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jueves, 9 de diciembre de 2021

El Papa: el mundo necesita unidad y hermandad para superar la crisis -2021ene.


Date: dom, 24 de ene. de 2021 a la(s) 18:30

El Papa: el mundo necesita unidad y hermandad para superar la crisis [de la pandemia]



Vatican News. Entrevista del Papa con el canal italiano Tg5, difundida la noche del 10 de enero: desde la pandemia a la defensa de la vida y los débiles, y el valor de la unidad en la política y la Iglesia, Francisco se detiene en los grandes temas de actualidad al comienzo del nuevo año e invita a todos a vacunarse y a redescubrir el valor de la fe como un don de Dios.


Redescubrirnos más unidos, más cercanos a los que sufren, sentirnos como hermanos para superar juntos la crisis mundial causada por la pandemia. Al principio de la entrevista con Tg5, Francisco reiteró que "uno nunca sale de una crisis igual que antes, nunca. Salimos mejor o salimos peor". Para el Papa, "hay que hacer la revisión de todo. Los grandes valores siempre están ahí en la vida, pero los grandes valores deben ser traducidos a la vida del momento". A continuación, enumera una serie de situaciones dramáticas, desde los niños que sufren de hambre y no pueden ir a la escuela hasta las guerras que trastornan muchas zonas del planeta. "Las estadísticas de las Naciones Unidas", subraya, "son aterradoras en esto. Advierte que, si salimos de la crisis "sin ver estas cosas, la salida será otra derrota". Y será peor. Veamos sólo estos dos problemas: los niños y las guerras".


La vacunación es una acción ética, no una opción.


El Papa responde entonces a una pregunta del periodista Fabio Marchese Ragona sobre las vacunas. "Yo - afirma - creo que éticamente todos deben tomar la vacuna. No es una opción, es una acción ética. Porque juegas con tu salud, juegas con tu vida, pero también juegas con la vida de los demás. Y explica que en los próximos días las vacunas comenzarán en el Vaticano y él también ha hecho una "reservación" para esto. "Sí, debe hacerse", repite, "si los médicos lo presentan como algo que puede ir bien y que no tiene peligros especiales, ¿por qué no tomarlo? Hay una negación suicida en esto que no puedo explicar". Para el Pontífice, este es el momento de "pensar en el nosotros y borrar el yo por un período de tiempo, ponerlo entre paréntesis. O nos salvamos todos con el "nosotros" o nadie se salva". Sobre esto habla largamente ofreciendo su reflexión sobre el tema que le es tan querido de la fraternidad. "Este - observa - es el desafío: hacerme cercano al otro, cercano a la situación, cercano a los problemas, hacerme cercano a la gente". El enemigo de la cercanía es "la cultura de la indiferencia"... Se habla, señala, "de una saludable indiferencia ante los problemas, pero la indiferencia no es saludable. La cultura de la indiferencia destruye, porque me distancia".


Es el "tiempo del nosotros" para superar la crisis


"La indiferencia nos mata, porque nos distancia. En cambio, la palabra clave para pensar en las formas de salir de la crisis es la palabra "cercanía". Si no hay unidad, no hay cercanía, advierte el Papa, "se pueden crear tensiones sociales incluso dentro de los Estados". Así, habla de la "clase dirigente" en la Iglesia como en la vida política. En este momento de crisis, exhortó, "toda la clase dirigente no tiene derecho a decir yo... debe decir nosotros y buscar la unidad frente a la crisis". En este momento, reafirma con fuerza, "un político, un pastor, un cristiano, un católico, incluso un obispo, un sacerdote, que no tiene la capacidad de decir nosotros en lugar de yo, es porque no está a la altura de la situación". Y añade que "los conflictos en la vida son necesarios, pero en este momento deben dar lugar a unas vacaciones", dar lugar a la unidad "del país, de la Iglesia, de la sociedad".


El aborto es un asunto humano antes que religioso


Francisco señaló que la crisis causada por la pandemia ha exacerbado aún más la "cultura del descarte" de los más débiles, ya sean pobres, migrantes o ancianos. Se centra especialmente en el drama del aborto que descarta a los niños no deseados. "El problema del aborto", advierte, "no es un problema religioso, es un problema humano, pre-religioso, es un problema de ética humana" y luego religioso. "Es un problema que incluso un ateo debe resolver en su conocimiento." "¿Es correcto", pregunta el Pontífice, "acabar con una vida humana para resolver un problema, cualquier problema? ¿Es correcto contratar a un asesino a sueldo para resolver un problema?"


