sábado, 28 de agosto de 2010

Compartimos preocupación las Comunidades Eclesiales de Base San Cristóbal de Las Casas.

San Cristóbal de Las Casas, Chiapas a 09 de agosto del 2010.
BOLETIN No, CEBs-01

Al GOBIERNO MUNICIPAL
GOBIERNO DEL ESTADO
GOBIERNO FEDERAL
SECRETARIA DEL MEDIO AMBIENTE Y VIVENDA
ORGANIZACIONES AMBIENTALISTAS
SECRETARIA DE DESARROLLO URBANO Y OBRAS PÚBLICAS
SOCIEDAD CIVIL NACIONAL INTERNACIONAL
MEDIOS DE COMUNICACIÒN NACIONAL INTERNACIONAL
ORGANIZACIONES SOCIALES NACIONALES INTERNACIONALES
DEFENSORES DE LOS DERECHOS HUMANOS NACIONAL INTERNACIONAL
JUNTAS DE BUEN GOBIERNO DEL (EZLN)
PUEBLO CREYENTE DE LA DIOCESIS DE SAN CRISTÒBAL DE LAS CASAS
COMUNIDADES ECLECIALES DE BASE NACIONAL

Nosotros y nosotras las Comunidades Eclesiales de Base de las siete parroquias que conforman la zona centro de San Cristóbal de Las Casas. Por este medio queremos denunciar la situación tan triste y dolorosa por lo que esta sucediendo en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas por el deterioro y devastación de los cerros por la extracción y explotación indiscriminada de material pétreo (bancos de arena y grava), el otorgamiento de permisos de cambio de uso de suelo para la construcción de fraccionamientos en zona de humedales, así como el que se esta construyendo en la zona de la primavera donde actualmente se encuentra la clínica de la mujer.

Así también el intento de construir el complejo comercial la SORIANA en zonas deportivas sin tomar en cuenta el impacto ambiental que esto pueda ocasionar, no se esta tomando en cuenta la previa consulta y consentimiento de los ciudadanos y vemos que las autoridades están actuando de manera arbitraria al no tomar en cuenta las leyes y normas que regulan la protección del medio ambiente, pasando por alto sus obligaciones de proteger, cuidar y defender estos espacios considerados y decretados como zonas de recreación y conservación ecológica.

Estas actitudes de las autoridades obedecen a los intereses económicos de empresas
Que con el discurso de generar "empleo y desarrollo" están imponiéndose a costa del deterioro ambiental, favoreciendo así el procesó de los tratados de libre comercio generadores de mas pobreza, miseria, explotación y la privatización de nuestro cursos naturales.

Por esta razón hemos reflexionado y analizado profundamente que si las autoridades siguen actuando en la lógica del deterioro ambiental, esto traerá consecuencia grave en nuestro futuro. Como Comunidades Eclesiales de Base el día domingo 8 de agosto del presente año decidimos realizar Actividades de reforestación y reelección de basura en la zona de humedales de navajuelos y zona de bombeo de Maria auxiliadora, donde participamos al rededor de 550 personas de diferentes barrios y colonias de la zona sur de la cuidad de San Cristóbal de Las Casas.

Hacemos también un llamado a toda la sociedad civil, organizaciones no gubernamentales, comunidades y sociedad en general a sumarse en la promoción y defensa de nuestros recursos naturales en nuestros territorios de los diferentes puntos de nuestro estado y nuestro país, así como construir entre todos un frente común para evitar el avance de los proyectos transnacionales al ampara de los gobiernos que pretenden despojarnos de nuestros recursos naturales, como por ejemplo los proyectos eco turísticos en el ejido San Sebastián Bachajòn, agua clara, agua azul y también la construcción de súper carretera San Cristóbal- Comitán y palenque donde este proyecto a causado conflictos, división, muerte, amenazas, encarcelamiento y como es el caso de Mitziton por defender su territorio.

Por lo anterior. Exigimos lo siguiente:

1.- Que las autoridades municipales y estatales den un informe sobre los términos en que se están otorgado los permisos de cambio de uso de suelo para construir fraccionamientos en zona de humedales en la ciudad de San Cristóbal de Las Casas..

