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domingo, 31 de enero de 2021

La Jornada: Fui incómodo para el Vaticano, pero no para el papa Francisco: Raúl Vera

Fui incómodo para el Vaticano, pero no para el papa Francisco: Raúl Vera

Diversidad sexual no es perversión, sino condición natural, dice

Luego de 20 años al frente de la diócesis de Saltillo, el obispo se retiró el viernes con una misa.Foto Roberto García Ortiz

Leopoldo Ramos - Corresponsal
Periódico La Jornada
Domingo 31 de enero de 2021, p. 9

Saltillo, Coah., Con 75 años encima, pero con energía suficiente para seguir al pie del cañón, en la defensa de los desfavorecidos, Raúl Vera López se dice consciente de que su gestión, por 20 años al frente de la diócesis de Saltillo, fue incómoda para el Vaticano, pero no necesariamente para el papa Francisco.

–¿Fue un obispo incómodo para Roma? –se le preguntó en entrevista, 24 horas después de entregar la diócesis de Saltillo a Hilario González García.

–Para el papa Francisco, de ninguna manera. Eso sí, vengo a resultar un obispo incómodo para una estructura que todavía queda dentro de la curia romana con una visión al estilo todavía incluso preconciliar. No sé, les parezco una persona incómoda, pero yo no creo que para las personas que tengan la mente del papa Francisco, que le damos gracias, que es un obispo que nace de este fermento nuevo de Iglesia que generaron los obispos latinoamericanos, no creo que tenga que ser una persona incómoda –señaló.

Originario de Acámbaro, Guanajuato, Vera llegó a Coahuila procedente de la diócesis de San Cristóbal de las Casas y revolucionó la manera tradicional en que los católicos y los que están fuera de la Iglesia veían la manera de predicar: encabezó marchas para reclamar los derechos de los trabajadores, sobre todo los mineros que son obligados a bajar a los socavones en condiciones inhumanas, fundó albergues para migrantes en Saltillo y Acuña, pero lo que más le costó críticas de católicos y de la sociedad fue su respaldo a grupos de homosexuales y lesbianas para que se les diera trato de cristianos.

–No son sólo los pobres, también los estigmas que se le cargan desde una visión sumamente restrictiva de la realidad de lo que es la inclinación hacia el mismo sexo, que no es una perversión, no es una enfermedad, no es algo psicológico, es una condición natural. Dios nuestro señor sabe por qué existe, es parte de la población mundial que no es abundante, es pequeña, y esas personas también necesitan estar acogidas, atendidas y con ellas resolver los problemas morales que la Iglesia tiene para aprobarlos, para aceptarlos –señaló.

–En 20 años al frente de la diócesis local nunca perdió de vista a Chiapas. ¿Qué tan lejano está el 94, con el alzamiento armado zapatista, de la realidad y la actualidad en México? –se le preguntó.

–No está lejos (…) conozco perfectamente eso porque fue parte del tribunal de los pueblos y, a partir de la preparación para la relación de planeaciones comerciales en el TLC con Estados Unidos y Canadá, hicieron la construcción por encima de los derechos de los mexicanos, todos los derechos sociales que nos habían dado en la Constitución de 1917 los revolucionarios, ahora todo eso lo perdimos, porque se le puso al Ejecutivo federal y a las cámaras hacer todo lo posible para que en México los bienes para el progreso de nuestra nación estén en manos de los titulares; eso que padecían los indígenas en Chiapas lo padecemos todos los mexicanos, todos los mexicanos somos robados en cuanto a nuestra dignidad por parte del gobierno federal y los gobiernos estatales. Lo que padecían los indígenas en Chiapas, en todo México, hoy lo padecen todos los mexicanos porque hoy se echaron encima de todo lo que nos pertenecía a nosotros, entonces se iban a la sierra de los indígenas y se apropiaban de todo, hoy se han apropiado de México unos rufianes verdaderos –consideró.

–Y que llega a Coahuila en el año 2000 y se topa con el tema de los mineros…

–Como obispo estuve con ellos. Cuando fue lo de Pasta de Conchos me llamaban las familias de los no mineros, me llamaban: señor obispo, lo necesitan los mineros, venga por favor. Me hice presente inmediatamente gracias a que tenía la gran ventaja que ser el responsable del equipo nacional de pastoral laboral. No era obispo allá, pero tenía la autoridad de parte de los obispos mexicanos de llevar ahí al equipo de pastoral laboral a atender ese asunto grave y eso me permitió empezar un proceso que terminó en la creación del colectivo de familias de Pasta de Conchos; se ha logrado bajar en 90 y tantos por ciento los desastres, los siniestros en la zona minera del carbón.