El Capitolio, aprendiendo de la historia: nunca la violencia


El Papa no deja de comentar los dramáticos acontecimientos en el Capitolio el pasado 6 de enero. Confesó que estaba "asombrado", considerando la disciplina del pueblo de los Estados Unidos y la madurez de su democracia. Sin embargo, señala, incluso en las realidades más maduras, siempre hay algo malo cuando hay "gente que toma un camino contra la comunidad, contra la democracia, contra el bien común". Ahora que esto ha estallado, continúa, ha sido posible "ver bien" el fenómeno y "poner el remedio". Francisco condenó la violencia: "Debemos reflexionar y comprender bien y para no repetir, aprender de la historia", estos "grupos para-regulares que no están bien insertados en la sociedad, tarde o temprano realizarán estas situaciones de violencia".

La fe, un regalo para pedirle al Señor


El Papa finalmente responde cómo él personalmente está experimentando las restricciones debido a la pandemia. Confiesa que se siente "enjaulado", se detiene en los viajes, cancelados para evitar las multitudes, habla de la esperanza de visitar Irak. En este tiempo, dedica más tiempo a la oración, a hablar por teléfono y reitera lo importante que fueron para él algunos momentos, como la Statio Orbis en San Pedro el pasado 27 de marzo, "una expresión de amor a todas las personas" y que hace que uno "vea nuevas formas de ayudarse mutuamente". Así, ofrece una reflexión sobre la fe en el Señor, la cual - dice - es ante todo "un regalo". "Para mí", dice, "la fe es un regalo, ni tú, ni yo, ni nadie puede tener fe por su propia fuerza: es un regalo que el Señor te da", que no se puede comprar. 


Retomando entonces un pasaje del Deuteronomio, el Papa Francisco exhorta a invocar la "cercanía de Dios". Esta cercanía "en la fe es un regalo que debemos pedir". La entrevista concluye con la esperanza de que en 2021 "no haya desperdicio, que no haya actitudes egoístas" y que la unidad pueda prevalecer sobre el conflicto.

 


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viernes, 3 de septiembre de 2021

"La Cope es -son- los obispos españoles" La Cope no es 'la' Iglesia, es 'de la' Iglesia - 3sep2021

 

"La Cope es -son- los obispos españoles" La Cope no es 'la' Iglesia, es 'de la' Iglesia


Papa Francisco y Carlos Herrera

Esta aseveración de no ser Iglesia no debiera suscitar preocupación o sorpresa alguna a quienes profesan su fe cristiana hasta sus penúltimas consecuencias

La reciente entrevista concedida-¡por fin!- a la Cope por el papa Francisco, es rica en multitud de lecturas, con amplias y católicas -universales- posibilidades de Iglesia, es decir, de acercarnos a los oyentes a participar y a sentirse parte activa

La Cope es de la Iglesia. Pero la Cope no es “la” Iglesia que quisiera que fuera el papa Francisco. La Cope es -son- los obispos. Nuestros obispos no son conciliares. Y el papa Francisco lo sabe y hasta lo sufre

Es incuestionable la profesionalidad que caracteriza al personal de la Cope. Pero lo que sí que se cuestiona en los 'informadores religiosos' es esa especie de voto de obediencia encubierto al que dan la impresión de estar sometidos

03.09.2021 Antonio Aradillas

Es algo tan elemental y propio del catecismo iniciático, que no es de extrañar que sean muchos los que “pasen” de la lectura de estas reflexiones, solo por ser presentadas con el título que las encabeza.

La COPE, la TRECE y las “setenta veces siete” empresas de las que la Conferencia Episcopal (CEE), diócesis y parroquias urbanas y rurales, inmatriculadas o por inmatricular, o de las que están ya en vísperas de ser cuestionada su propiedad, que la aseveración de “no ser Iglesia -la Iglesia- unas y otras, no debieran suscitado preocupación o sorpresa alguna a quienes profesan su fe cristiana hasta sus penúltimas consecuencias.