2.- La suspensión de la explotación irracional de los bancos de arena en la zona conocida como "salsipedes"

3.- Cancelación inmediata del proyecto comercial denominado la SORIANA en el lugar que ocupa el área deportiva.

4.- Cancelación de los permisos de cambio de uso de suelo para la construcción de fraccionamientos en zona de conservación ecológica.


ATENTAMENTE:

Las Comunidades Eclesiales de Base y Barrios y Colonia de la Zona Sur de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.



http://www.otrosmundoschiapas.org/index.php/soberania/73-soberania/782-no-al-megacentro-soriana-en-san-cristobal-de-las-casas.html

Fortaleciendo y Tejiendo Nuestras Redes

“Fortaleciendo y Tejiendo Nuestras Redes”
Red de Teólogas y Pastoras – Brasil, São Paulo, 28 a 30 de Julio de 2010
Pastoral de Mujeres y Justicia de Género del CLAI
Centro Otília Chaves – Faculdade de Teologia / UMESP
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El Encuentro “Fortaleciendo y Tejiendo Nuestras Redes” fue fruto del deseo de la Pastoral de Mujeres y Justicia de Género del Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI) de realizar un análisis de la realidad y de las nuevas teologías, y de dar continuidad a las articulaciones de teólogas y pastoras que actúan en la Iglesia y en la sociedad, recuperando la memoria histórica y reflexionando aspectos empoderadores sobre aspectos bíblico-teológicos relevantes al tercer milenio en el contexto continental.

El trabajo en conjunto entre la Pastoral de Mujeres y Justicia de Género del CLAI y el Centro Otília Chaves – Faculdade de Teologia / UMESP, viabilizó la realización de este encuentro, que contó con la participación de aproximadamente 40 teólogas y pastoras de las regiones de CLAI Brasil, Andina y Río de la Plata.

La solidaridad entre otras instituciones amplió las posibilidades con el apoyo de la Iniciativa Misionera Regional en América Latina de la División de Mujeres de la Junta General de Ministerios Globales (JGMG), de la Reformierte Landeskirche Aargau, de la Mission 21 Evangelisches Missionswerk Basel, de la Comunidad Teológica Evangélica de Chile y del Consejo de Iglesias Evangélicas Metodistas de América Latina y el Caribe (CIEMAL).

La historia de las redes entre teólogas y pastoras latinoamericanas y caribeñas continúa, y en este presente tiempo levantamos juntas nuestras voces y declaramos que:

1. Reconocemos la existencia de la violencia de género que se expresa de forma exponencial en crecientes prácticas de femicidios, trata/tráfico y explotación sexual de mujeres, niñas y niños, bien como en la ‘feminización’ de la pobreza. Llamamos a todos los segmentos de la Iglesia y de la sociedad a tomar consciencia, repudiar y denunciar esta realidad, combatiendo las profundas dimensiones de procesos de omisión y connivencia que son parte de nuestra herencia cultural colonizada. Nos comprometemos a promover y concretizar el cambio de paradigmas, la educación de derechos y la incidencia en políticas públicas y eclesiales para erradicación de todas las formas de la violencia de género.

2. Reconocemos que las mujeres tienen una significativa producción intelectual en distintas áreas epistemológicas, también en el campo de la teología, hermenéutica y del fenómeno religioso, sin embargo, denunciamos la existencia de un proceso de invisibilización y silenciamiento de ese trabajo no apenas por hombres, sino también por mujeres, en la academia y en instituciones eclesiásticas. Delante de esto, llamamos al reconocimiento, a la valorización, a la promoción y a la divulgación de ese saber, y nos comprometemos a hacer visible esa producción en el nivel pastoral, académico y social.

3. Reconocemos que la opresión sobre las mujeres está generando una sociedad enferma. Desde la más tierna infancia hay una constante disminución de su autoestima con la banalización del cuerpo. La coerción para un desarrollo precoz de la sexualidad comienza con la falta de consciencia de la propia familia y permite la aceleración de las influencias externas. Es necesario una concientización a partir de la familia, escuela e Iglesia, para la interrupción y mudanzas de este proceso, garantizando el respeto y la valorización de la mujer y promoviendo el concepto
bíblico de salud integral que engloba y cruza todas las relaciones.