Vera considera que la lucha a favor de los mineros le dio calidad moral suficiente para encabezar la lucha de los migrantes centroamericanos, fenómeno que desde su punto de vista tiene solución, pero falta voluntad de los gobiernos.

Sí tiene soluciones, pero lo tienen que aplicar los estados. El papa se hizo cargo de la sección de los migrantes cuando creó el ministerio por la realización humana integral, entonces el papa tomó a los migrantes, la Iglesia sabe las causas de la migración y las tenemos que manejar y dar vigencia. El papa lo está haciendo desde su propio ministerio, pero los obispos nos tenemos que organizar más, señaló.

En su trayectoria como obispo de la diócesis local, Raúl Vera se enfrentó durante el sexenio de Felipe Calderón a la guerra contra el narcotráfico y los daños a la sociedad que ocasionó, como la desaparición de personas.

–¿La desaparición de personas es la gran tragedia en el México contemporáneo?

–Lo que tiene que desaparecer es el control de población, que por años en México realizaron todos los gobiernos neoliberales. No va a cesar la desaparición forzada si no vienen estas transformaciones estructurales a favor de los pobres, no de los súper ricos que los siguen protegiendo.

–¿Cómo resume su trayecto por la diócesis de Saltillo?

–Como una experiencia muy versátil. Ha sido una riqueza conocer la parte del norte de México como una etapa llena de muy buenos logros en el orden de la organización de la diócesis y de la atención que la diócesis da a grupos vulnerables como los migrantes, los familiares de las personas desaparecidas, los componentes de la comunidad LGBTI y otras muchas causas además de la atención de los mineros, porque la diócesis estuvo en la zona minera y a mí me tocó recuperar la confianza de los mineros. Para mí fue una experiencia muy fuerte, muy llena de logros pero no quiero decir que yo hice todo lo que tenía que hacer, estoy consciente de que pude haber hecho mucho más. Estoy hablando por mi pueblo, con ese pueblo hermoso que Dios me dio a pastorear hace 20 años.

–¿La teología de la liberación aplicada en tiempo real?

–Yo hablo ya de la teología latinoamericana, que fue profundizando a través de la conferencia general del episcopado latinoamericano a partir de la primera que se hizo para aplicar el Concilio Vaticano segundo, que fue la conferencia de Medellín, luego la conferencia de Puebla, luego con la conferencia de Santo Domingo donde participé.

El Concilio Vaticano segundo tiene una comprensión de la Iglesia de acuerdo con la cultura latinoamericana que es lo que se empezó llamando teología de la liberación, pero que poco a poco ha adquirido mucho más de la teología latinoamericana.

–Y ahora que dejó la diócesis de Saltillo y que está jubilado, ¿colgará el hábito?

–¡No!, cómo que colgar el hábito, si somos dominicos hasta el final de la vida. Ya no tengo autoridad en la diócesis de Saltillo, digámoslo así, pero no voy de ninguna manera a dejar de hablar con el evangelio, soy predicador del evangelio, y yo presido varias asociaciones de la sociedad civil a nivel nacional e internacional y eso no lo voy a dejar, y voy a trabajar con la sociedad civil pero voy a predicar, tengo derecho de celebrar la misa públicamente, a anunciar el evangelio porque tengo mi condición de obispo emérito, pero que me da un lugar en toda la Iglesia mexicana y dentro de la diócesis de Saltillo, pero en cualquier otro lugar, mientras no esté satanizado, me tienen que respetar porque sigo siendo un obispo en la orden de Dios. El carácter de obispo no lo pierdo.

–¿Hay Raúl Vera para rato?