La reciente entrevista concedida-¡por fin¡- a la Cope por el papa Francisco, es rica en multitud de lecturas, con amplias y católicas -universales- posibilidades de Iglesia, es decir, de acercarnos a los oyentes a participar y a sentirse parte activa de la misma, a la que Jesús le confiara la continuidad de su misión salvadora en conformidad con el plan misterioso de su Redención.

La Cope, por decirlo de tangible y fiable manera, es una empresa más del ramo de la comunicación, con sus éxitos y fracasos, previstos o no, aunque de la que jamás podrá aseverarse que su “santo y seña” y razón de ser, no sea otro que el propio y específico del “negocio”, espiritual justificado en exclusiva o fundamentalmente en el Evangelio.

La Cope es un púlpito, con todas sus ventajas técnicas, pero en el que, al igual que en tantos otros artefactos, extraños y desconocidos para muchos,- como los confesonarios-, no los inspira el Evangelio . Este insta soberanamente y sobre todo, a participar de la Palabra de Dios y de modo especial en la celebración eucarística, tanto cultual como existencial , en el contexto de la vida ordinaria “como Dios manda” y así está también expresado.

La Cope es de la Iglesia. Pero la Cope no es “la” Iglesia que quisiera que fuera el papa Francisco. Y precisamente por eso, él estuvo tan renuente y remiso en facilitarel regalo de la entrevista de casi hora y media de duración a esta cadena de emisoras de propiedad eclesiástica, en sus más altos niveles jerárquicos y empresariales.

La Cope es -son- los obispos. Y estos, hoy por hoy, en España, no son mayoritariamente “franciscanos”, con cuanto esta condición lleva dentro de sí respecto a la sinodalidad y “en salida”, de tal forma que, según propia formulación pontificia, la Iglesia, si no es así, no es hoy Iglesia.

Nuestros obispos no son conciliares. El Vaticano II, aun ya celebrado con todos los honores, ni fue, ni es, su mentor. Y el papa Francisco lo sabe y hasta lo sufre. Los obispos españoles, salvo raras y honrosas excepciones pastorales, gracias a las propias gestiones y gestos pontificios, siguen estando avecindados en las mansiones palaciegas de “su” concilio de Trento, añorado por muchos, con todas y cada una sus inefables e infalibles consecuencias. En las mismas y fuera de ellas, disfrutan de las mitras, los báculos, cruces, inciensos y títulos y “dignidades” propias de los regímenes del Nacional Catolicismo, que perduran y que, si dependiera de ellos, lo harían “por los siglos de los siglos”.

La Cope es voz -la VOZ- para el episcopado en general y que este consiente que sea el informador y el catequista oficial más cercano y fiable. La Cope es el ámbito de la cultura religiosa y de la otra, que le interesaría poseer en exclusiva el episcopado. ¿También en el terreno futbolero?: También. Una cosa no quita la otra, y además y publicitariamente, se sostienen, por lo que al mantenimiento informativo sobre los deportes no se les pueden escatimar los mejores y más pingües sueldos para sus profesionales.

La Iglesia de la Cope,- la de los obispos-, pese a los altos índices de audiencia de los que hace gala, con cifras reales, puede estar y está concebida y gestionada como empresa idea, o ideal de empresa, pero de las iglesias, de los templos, seminarios, noviciados, actos de culto, procesiones, catequesis… cada día se ausentan más los feligreses, oyentes de la referida cadena de ondas, por aburrimiento, rutinas, ritualismos o decadente presentación del contenido de los santos evangelios. A tan constatable realidad es preciso añadir el dato de que, de lo religioso- religioso de verdad, también los mismos jóvenes están interesados.

Es incuestionable la profesionalidad que caracteriza, ilustra y ennoblece al personal de la Cope. Pero lo que sí que se cuestiona en los “informadores religiosos”, es esa especie de voto de obediencia encubierto al que dan la impresión de estar sometidos, con reverencial y absoluto ”respeto“ a su entera observancia en relación con la excesiva y nada teológica clericalización de la institución eclesiástica a la que sirven, como profesionales del ramo y en cuyo ámbito términos como “Amén” y “palabra de Dios”, junto con el olor a incienso, jamás han de faltar del léxico de la información “religiosa”, según los criterios prelaticios.

El hecho de haberle concedido el papa Francisco a la Cope de los señores obispos el honor de la reciente entrevista, después de largas gestiones y de su anterior concesión a otra cadena española, es seguro que suscitará en sus accionistas principales diversidad de preguntas, entre otras la de si él está o no, de acuerdo con la idea de Iglesia encarnada y revestida de los atuendos episcopales .