4. Reconocemos que la concentración de hombres en el ejercicio de poder e instancias de decisión, incluso en la Iglesia, es un indicador de la desigualdad institucional de género. Llamamos a las instituciones a revisar la política que excluye y a crear mecanismos de inclusión de las mujeres en las instancias de decisión y poner en práctica modelos de poder compartidos, democráticos y transparentes.

5. Reconocemos que la reflexión teológica liberadora a partir de hermenéuticas bíblicas feministas desvelan las relaciones de poder y dominación simbolizadas en los papeles sociales tradicionales de género culturalmente designados a las mujeres y hombres en los textos bíblicos. Delante de esto, proponemos hermenéuticas bíblicas en la perspectiva de la categoría relacional de género, que deslegitima y ‘desnaturaliza’ la violencia contra las mujeres presente en la tradición teológica cristiana cuando se impone de forma patriarcal, androcéntrica y universalizante.

6. Reconocemos que es necesario rehacer la historiografía, y nos comprometemos a hacer memoria, recordando a las muchas mujeres que osaron y tuvieron papel decisivo en la construcción de una nueva visión de Iglesia y sociedad.

7. Reconocemos que la degradación del medio ambiente asume proporciones asustadoras y acelera los riesgos de desastres ambientales. Llamamos a las familias, escuelas e Iglesias a tomar actitudes cotidianas y acciones concretas en el rescate de valores y en el compromiso con la Creación y con el Reino de Dios.

8. Reconocemos que la comunicación también reproduce modelos sociales patriarcales y abusivos, convirtiendo a los sujetos de acción en objetos. Convocamos a tomar consciencia y cuidado con el lenguaje para la promoción de la inclusión y justicia de género. La nueva forma de comunicación incluye mujeres y hombres, y es capaz de mudar las relaciones de la sociedad, tanto en el microcosmos como en el macrocosmos.

En esperanza solidaria por justicia y vida, reafirmamos nuestra vocación teológica y pastoral.
“Las cosas antiguas ya pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Co 5, 17)
“(…) así también andemos en novedad de vida.” (Ro 6, 4)
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miércoles, 25 de agosto de 2010

Un círculo vicioso mortal

Un círculo vicioso mortal
2009-08-07


Estamos todos sentados encima de paradigmas civilizacionales y económicos fallidos. Es lo que nos revela la actual crisis global con sus varias ramificaciones. A corto y a medio plazo no hay nada que se presente como consistente. Somos pasajeros de un avión en vuelo ciego. Lo que se ofrece es hacer correcciones y controles a la Keynes, que en el fondo son cambios en el sistema, pero no cambios del sistema. Pero es el sistema lo que resulta realmente insostenible, incapaz de ofrecer un horizonte prometedor para la humanidad. Por eso, se demanda otro sistema y otro paradigma de habitar este pequeño, viejo, devastado y superpoblado planeta. Es urgente porque el tiempo del reloj corre en contra nuestra y tenemos poca sabiduría y escaso sentido de cooperación.

Por causa de los intereses de los poderosos, que no hacen lo necesario para evitar lo fatal, las soluciones que están siendo puestas en marcha en el mundo van en la línea de «más de lo mismo». Esto es absolutamente irracional, pues ha sido ese «mismo» lo que nos ha llevado a la crisis, que puede evolucionar hacia una tragedia completa.

Estamos, pues, enredados en un círculo vicioso letal. Les guste o no a los economistas -los «salvadores» del mundo-, tenemos a la vista dos puntos muertos: uno humanitario y otro ecológico. El primero es de naturaleza ética: la conciencia planetaria, surgida como consecuencia de la globalización, suscita la pregunta: ¿cuánta inhumanidad y crueldad aguanta el espíritu humano cuando verifica que el 20% de las personas consume el 80% de toda la riqueza de la Tierra, condenando al resto a la cruz de la desesperación, acorralada por los límites de la supervivencia? ¿Aceptará el veredicto de muerte sobre ella... o se resistirá, se indignará y finalmente se rebelará por instinto de supervivencia? El ideal capitalista de crecimiento ilimitado en un planeta limitado ya no se puede seguir proponiendo o sólo bajo una gran violencia.