–(Risas) Y no es amenaza.



martes, 20 de octubre de 2020

Fratelli Tutti: una propuesta para pensar el mundo desde los pobres - Fe y vida: Consuelo Vélez

Fe y vida: Consuelo Vélez
Fratelli Tutti: una propuesta para pensar el mundo desde los pobres



"Si hay que volver a empezar siempre será desde los últimos"Fratelli Tutti: una propuesta para pensar el mundo desde los pobres


Fratelli Tutti: una propuesta para pensar el mundo desde los pobres


"Si tantos cristianos que somos, viviéramos el evangelio, ni nuestro mundo tendría tanta injusticia, ni la dignidad humana de millones de seres humanos sería pisoteada, continuamente, de tantas formas"


"El papa propone la amistad social y la fraternidad universal pero no como simples actitudes personales -las cuales son necesarias e indispensables- sino como actitudes políticas y estructurales para transformar nuestro mundo"


"El derecho de algunos a la libertad de empresa o de mercado no puede estar por encima del derecho de los pueblos, ni de la dignidad de los pobres, ni del respeto al medio ambiente"


"Denuncia las "formas populistas" y las "formas liberales" que utilizan demagógicamente al pueblo (n.155) pero defiende la legitimidad de la noción de pueblo y denuncia los intentos de eliminar esta palabra del lenguaje. La democracia es el gobierno del pueblo"


"No puede haber un camino eficaz hacia la fraternidad universal y hacia la paz social sin una buena política y esta no es una política "para" los pobres sino "con" los pobres"



11.10.2020 Consuelo Vélez


Después de leer esta encíclica social del papa Francisco, algo extensa (8 capítulos y 287 numerales), me ha surgido abordarla a partir del título que le he dado, título que me lleva a pensar que tal vez muchos creyentes repetirán la actitud del sacerdote y del levita -de la parábola del buen samaritano- (texto que ocupa el segundo capítulo de la encíclica) y pocos tendrán la misma actitud del buen samaritano con los heridos, asaltados, vulnerados, explotados, marginados de nuestro mundo actual: "sentir compasión, vendar las heridas, echar en ellas aceite y vino, montar al herido en su propia cabalgadura y llevarlo a una posada para cuidarlo. Después, pagarle al posadero para que lo siga cuidando, asegurándole que, si gasta más dinero, él lo pagará a su regreso" (Lc 10, 25-37). Efectivamente, ser buen samaritano es asumir "una vida con sabor a evangelio" (n.1)[1] y esto sigue siendo un ideal loable pero un fracaso práctico. Si tantos cristianos que somos, viviéramos el evangelio, ni nuestro mundo tendría tanta injusticia, ni la dignidad humana de millones de seres humanos sería pisoteada, continuamente, de tantas formas.

La encíclica comienza presentando la realidad que vivimos, definiéndola como: "Las sombras de un mundo cerrado". El papa señala los "sueños rotos" de una Europa unida y una integración latinoamericana (n. 10) y la negatividad que suponen los nacionalismos crecientes (n.11). También, la prevalencia de la economía y las finanzas como modelo cultural único, en el que los intereses individuales llevan la primacía por encima de la dimensión comunitaria (n.12), la colonización cultural que priva a los pueblos de su historia, de su identidad (n.14), la polarización que no permite el diálogo (n.15) ni el trabajo por la casa común (n. 17). Algo muy acuciante es el "descarte mundial" con políticas que buscan el crecimiento económico, pero no el desarrollo humano integral (n.18-21).


Un mundo de excluidos

Un pensamiento transversal a toda la encíclica es el no respeto a la dignidad humana que tiene toda persona -sin importar su sexo, condición socioeconómica, etnia, religión, ideología política, y mejor aún, su bondad o su maldad -por eso afirma un "no" rotundo a la pena de muerte-, porque "ni siquiera el homicida pierde su dignidad personal" (n.263-270). Por esa falta de respeto a la dignidad humana, "los derechos humanos" no son iguales para todos (n. 22), las mujeres siguen siendo excluidas, maltratadas y sometidas a muchas clases de violencia (n.23), se viven diversas formas de esclavitudes (n. 24), guerras y persecuciones por motivos raciales o religiosos (n.25), obsesión por el propio bienestar, avances en tecnología, pero no en la inclusión (n.31). La economía procura reducir costos humanos, asegurando que el mercado es la solución -teoría que nunca ha mostrado su eficacia (n.33). Fenómenos como las migraciones exigen la respuesta global por parte de todos los países de "acoger, proteger, promover e integrar" (n.129). Y los medios de comunicación, con todas las bondades que encierran, tienen el peligro de crear movimientos de odio, de agresividad (n.43-44) o de enmascarar la verdad, creyendo que esta depende de la cantidad de información y no de la fidelidad a los hechos (n. 208). Frente a este mundo de sombras, Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien y la esperanza es una actitud fundamental arraigada en lo profundo del ser humano que no deja de creer en un futuro mejor (n.54-55).