En próxima ocasión, parte de la reflexión se centrará en la Comisión Episcopal de los Medios de Comunicación de la CEE, con su trolero presidente, antítesis de cuanto son y significan precisamente los términos “comunicación” y “religiosa”.

De todas formas, ¡gracias, Cope, por habernos facilitado escuchar las palabras del papa Francisco en nuestro propio lenguaje materno!


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sábado, 21 de junio de 2014

Entrevista al papa Francisco: "La secesión de una nación hay que tomarla con pinzas" [Henrique Cymerman]

Entrevista al papa Francisco: "La secesión de una nación hay que tomarla con pinzas"

"Nuestro sistema económico mundial ya no se aguanta", dice el Obispo de Roma |"No soy ningún iluminado; no traje bajo el brazo ningún proyecto personal", asegura |"Descartamos toda una generación por mantener un sistema que no es bueno", opina respecto a los jóvenes parados


HENRIQUE CYMERMAN | VATICANO
Enviado especial
13/06/2014
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“Los cristianos perseguidos son una preocupación que me toca de cerca como pastor. Sé muchas cosas de persecuciones que no me parece prudente contarlas aquí para no ofender a nadie. Pero en algún sitio está prohibido tener una Biblia o enseñar catecismo o llevar una cruz... Lo que sí quiero dejar claro una cosa: estoy convencido de que la persecución contra los cristianos hoy es más fuerte que en los primeros siglos de la Iglesia. Hoy hay más cristianos mártires que en aquella época. Y no es por fantasía, es por números".
El papa Francisco nos recibió el pasado lunes en el Vaticano –un día después de la oración por la paz con los presidentes de Israel y Palestina– para esta entrevista en exclusiva con "La Vanguardia". El Papa estaba contento de haber hecho todo lo posible por el entendimiento entre israelíes y palestinos.

La violencia en nombre de Dios domina Oriente Medio.
Es una contradicción. La violencia en nombre de Dios no se corresponde con nuestro tiempo. Es algo antiguo. Con perspectiva histórica hay que decir que los cristianos, a veces, la hemos practicado. Cuando pienso en la guerra de los Treinta Años, era violencia en nombre de Dios. Hoy es inimaginable, ¿verdad? Llegamos, a veces, por la religión a contradicciones muy serias, muy graves. El fundamentalismo, por ejemplo. Las tres religiones tenemos nuestros grupos fundamentalistas, pequeños en relación a todo el resto.

¿Y qué opina del fundamentalismo?
Un grupo fundamentalista, aunque no mate a nadie, aunque no le pegue a nadie, es violento. La estructura mental del fundamentalismo es violencia en nombre de Dios.

Algunos dicen de usted que es un revolucionario.
Deberíamos llamar a la gran Mina Mazzini, la cantante italiana, y decirle “prendi questa mano, zinga" y que me lea el pasado, a ver qué (risas). Para mí, la gran revolución es ir a las raíces, reconocerlas y ver lo que esas raíces tienen que decir el día de hoy. No hay contradicción entre revolucionario e ir a las raíces. Más aún, creo que la manera para hacer verdaderos cambios es la identidad. Nunca se puede dar un paso en la vida si no es desde atrás, sin saber de dónde vengo, qué apellido tengo, qué apellido cultural o religioso tengo.

Usted ha roto muchos protocolos de seguridad para acercarse a la gente.
Sé que me puede pasar algo, pero está en manos de Dios. Recuerdo que en Brasil me habían preparado un papamóvil cerrado, con vidrio, pero yo no puedo saludar a un pueblo y decirle que lo quiero dentro de una lata de sardinas, aunque sea de cristal. Para mí eso es un muro. Es verdad que algo puede pasarme, pero seamos realistas, a mi edad no tengo mucho que perder.

¿Por qué es importante que la Iglesia sea pobre y humilde?
La pobreza y la humildad están en el centro del Evangelio y lo digo en un sentido teológico, no sociológico. No se puede entender el Evangelio sin la pobreza, pero hay que distinguirla del pauperismo. Yo creo que Jesús quiere que los obispos no seamos príncipes, sino servidores.