El segundo es el límite ecológico. El capitalismo creó la cultura del consumo y del desperdicio, cuyo prototipo es la sociedad norteamericana. Generalizar esta cultura —ya se han hecho los cálculos― necesitaría dos o más Tierras semejantes a la nuestra, lo que hace el proyecto irrealizable. Por otra parte, hemos llevado al límite los recursos y servicios de la Tierra y los sobrepasamos en un 40%. Todas las energías alternativas a la fósil, manteniendo el consumo actual, cubrirían solamente el 30% de la demanda global. Como se ve, dentro del mismo modelo, somos un sapo que se va cociendo lentamente sin posibilidad de salirse de la olla.

Hay tres propuestas creativas: la economía solidaria, que no se guía por el objetivo capitalista de maximización del lucro ni por su apropiación individual; el cambio de monedas regionales, y la tercera es la de la biocivilización y la Tierra de la Buena Esperanza, del economista polaco que dirige un centro de investigación sobre Brasil en Paris: Ignacy Sachs. Esta propuesta da un lugar central a la vida y a la naturaleza, considerando a Brasil el lugar donde se anticipa. Las tres son posibles, pero todavía no han acumulado fuerza suficiente para ser hegemónicas.

Ellas tal vez podrían salvarnos. ¿Pero tendremos tiempo hábil? Bien decía Gramsci: «lo viejo no acaba de morir y a lo nuevo le cuesta nacer». No se desmonta una cultura de un día para otro. Quien está acostumbrado a comer filete de lomo, difícilmente se resignará a comer huevo.

Mi sentimiento del mundo dice que vamos al encuentro de una formidable crisis generalizada que nos llevará al límite de la supervivencia. Cuando el agua nos llegue a la nariz, haremos todo para salvarnos. Posiblemente seremos todos socialistas, no por ideología sino por necesidad: los escasos recursos naturales serán repartidos ecuánimemente entre los humanos y los demás vivientes de la comunidad de vida.

San Agustín sabiamente enseñó que hay dos factores que producen en nosotros grandes transformaciones: el sufrimiento y el amor. Debemos aprender ya ahora a amar y a sufrir por esta única Casa Común a fin de que pueda ser una gran Arca de Noé que albergue a todos. Entonces la Tierra de la Buena Esperanza sí será señal de un Jardín del Edén que todavía está por venir.

Leonardo Boff
http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=340

sábado, 7 de agosto de 2010

Lectura Popular de la Biblia | DVC-7, 2010

DIOS VIVE EN LA CIUDAD
Construyendo una red de comunidades
Boletín-7, Septiembre de 2010
Lectura popular de la Biblia


1. La reforma de Martín Lutero

La reforma iniciada por Martín Lutero, que tomaba a la Sagrada Escritura como única autoridad en materia de fe, influyó en que muchos cristianos fueran dejando de lado su lectura, quedando reducida esta al uso litúrgico y al estudio de personas especializadas.

2. Dei Verbum

El Concilio Vaticano II con la Constitución “Dei Verbum” sobre la Divina Revelación dio un fuerte impulso a la lectura de la Biblia, más allá del uso litúrgico y del uso de los especialistas.

La constitución dogmática Dei Verbum en el capítulo 4 en el número 21 nos dice que las Sagradas Escrituras junto con el Cuerpo del Señor son el pan de vida y juntamente con la Sagrada Tradición, se le considera como la regla suprema de la fe. Es necesario, por consiguiente, que toda la predicación eclesiástica, como la misma religión cristiana, se nutra de la Sagrada Escritura, y se rija por ella.

3. Proceso bíblico popular

Motivados por el Concilio que deseaba poner la Biblia en manos del pueblo, se inició un movimiento bíblico en diferentes países. Luego, a la lectura de la Biblia con el pueblo se integró la opción por los “pobres” en la que tanto insistieron tanto el Concilio, como Medellín y Puebla.

4. Método Ver-Juzgar-Actuar

El pueblo sencillo comenzó a leer la Biblia desde su propia vida, pero en una forma un tanto desorganizada. Por eso algunos especialistas que quisieron ayudar al pueblo a leer la Biblia aplicaron el método VER-JUZGAR-ACTUAR a la lectura de la Biblia y este método se aplicó sobre todo en la lectura que hacen las Comunidades Eclesiales de base. Una lectura que parte de la vida en orden a caminar en la fe de acuerdo a lo que Dios quiere.