La apuesta de Francisco por la fraternidad universal


Por todo lo anterior, el papa propone la amistad social y la fraternidad universal pero no como simples actitudes personales -las cuales son necesarias e indispensables- sino como actitudes políticas y estructurales para transformar nuestro mundo. El derecho a vivir con dignidad y a desarrollarse integralmente no puede ser negado en ningún país (n.107). "Mientras nuestro sistema económico y social produzca una sola víctima y haya una sola persona descartada, no habrá una fiesta de fraternidad universal" (n.110). La solidaridad es servicio y cuidado a los más débiles (n.115). Es pensar en términos de comunidad, afirmando la prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos. Es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de tierra, de vivienda, de negación de derechos sociales y laborales. Es enfrentar los destructores efectos del imperio del dinero. Pero todo esto no se hace mágicamente. Se necesita la organización social y, concretamente, los movimientos populares (n.116) para exigir tierra, techo y trabajo para todos, verdadero camino hacia la paz (n.127)

Ante tantas demandas actuales, Francisco recuerda la función social de la propiedad: La tradición cristiana nunca reconoció como absoluto e intocable el derecho a la propiedad privada. Este es un derecho natural secundario y derivado del principio del destino universal de los bienes. En las sociedades actuales, este orden es invertido frecuentemente (n.118-120). El derecho de algunos a la libertad de empresa o de mercado no puede estar por encima del derecho de los pueblos, ni de la dignidad de los pobres, ni del respeto al medio ambiente. La apropiación de algo solo debe ser para administrarlo pensando en el bien de todos (n.122).

La amistad social solo es posible desde una política puesta al servicio del bien común (n.154). En este sentido es muy importante entender la propuesta del papa porque, en momentos políticos tan convulsionados como los que vivimos en América Latina, se puede tergiversar fácilmente su pensamiento. Denuncia las "formas populistas" y las "formas liberales" que utilizan demagógicamente al pueblo (n.155) pero defiende la legitimidad de la noción de pueblo y denuncia los intentos de eliminar esta palabra del lenguaje. La democracia es el gobierno del pueblo, es la capacidad de tener un sueño colectivo. Por eso si los términos "pueblo" y "popular" no se incluyen, se estaría renunciando a un aspecto fundamental de la realidad social (n.157), Ser parte de un pueblo es formar parte de una identidad común (n.158). La política ha de promover el bien del pueblo, logrando un verdadero desarrollo económico (n.161-162).



Servicio Jesuita a Migrantes: "Europa camina: ¿Un Pacto de Mínimos?"


Populismo y dictadura de las finanzas

Las visiones liberales rechazan la categoría pueblo porque tienen una visión individualista y acusan de populistas a los que defienden los derechos de los más débiles (n.163). Estas visiones liberales, impregnadas de neoliberalismo, pretenden que el mercado resuelva todo. La pandemia ha evidenciado la falacia de la libertad del mercado y la dictadura de las finanzas (n.168). Muchas visiones economicistas no dejan lugar a los movimientos populares, ni consideran que la política debe incorporar a los pobres como sujetos, sin embargo, sin ellos, "la democracia se atrofia, se convierte en un nominalismo, una formalidad, pierde representatividad, se va desencarnando porque deja afuera al pueblo en su lucha cotidiana por su dignidad, por la construcción de su destino" (n.169). En definitiva, no puede haber un camino eficaz hacia la fraternidad universal y hacia la paz social sin una buena política y esta no es una política "para" los pobres sino "con" los pobres (n.176).

Por eso, rehabilitar la política es una de las formas más preciosas de la caridad porque busca el bien común (n.180). La caridad es más que un sentimiento subjetivo, es un compromiso con la verdad y con la construcción de proyectos y procesos de desarrollo humano de alcance universal. (n.184). La caridad, corazón del espíritu de la política, es siempre un amor preferencial por los últimos que implica mucho más que obras asistenciales. Es sobre todo abrir los cauces de participación social a los pobres para vivir el principio de la subsidiariedad que es inseparable del de la solidaridad (n.187).