¿Qué puede hacer la Iglesia para reducir la creciente desigualdad entre ricos y pobres?
Está probado que con la comida que sobra podríamos alimentar a la gente que tiene hambre. Cuando usted ve fotografías de chicos desnutridos en diversas partes del mundo se agarra la cabeza, no se entiende. Creo que estamos en un sistema mundial económico que no es bueno. En el centro de todo sistema económico debe estar el hombre, el hombre y la mujer, y todo lo demás debe estar al servicio de este hombre. Pero nosotros hemos puesto al dinero en el centro, al dios dinero. Hemos caído en un pecado de idolatría, la idolatría del dinero. La economía se mueve por el afán de tener más y, paradójicamente, se alimenta una cultura del descarte. Se descarta a los jóvenes cuando se limita la natalidad. También se descarta a los ancianos porque ya no sirven, no producen, es clase pasiva… Al descartar a los chicos y a los ancianos, se descarta el futuro de un pueblo porque los chicos van a tirar con fuerza hacia adelante y porque los ancianos nos dan la sabiduría, tienen la memoria de ese pueblo y deben pasarla a los jóvenes. Y ahora también está de moda descartar a los jóvenes con la desocupación. A mí me preocupa mucho el índice de paro de los jóvenes, que en algunos países supera el 50%. Alguien me dijo que 75 millones de jóvenes europeos menores de 25 años están en paro. Es una barbaridad. Pero descartamos toda una generación por mantener un sistema económico que ya no se aguanta, un sistema que para sobrevivir debe hacer la guerra, como han hecho siempre los grandes imperios. Pero como no se puede hacer la Tercera Guerra Mundial, entonces se hacen guerras zonales. ¿ Y esto qué significa? Que se fabrican y se venden armas, y con esto los balances de las economías idolátricas, las grandes economías mundiales que sacrifican al hombre a los pies del ídolo del dinero, obviamente se sanean. Este pensamiento único nos quita la riqueza de la diversidad de pensamiento y por lo tanto la riqueza de un diálogo entre personas. La globalización bien entendida es una riqueza. Una globalización mal entendida es aquella que anula las diferencias. Es como una esfera, con todos los puntos equidistantes del centro. Una globalización que enriquezca es como un poliedro, todos unidos pero cada cual conservando su particularidad, su riqueza, su identidad, y esto no se da.

¿Le preocupa el conflicto entre Catalunya y España?
Toda división me preocupa. Hay independencia por emancipación y hay independencia por secesión. Las independencias por emancipación, por ejemplo, son las americanas, que se emanciparon de los estados europeos. Las independencias de pueblos por secesión es un desmembramiento, a veces es muy obvio. Pensemos en la antigua Yugoslavia. Obviamente, hay pueblos con culturas tan diversas que ni con cola se podían pegar. El caso yugoslavo es muy claro, pero yo me pregunto si es tan claro en otros casos, en otros pueblos que hasta ahora han estado juntos. Hay que estudiar caso por caso. Escocia, la Padania, Catalunya Habrán casos que serán justos y casos que no serán justos, pero la secesión de una nación sin un antecedente de unidad forzosa hay que tomarla con muchas pinzas y analizarla caso por caso.

La oración por la paz del domingo no fue fácil de organizar ni tenía precedentes en Oriente Medio ni en el mundo. ¿Cómo se sintió usted?
Sabe que no fue fácil porque usted estaba en el ajo y se le debe gran parte del logro. Yo sentía que era algo que se nos escapa a todos. Acá, en el Vaticano, un 99% decía que no se iba a hacer y después el 1% fue creciendo. Yo sentía que nos veíamos empujados a una cosa que no se nos había ocurrido y que, poco a poco, fue tomando cuerpo. No era para nada un acto político –eso lo sentí de entrada– sino que era un acto religioso: abrir una ventana al mundo.

¿Por qué eligió meterse en el ojo del huracán que es Oriente Medio?
El verdadero ojo del huracán, por el entusiasmo que había, fue la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro el año pasado. A Tierra Santa decidí ir porque el presidente Peres me invitó. Yo sabía que su mandato terminaba esta primavera, así que me vi obligado, de alguna manera, a ir antes. Su invitación precipitó el viaje. Yo no tenía pensando hacerlo.

¿Por qué es importante para todo cristiano visitar Jerusalén y Tierra Santa?
Por la revelación. Para nosotros, todo empezó ahí. Es como “el cielo en la tierra”, un adelanto de lo que nos espera en el más allá, en la Jerusalén celestial.