5. Algunos textos bíblicos

La lectura de la biblia con el pueblo privilegia algunos textos entre los que cabe mencionar:

Se va tomando conciencia de ser “pueblo de Dios” liberado de la esclavitud de Egipto y llamado a una tierra buena (Ex 3, 6-9; 20, 2)

La forma comunitaria en que vivían los primeros que creyeron en la Resurrección de Jesús (Hechos 2, 43-47 y 4, 34-37)

La lectura que hace Jesús en la sinagoga de Nazaret en la que aparece con claridad su misión (Lucas 4, 16-21).

La misión de la Iglesia, cuando Jesús resucitado envía a sus discípulos en la narración de Juan 20, 21-23.

El libro de los Hechos presenta el nacimiento de la Iglesia bajo el impulso del Espíritu Santo.

Jesús tiene una preferencial misericordia por los pequeños y desamparados.

6. Espiritualidad en el seguimiento de Jesucristo

Descubrimos entonces que la lectura popular de la Biblia va creando una nueva espiritualidad en el seguimiento de Jesucristo, para vivir más de acuerdo con sus enseñanzas y ejemplos.

Una espiritualidad que busca construir la Iglesia como comunidad que escucha la Palabra, hace oración y vive para el amor y la solidaridad. Una espiritualidad que continúa construyendo el reino de Dios. Una espiritualidad en donde el Espíritu construye una Iglesia ministerial.

7. La Lectio divina

Para llevar a la práctica la lectura popular de la biblia nos puede ser muy útil seguir el método de la Lectio divina: Lectura, meditación, oración, contemplación.

Antes de hacer la lectura hemos de encomendarnos a Dios y platicar un poco de nuestra vida personal y social de modo que hagamos una lectura creyente y actualizada.

La lectura consiste en leer atenta y detenidamente el texto, (de preferencia varias veces); aquí tratamos de responder a la pregunta ¿Qué dice el texto?

La meditación sería relacionar lo que el texto nos dice a nosotros; responde a la pregunta ¿Qué nos dice el texto?

La oración consiste en responder a Dios que nos ha hablado por medio del texto; responde a la pregunta ¿Qué respuesta damos a Dios que nos ha hablado?

Y finalmente la contemplación consiste en formular un compromiso para llevar a cabo lo que Dios nos pide. Responde a la pregunta ¿A qué nos comprometemos?


Intentemos hacer la lectura comunitaria de la Palabra de Dios. Mucho ánimo.

Pbro. Cosme Carlos

jueves, 22 de julio de 2010

Cómo hacer la transición del viejo al nuevo paradigma

Cómo hacer la transición del viejo al nuevo paradigma
Leonardo Boff, teólogo
Koinonía, 17 de Julio de 2010

Damos por ya realizada la demolición crítica del sistema de consumo y de producción capitalista junto con la cultura materialista que lo acompaña. O lo superamos históricamente o pondrá en gran riesgo a la especie humana.

La solución para la crisis no puede venir del propio sistema que la ha provocado. Como decía Einstein: «el pensamiento que creó el problema no puede ser el mismo que lo solucionará». Estamos obligados a pensar diferente si queremos tener futuro para nosotros y para la biosfera. Por más que se agraven las crisis, como en la zona euro, la voracidad especulativa no remite.

Lo dramático de nuestra situación reside en el hecho de que
no tenemos ninguna alternativa suficientemente vigorosa y elaborada que venga a sustituir el sistema actual. No por eso debemos desistir del sueño de otro mundo posible y necesario. La sensación que vivenciamos ha sido bien expresada por el pensador italiano Antonio Gramsci: «lo viejo se resiste a morir y lo nuevo no consigue nacer».

Pero por todas partes en el mundo hay una amplia siembra de alternativas, de estilos nuevos de convivencia, de formas diferentes de producción y de consumo. Se proyectan sueños de otro tipo de geosociedad, poniendo en actividad a muchos grupos y movimientos, con la esperanza de que algo nuevo podrá brotar desde dentro del viejo sistema en erosión. Este movimiento mundial gana visibilidad en los Foros Sociales Mundiales y recientemente en la Cúpula de los Pueblos por los derechos de la Madre Tierra, realizada en abril de 2010 en Cochabamba (Bolivia).

