las zapatillas rojas, para usar sus viejos zapatos negros y anticuados lentes; vive en el hotelito de Santa Martha, en 50 metros cuadrados; come con los visitantes y hace cola para surtir su charola de alimentos.

Los pobres están en el centro de la propuesta eclesial del Papa latinoamericano. La búsqueda de la justicia social, el cuidado de la tierra común, una cultura del encuentro, la promoción de los derechos de la persona, solidaridad y salvaguarda de la creación. Ha repetido que no puede haber paz sin una cultura del cuidado. Para entender el programa de Francisco debemos remitirnos a sus encíclicas. Lumen fidei (2013), Laudato si’ (2015)y Fratelli tutti (2020). Varias exhortaciones apostólicas y motu proprio. Continuidad y discontinuidad. Una propuesta innovadora que se reconoce desde la tradición de la Iglesia. Un ejemplo explícito, reciente, Francisco reivindica los derechos humanos y sociales de los homosexuales, pero el ejercicio de su sexualidad lo considera pecado.

Francisco en estos 10 años ha sufrido de continuos ataques de sectores católicos conservadores y de grandes empresas que se sienten agraviadas por la crítica punzante que Francisco hace del neoliberalismo. Industrias extractivas contrariadas por las posturas ecologistas del Papa. En redes, el Papa sufre acoso de sectores que le repelen. Ahí se le acusa de hereje. El 15 de marzo del año pasado el semanario L’Espresso publicó comentarios de Sandro Magister, quien sugiere que el autor, Demos (pueblo, en griego), es un cardenal. El texto resume las críticas acumuladas hacia Francisco en esta década. El llamado Memorándum Demos inicia de manera hiriente: Este pontificado es un desastre en muchos o más aspectos, una catástrofe. Reprocha a Francisco que intenta transformar la Iglesia en un organismo destinado a solucionar problemas sociales, económicos, sicológicos, incluso ambientales, abandonando su misión de salvar almas. Pone como ejemplo el Sínodo de la Amazonia, donde supuestamente abandonó revangelizar la región. En cambio, se privilegió la problemática ambiental. El sínodo amazónico, según el texto, no pareció preocuparse por propiciar un encuentro personal con el Señor, sino que privilegió cuestiones políticas y sociales. Además de insinuar el sacerdocio a casados y sugerir ordenar mujeres. A pesar de esta vocación social, de manera punzante, los malquerientes de Francisco desprecian la influencia política del Papa y del Vaticano en el mundo, son insignificantes. Los críticos del pontífice argentino, reprochan el nivel teológico e intelectual de Francisco, de la siguiente manera: Para la mayoría de los expertos del Vaticano, el balance del pontificado de Francisco, desde la doctrina de la fe hasta la moral, muestra un déficit en comparación con sus predecesores. En suma, mientras los fieles piden más religión, los obispos bergoglianos ofrecen socialismo.

Francisco encara una la guerra de baja intensidad, enfrenta no sólo la crisis de la Iglesia global, sino una implacable guerra intestina que presenta diversos frentes. Padece la conspiración internacional de diferentes derechas católicas que espera con impaciencia que el actual pontificado concluya.

viernes, 24 de enero de 2014

Los destinos del catolicismo actual | La Jornada, Bernardo Barranco

Los destinos del catolicismo actual
Bernardo Barranco V.
La Jornada, Opinión, 17 de marzo de 2010

Los numerosos escándalos de pederastia que acosan a la Iglesia católica en diferentes lugares del mundo, como Estados Unidos, Irlanda, Suiza, Holanda, México y Argentina, amenazan su autoridad institucional e incomodan sus inflexibles discursos sobre la moral, las buenas costumbres y el disciplinamiento que el católico debe guardar en materia sexual. El escándalo alemán amenaza no sólo al hermano del Papa, sino que está tocando, al parecer, al propio Benedicto XVI al haber sido permisivo, voluntaria o involuntariamente, en 1977 cuando era arzobispo de Munich. Tenemos en México el caso cercano de Marcial Maciel, cuya patología no sólo alcanza a la orden de los legionarios, sino que también contamina y empaña la imagen del conjunto de la Iglesia mexicana. Lamentablemente las respuestas eclesiásticas no son, socialmente, satisfactorias y pareciera que la Iglesia protege ante todo su casta religiosa; surge entonces el fantasma del naufragio como amenaza, se ensombrece la proclama de salvación que, de manera desafiante, Benedicto XVI extiende a la civilización actual tan globalizada como relativista.