Usted y su amigo el rabino Skorka se abrazaron frente al muro de las Lamentaciones. ¿Qué importancia ha tenido este gesto para la reconciliación entre cristianos y judíos?
Bueno, en el Muro también estaba mi buen amigo el profesor Omar Abu, presidente del Instituto del Diálogo Interreligioso de Buenos Aires. Quise invitarlo. Es un hombre muy religioso, padre de dos hijos. También es amigo del rabino Skorka y los quiero a los dos un montón, y quise que esta amistad entre los tres se viera como un testimonio.

Me dijo hace un año que “dentro de cada cristiano hay un judío”.
Quizá lo más correcto sería decir que “usted no puede vivir su cristianismo, usted no puede ser un verdadero cristiano, si no reconoce su raíz judía”. No hablo de judío en el sentido semítico de raza sino en sentido religioso. Creo que el diálogo interreligioso tiene que ahondar en esto, en la raíz judía del cristianismo y en el florecimiento cristiano del judaísmo. Entiendo que es un desafío, una papa caliente, pero se puede hacer como hermanos. Yo rezo todos los días el oficio divino con los salmos de David. Los 150 salmos los pasamos en una semana. Mi oración es judía, y luego tengo la eucaristía, que es cristiana.

¿Cómo ve el antisemitismo?
No sabría explicar por qué se da, pero creo que está muy unido, en general, y sin que sea una regla fija, a las derechas. El antisemitismo suele anidar mejor en las corrientes políticas de derecha que de izquierda, ¿no? Y aún continúa. Incluso tenemos quien niega el holocausto, una locura.

Uno de sus proyectos es abrir los archivos del Vaticano sobre el holocausto.
Traerán mucha luz.

¿Le preocupa alguna cosa que pueda descubrirse?
En este tema lo que me preocupa es la figura de Pío XII, el papa que lideró la Iglesia durante la Segunda Guerra Mundial. Al pobre Pío XII le han tirado encima de todo. Pero hay que recordar que antes se lo veía como el gran defensor de los judíos. Escondió a muchos en los conventos de Roma y de otras ciudades italianas, y también en la residencia estival de Castel Gandolfo. Allí, en la habitación del Papa, en su propia cama, nacieron 42 nenes, hijos de los judíos y otros perseguidos allí refugiados. No quiero decir que Pío XII no haya cometido errores –yo mismo cometo muchos–, pero su papel hay que leerlo según el contexto de la época. ¿Era mejor, por ejemplo, que no hablara para que no mataran más judíos, o que lo hiciera? También quiero decir que a veces me da un poco de urticaria existencial cuando veo que todos se la toman contra la Iglesia y Pío XII, y se olvidan de las grandes potencias. ¿Sabe usted que conocían perfectamente la red ferroviaria de los nazis para llevar a los judíos a los campos de concentración? Tenían las fotos. Pero no bombardearon esas vías de tren. ¿Por qué? Sería bueno que habláramos de todo un poquito.

¿Usted se siente aún como un párroco o asume su papel de cabeza de la Iglesia?
La dimensión de párroco es la que más muestra mi vocación. Servir a la gente me sale de dentro. Apago la luz para no gastar mucha plata, por ejemplo. Son cosas que tiene un párroco. Pero también me siento Papa. Me ayuda a hacer las cosas con seriedad. Mis colaboradores son muy serios y profesionales. Tengo ayuda para cumplir con mi deber. No hay que jugar al papa párroco. Sería inmaduro. Cuando viene un jefe de Estado, tengo que recibirlo con la dignidad y el protocolo que se merece. Es verdad que con el protocolo tengo mis problemas, pero hay que respetarlo.

Usted está cambiando muchas cosas. ¿Hacia qué futuro llevan estos cambios?
No soy ningún iluminado. No tengo ningún proyecto personal que me traje debajo del brazo, simplemente porque nunca pensé que me iban a dejar acá, en El Vaticano. Lo sabe todo el mundo. Me vine con una valija chiquita para volver enseguida a Buenos Aires. Lo que estoy haciendo es cumplir lo que los cardenales reflexionamos en las Congregaciones Generales, es decir, en las reuniones que, durante el cónclave, manteníamos todos los días para discutir los problemas de la Iglesia. De ahí salen reflexiones y recomendaciones. Una muy concreta fue que el próximo Papa debía contar con un consejo exterior, es decir, con un equipo de asesores que no viviera en el Vaticano.