La historia no es lineal. Se hace por rupturas provocadas por la acumulación de energías, de ideas y de proyectos que en un momento dado introducen una ruptura y entonces lo nuevo irrumpe con vigor suficiente para alcanzar hegemonía sobre todas las otras fuerzas. Se instaura entonces otro tiempo y una nueva historia comienza.

Mientras esto no suceda, tenemos que ser realistas. Por una parte, debemos buscar alternativas para no quedar rehenes del viejo sistema, y por la otra, estamos obligados a estar dentro de él, a seguir produciendo, no obstante las contradicciones, para atender las demandas humanas. En caso contrario, no evitaríamos un colapso colectivo con efectos dramáticos.

Debemos, por lo tanto, andar sobre las dos piernas: una apoyada en el suelo del viejo sistema y la otra, en el suelo nuevo, dando énfasis a este último. El gran desafío es cómo procesar la transición entre un sistema consumista que estresa a la naturaleza y sacrifica a las personas y un sistema de sostenimiento de toda vida en armonía con la Madre Tierra, con respeto a los límites de cada ecosistema y con una distribución equitativa de los bienes naturales e industriales que hemos producido. Intercambiando ideas en Cochabamba con el conocido sociólogo belga François Houtart, uno de los buenos observadores de las actuales transformaciones, convergimos en estos puntos para la transición de lo viejo a lo nuevo.

Nuestros países del Sur deben
en primer lugar luchar, aun dentro del sistema vigente, por normas ecológicas y regulaciones que preserven lo más posible los bienes y los servicios naturales o traten su utilización de forma socialmente responsable.

En segundo lugar, los países del gran Sur, especialmente Brasil,
no deben aceptar ser reducidos a meros exportadores de materias primas, sino incorporar tecnologías que den valor añadido a sus productos, crear innovaciones tecnológicas y orientar su economía hacia el mercado interno.

En tercer lugar, que
exijan a los países importadores que contaminen lo menos posible y que contribuyan financieramente a la preservación y regeneración ecológica de los bienes naturales que importan.

En cuarto lugar, que consigan una legislación ambiental internacional más rigurosa para los que menos respetan los preceptos de una producción ecológicamente sostenible, socialmente justa, los que relajan la adaptación y la mitigación de los efectos del calentamiento global e introducen medidas proteccionistas en sus economías.

Lo más importante de todo, sin embargo, es formar una coalición de fuerzas a partir de gobiernos, instituciones, iglesias, centros de investigación y de pensamiento, movimientos sociales, ONGs y todo tipo de personas en torno a valores y principios colectivamente compartidos, bien expresados en la Carta de la Tierra, en la Declaración de los Derechos de la Madre Tierra o en la Declaración Universal del Bien Común de la Tierra y de la Humanidad (texto básico del incipiente proyecto de reinvención de la ONU) y en el Vivir Bien de las culturas originarias de las Américas.

De estos valores y principios se espera la creación de instituciones globales y, quien sabe, la organización de una gobernanza planetaria que tenga como propósito preservar la integridad y vitalidad de la Madre Tierra, garantizar las condiciones del sistema-vida, erradicar el hambre y las enfermedades prevenibles, y forjar las condiciones para una paz duradera entre los pueblos y con la Madre Tierra.

viernes, 9 de julio de 2010

Volver a las cebs

Un recuerdo de lo que se comentaba en Ecuador en la víspera de la V CELAM de Aparecida

Volver a las comunidades eclesiales de base /
Martes 27 de marzo de 2007

Volver a las comunidades eclesiales de base debe ser una exigencia en la V Conferencia del CELAM, no tanto para resignificar o replantear la doctrina o el evangelio, sino para “vivir el evangelio”, sostuvo Carmita Coronado en el programa radial “Buenas nuevas en buenas ondas”.

Dijo que el sentido de las comunidades eclesiales no sólo significa revivir las experiencias de los primeros cristianos, sino fundamentalmente “volver o recoger esas experiencias que son las raíces, los fundamentos de un verdadero vivir cristiano”.