Pareciera que los signos explícitos apuntan a que la Iglesia a escala mundial se ha alejado ya del espíritu del concilio, que en los años sesenta del siglo pasado reivindicaba aggiornare su diálogo con el mundo moderno y, por tanto, ha venido cancelando irremediablemente las rutas reformadoras en la Iglesia. Diferentes vaticanistas diagnostican los síntomas de una Iglesia en fase de atrincheramiento dogmático, envenenada por su propio narcisismo eclesiocéntrico y temerosa de abrirse a la complejidad de la historia y de reconocer en ella valores espirituales (Giancarlo Zízola, Vientos de restauración, 2007). Dicha prescripción sitúa un prejuicio cada vez más extendido de que Ratzinger padece un conservadurismo crónico e incurable. Sin embargo, ¿podemos afirmar que esta tendencia sólo se da en la Iglesia católica?, como respuesta a una modernidad globalizada que exalta la diversidad cultural y matiza, por tanto, los discursos y doctrinas totalizantes. Lo cierto es que resurge como fuerte tentación la reafirmación tradicionalista, es decir, una notoria inclinación por proclamar la identidad católica tradicional y, al mismo tiempo, exaltar esta identidad a nivel político en el ámbito público. Las posturas opuestas se podrían estar debatiendo el futuro cercano, entre un catolicismo relativista o light frente a un catolicismo talibán. Precisamente, el texto de Oliver Roy, La sainte ignorance. Le temps de la religion sans culture (Editions du Seuil, 2008) argumenta que no sólo los católicos pasan por una fase de tradicionalismo, a escala global, Roy destaca el crecimiento explosivo del pentecostalismo, el éxito del salafismo, Tablighi Jamaat y el neosufismo dentro del Islam; el retorno del movimiento Lubavich dentro del judaísmo, así como el surgimiento del Partido Bharatiya Janata en India, el budismo Theravada. En suma, diversas religiones proclaman su identidad tradicional en la esfera de lo público como una característica distintiva de la religión en el siglo XXI. Reconociendo diversidades y diferencias, Roy compara rasgos comunes en estas tendencias; sobresale el malestar y rechazo a la cultura contemporánea; el énfasis en la salvación personal e individualización de la fe, así como ardorosas actitudes antintelectuales.

Hace unas semanas acaba de aparecer un libro de John Allen, destacado vaticanista católico estadunidense, titulado: The Future Church (Random House, 2010), donde afronta aquellas tendencias que están cambiando la vida de la Iglesia. Por ejemplo, al abordar la geopolítica de la Santa Sede, cuya doctrina se forjó en los tiempos de la revolución industrial frente a enemigos ideológicos como el liberalismo y el socialismo, el autor señala que la Iglesia debe afrontar desde la cultura el mundo globalizado y multipolar del siglo XXI, en el cual la mayoría de los polos importantes no son católicos, ni siquiera cristianos. Frente al concilio, el autor opina que la Iglesia está reafirmando oficialmente todo lo que la distingue de la modernidad; sus tradicionales características católicas de pensamiento, discurso y prácticas. Esta política de la identidad es en parte una reacción contra una cultura cada vez más secular e indiferente a la autoridad e institución. Además del envejecimiento de la enseñanza social de la Iglesia, siguiendo a Allen, existe una nueva geografía de la fe, es decir, la dramática disminución numérica de los católicos europeos y la creciente gravitación de los católicos del llamado tercer mundo que asciende a escala global a dos tercios. Esta cifra desproporcionada contrasta con una curia romana que, si bien es cada vez más internacionalizada, sigue siendo dominada por los propios europeos.

Otro libro sobre prospectiva católica. A fines del año pasado, el periodista José Catalán Deus publicó: Después de Ratzinger, ¿qué? Balance de cuatro años de pontificado y los desafíos de su sucesión (Península, 2009). Ahí el autor español afirma que el futuro del catolicismo actual se antoja incierto. Los primeros años de Benedicto XVI, dice, dejan una sensación de crisis creciente en la Iglesia católica. Quizá porque se fracturó el consenso que llevó a Ratzinger al trono de San Pedro. Nunca antes los desacuerdos y disensiones fueron tan sonoros dentro y fuera del Vaticano. Un análisis crítico del pontificado dibuja cómo la Iglesia católica ha pasado de ejercer una posición dominante a estar amenazada y hasta sojuzgada culturalmente, y casi perseguida mediáticamente por su ideología. Este cambio histórico trascendental se ha manifestado con absoluta claridad en los primeros cuatro años del pontificado de Benedicto XVI, aunque venía incubándose durante todo el pontificado anterior. Conclusión sencilla: todos estos textos y reflexiones indican arteriosclerosis múltiple y la necesidad de una nueva gran síntesis cultural entre religión y cultura.

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