Y usted creó el llamado consejo de los Ocho.
Son ocho cardenales de todos los continentes y un coordinador. Se reúnen cada dos o tres meses acá. Ahora, el primero de julio tenemos cuatro días de reunión, y vamos haciendo los cambios que los mismos cardenales nos piden. No es obligatorio que lo hagamos pero sería imprudente no escuchar a los que saben.

También ha hecho un gran esfuerzo para acercarse a la Iglesia ortodoxa.
La ida a Jerusalén de mi hermano Bartolomé I era para conmemorar el encuentro de 50 años atrás entre Pablo VI y Atenágoras I. Fue un encuentro después de más de mil años de separación. Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia católica hace los esfuerzos de acercarse y la Iglesia ortodoxa lo mismo. Con algunas iglesias ortodoxas hay más cercanía que otras. Quise que Bartolomé I tuviera conmigo en Jerusalén y allí surgió el plan de que viniera también a la oración del Vaticano. Para él fue un paso arriesgado porque se lo pueden echar en cara, pero había que estrechar este gesto de humildad, y para nosotros es necesario porque no se concibe que los cristianos estemos divididos, es un pecado histórico que tenemos que reparar.

Ante el avance del ateísmo, ¿qué opina de la gente que cree que la ciencia y la religión son excluyentes?
Hubo un avance del ateísmo en la época más existencial, quizás sartriana. Pero después vino un avance hacia búsquedas espirituales, de encuentro con Dios, en mil maneras, no necesariamente las religiosas tradicionales. El enfrentamiento entre ciencia y fe tuvo su auge en la Ilustración, pero que hoy no está tan de moda, gracias a Dios, porque nos hemos dado cuenta todos de la cercanía que hay entre una cosa y la otra. El papa Benedicto XVI tiene un buen magisterio sobre la relación entre ciencia y fe. En líneas generales, lo más actual es que los científicos sean muy respetuosos con la fe y el científico agnóstico o ateo diga “no me atrevo a entrar en ese campo”.

Usted ha conocido a muchos jefes de Estado.
Han venido muchos y es interesante la variedad. Cada cual tiene su personalidad. Me ha llamado la atención un hecho transversal entre los políticos jóvenes, ya sean de centro, izquierda o derecha. Quizás hablen de los mismos problemas pero con una nueva música, y eso me gusta, me da esperanza porque la política es una de las formas más elevadas del amor, de la caridad. ¿Por qué? Porque lleva al bien común, y una persona que, pudiendo hacerlo, no se involucra en política por el bien común, es egoísmo; o que use la política para el bien propio, es corrupción. Hace unos quince años los obispos franceses escribieron una carta pastoral que es una reflexión con el título "Réhabiliter la politique". Es un texto precioso hace darte cuenta de todas estas cosas.

¿Qué opina de la renuncia de Benedicto XVI?
El papa Benedicto ha hecho un gesto muy grande. Ha abierto una puerta, ha creado una institución, la de los eventuales papas eméritos. Hace 70 años, no había obispos eméritos. ¿Hoy cuántos hay? Bueno, como vivimos más tiempo, llegamos a una edad donde no podemos seguir adelante con las cosas. Yo haré lo mismo que él, pedirle al Señor que me ilumine cuando llegue el momento y que me diga lo que tengo que hacer, y me lo va a decir seguro.

Tiene una habitación reservada en una casa de retiro en Buenos Aires.
Sí, en una casa de retiro de sacerdotes ancianos. Yo dejaba el arzobispado a finales del año pasado y ya había presentado la renuncia al papa Benedicto cuando cumplí 75 años. Elegí una pieza y dije “quiero venir a vivir acá”. Trabajaré como cura, ayudando a las parroquias. Ése iba a ser mi futuro antes de ser Papa.

No le voy a preguntar a quién apoya en el Mundial...
Los brasileros me pidieron neutralidad (ríe) y cumplo con mi palabra porque siempre Brasil y Argentina son antagónicos.

¿Cómo le gustaría que le recordara la historia?
No lo he pensado, pero me gusta cuando uno recuerda a alguien y dice: “Era un buen tipo, hizo lo que pudo, no fue tan malo”. Con eso me conformo.

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