Volver a la comunidad, ser comunidad, ser discípulos y misioneros en una época de cuestionamientos, de crisis fuerte como en la iglesia católica es un desafío de hoy, para todo cristiano, señaló.

Carmita Coronado es responsable nacional de la Catequesis de la Conferencia Episcopal del Ecuador y directora de la carrera de Teología y Pastoral en la Universidad Salesiana del Ecuador.

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5 Mensajes del foro
Volver a las comunidades eclesiales de base
7 de abril de 2007, por Ricardo Calle

Pienso que la gran misión que se iniciará en latinoamerica luego del V CELAM debe ser volver a trabajar por la CEB. Allí es el lugar donde las familias pueden sentirse "Iglesia: Pueblo de DIos" (CVII . LG). Oremos para que los obispos con la ayuda del Esíritu Santo puedan discernir los signos de los tiempos y luego de discernir apuesten nuevamente por las CEB.

"Acudían a la enseñnanza, a la fracción del pan, ..no había entre ellos ningún necesitado" (hechos de los apóstoles) ese debería ser la motivación de todos cristiano para promover las CEB y decir com Jesús antes de ir al Padre: "Que todos sean uno".

Finalmente las CEB´s son el espacio más propicio para poder vivir la espiritualidad de comunión, tal como Juan Pablo II nos lo digo en NMI 43.
Gracias

COMUNION Y AUTONOMIA EN LA IGLESIA DE JESUS

COMUNIÓN Y AUTONOMÍA EN LA IGLESIA DE JESUS
JOSE SANCHEZ SANCHEZ PBRO.
1 de Julio de 2010


En varias ocasiones y lugares he escuchado comentarios de que las Cebs. no son Iglesia por no estar articuladas a la parroquia y a la diócesis, por tener una articulación que va más allá de la parroquia y la diócesis o porque no están en comunión con los pastores. ¿Se puede afirmar que no están en comunión con la iglesia, por no estar en comunión con los pastores, si son rechazadas por ellos y no les permiten articularse con la parroquia o con la diócesis? ¿Qué es la comunión en la iglesia y de las Iglesias? ¿La autonomía y la comunión están en contraposición, es decir, si vives la autonomía no vives la comunión y viceversa?

Quiero en el presente artículo reflexionar en primer lugar sobre la comunión, posteriormente sobre la autonomía en la Iglesia particular, y en tercer lugar, sobre la Comunidad Eclesial de base, Iglesia que vive la comunión y la autonomía.


1.- LA IGLESIA MISTERIO DE COMUNIÓN.

La comunión es una dimensión fundamental de la Iglesia de Jesús. Es su rostro visible. Muchos por ella, se encuentran con Jesús. Jesús pidió al Padre que sus discípulos y discípulas sean uno como El y el Padre son uno para que el mundo creyera que él es el enviado (Cf. Jn 17 21). La comunión es el camino que conduce a la fe en Jesús. Los Hechos de los Apóstoles nos dicen que los primeros abrazaban la fe, vivían unidos y compartían el pan en las casas, que poseían todo en común y se ganaban así el aprecio de las personas (Cf. Hech 2 47). La comunión es uno de los 5 elementos constitutivos de la Iglesia. Estando en la etapa de relanzamiento de las Cebs., es importante reflexionar sobre el tema.

La iglesia es misterio de porque es la expresión visible de la comunión de la Trinidad. “Así toda la Iglesia aparece como un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (LG 4). El fundamento de la comunión de la iglesia es la Trinidad misma. El misterio de la iglesia surge del ser comunitario, trinitario de Dios. La iglesia es el sacramento de la Trinidad, donde está la iglesia, ahí está el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (Tertuliano).

El Espíritu Santo es el principio invisible de la Iglesia; Él une a la iglesia y la comunión es don suyo; pero es también tarea humana, porque en la medida que los miembros de la iglesia derriban todo muro de egoísmo y de división, de intransigencia o discriminación, se abren a la obra del Espíritu Santo y colaboran a la unidad de la Iglesia. El Espíritu Santo es el agente de la comunión y los miembros de la Iglesia son el sujeto. El Espíritu es el don de Cristo resucitado, que vive en la iglesia y que actúa en y a través de ella. Si se deja guiar por el Espíritu construye la comunidad de amor, colabora a edificar un mundo de paz y de unidad.