La propuesta del diálogo y la amistad social supone un reconocimiento del otro, de sus posibles verdades, una escucha sincera y una búsqueda conjunta del bien común, sin pretender salvar solamente el punto de vista propio. Supone abrirse a la verdad y aceptar principios fundamentales -como el de la dignidad humana- para poder construir consensos. Estos no implican relativismo sino la aceptación de valores fundamentales que pueden unir a ateos y a creyentes (n.198-214). En este mismo sentido, el diálogo favorece la cultura del encuentro que supone tender puentes y derribar muros. El sujeto de esta cultura del encuentro es el pueblo porque el diálogo que busca la paz social no puede callar las reivindicaciones sociales. Por el contrario, debe llevar a incluir a todos y garantizar los derechos para todos. Cuando un sector pretende disfrutar de todo como si los pobres no existieran, provoca tarde o temprano la violencia. Un pacto social realista e inclusivo debe ser también un pacto cultural (n.215-221).



Papa Francisco y la paz


La construcción de la paz supone la verdad histórica -el pueblo tiene derecho a saber lo que pasó-, y va de la mano de la justicia y la misericordia (n. 225-227). La amistad social implica acercamiento a los grupos sociales distanciados, pero también el reencuentro con los más empobrecidos y vulnerables (n.233). Quienes pretenden pacificar a una sociedad no deben olvidar que la inequidad y la falta de desarrollo humano integral no permiten generar la paz. Si hay que volver a empezar siempre será desde los últimos (n.235).


No hay guerra justa

La superación de los conflictos implica el perdón y la reconciliación. Pero el perdón no es aceptar el mal que otros infringen ni dejar de luchar por los derechos vulnerados (n.241). Es no dejarse atrapar por la venganza y cultivar las virtudes que favorecen la reconciliación, la solidaridad y la paz (n.243). Es necesario vencer la tentación de caer en la lógica de la guerra con excusas supuestamente humanitarias. No hay guerra justa, ¡nunca más la guerra! (n.258)

La fraternidad universal no puede vivirse sin el aporte que tienen todas las religiones (n.271) y sin el testimonio de la unidad (n.280). Además, las religiones han de conversar y actuar juntas por el bien común y la promoción de los más pobres (n.282). La paz está inscrita en el corazón de todas las religiones (n. 284) y ninguna religión ha de promover la intolerancia, la guerra, ni los sentimientos de odio (n.285).

La encíclica termina haciendo referencia a Carlos de Foucauld, quien realizó su entrega a Dios, identificándose con los últimos, abandonados en lo profundo del desierto africano. Su deseo era sentir a cualquier ser humano como un hermano y pedía a un amigo suyo que rogara para que Él fuera realmente el hermano de todos. Quería ser el hermano universal. Y sólo identificándose con los últimos llegó a ser hermano de todos (n.287).


No se escucha la voz de las mujeres

Y retomo lo que dije al inicio. Este mensaje del pobre, del dejarlo todo para seguir a Jesús "es muy duro" y pocos entran por la "puerta estrecha" -como le pasó al joven rico del evangelio- (Mt 19, 16-30). Construir un mundo desde los últimos no es la lógica imperante. No es el ideal de muchos cristianos. No es el punto de vista de muchos que dicen creer en Dios y en la fraternidad universal. Por eso ante esta encíclica muchos enfatizan la alegría de la fraternidad, lo bonito de la amistad social, lo importante de recuperar la ternura y la amabilidad, la urgencia de no caer en populismos, lo bueno de entablar el diálogo ecuménico y muchos otros aspectos válidos e importantes pero que no constituyen el corazón de la encíclica, ni del evangelio. Pero la invitación de Jesús al banquete del reino (Mt 22, 1-14) sigue vigente y tal vez algunos decidan entrar y poco a poco la mesa se llene de comensales dispuestos a empezar por los últimos y hacer posible un mundo de hermanos y hermanas donde nadie sea el mayor sino todos servidores de los demás.



Mujeres en la Asamblea Sinodal del Sínodo para la Amazonía


Lástima que el papa Francisco que habla con audacia y claridad en los temas aquí expuestos, no escuchó la voz de las mujeres que explícitamente le pidieron usar el lenguaje inclusivo para que la encíclica respondiera más al cambio de mentalidad y estructural que urge en la sociedad y en la iglesia para una inclusión real de ellas en estas instancias y que en su horizonte no parezcan entrar otras realidades actuales como la diversidad sexual, totalmente invisibilizada en este documento y sin la cual no se podrá construir nunca una fraternidad y sororidad universales. 

[1] Los números entre paréntesis corresponden al numeral de la encíclica



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