La comunión tiene elementos, que la manifiestan y la refuerzan:

1. La Misión. Compartir la misión de servir al Reino de Dios al estilo de Jesús, crea la comunión. Este es un elemento central, falla éste, falla la comunión. Puede estar la Iglesia organizada, pero si no construye el Reino, no está en comunión ni en ella, ni con las demás Iglesias.

2. El compartir los bienes. Para san Lucas, la comunión consiste en tener bienes en común, en compartirlos de una manera desinteresada. Este es la razón por la que, en los sumarios de la Iglesia de Jerusalén, se dice que “En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo y nadie consideraba como propio nada de lo que poseía, sino que tenían en común las cosas” (Hech 4,32). Esta es la razón por la que “No había entre ellos necesitados, porque todos los que tenían bienes o casas los vendía, llevaban el precio de lo vendido y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según sus necesidades” (Hech 4, 34-35). A Bernabé es ejemplo porque vendió su campo y el dinero lo puso en manos de los apóstoles (Cf. Hech 4, 35-37). En cambio, Ananías y su esposa Safira son ejemplo de lo que no se debe hacer, querer engañar al Espíritu Santo, no queriendo compartir todo en lo que habían vendido su propiedad (Hech 5, 1-11).

San Pablo invita a los cristianos de Corinto a ser generosos en la colecta de la que ellos mismos tomaron la iniciativa y a la que invitaron a las comunidades de Macedonia. Esa acción es como un acto de culto, es decir, una acción litúrgica que glorificará a Dios y dará oportunidad para que los que serán beneficiados con ella, también glorifiquen a Dios (Cf. 2Cor 9,12-14).

3. La Fracción del Pan, memorial de la muerte y resurrección del Señor Jesús, quien en la última cena con sus discípulos, haciendo una síntesis de todas las comidas que había celebrado durante su vida, da su Cuerpo que será entregado y da a beber del cáliz de su sangre que será derramada por todos (Cf. Lc 22, 19-20). Luego dice: “Hagan esto en memoria mía” (Lc 22,19). Jesús no únicamente pide que se repita esta acción litúrgica, sino que pide que su gesto de entregarse sus discípulos lo repitan para que se acuerden de él y se haga presente. La participación en la Eucaristía nos hace un cuerpo, porque todos participamos de un único pan que es el Cuerpo de Cristo. “Pues si el pan es uno solo y todos compartimos ese único pan, todos formamos un solo cuerpo” (1Cor 10, 17). Es por esto que la Eucaristía hace la Iglesia y la Iglesia hace la Eucaristía, que refuerza los lazos de comunión. Cuando la comunidad no vive la comunión, no celebra dignamente la Cena del Señor. La celebración de la “Fracción del Pan” manifiesta y refuerza los lazos de comunión de la comunidad celebrante .

4. Los servicios y ministerios son otro signo eficaz - cuasi-sacramento - de la comunión. Los ministerios son carismas dados por el Espíritu Santo para el bien de la comunidad (Cf. 1Cor, 12). El Espíritu es quien los da, y como es uno, una es la fuente de los ministerios, por tanto, son fuente de unidad en la Iglesia. Cada ministerio, es como un miembro del cuerpo eclesial, y cuando se ejerce en bien de la iglesia, ésta vive la unidad del Cuerpo de Cristo. Estos servicios no son únicamente para el servicio de la Iglesia, sino también para el mundo, donde acontece también el Reino de Dios.

5. Las oraciones y las convivencias. La alegría en el convivir crea lazos de comunión y los refuerza. Así san Lucas dice que los primeros cristianos “Partían el pan en las casas y compartían los alimentos con alegría y sencillez de corazón” (Hech 2,46).

6. Los intercambios de experiencias entre las comunidades. Son espacios de formación y de apoyo mutuo, porque de ellos aprende la comunidad, tanto de lo positivo como de lo negativo.

7. La pobreza es una condición indispensable para vivir la comunión. Sólo quien se siente necesitado de otros, es capaz de vivir la comunión. Esta es la razón por la que Dios reveló a los sencillos los misterios del Reino y los ocultó a los sabios (Cf. Mt 11,25).

La comunión eclesial tiene además dos dimensiones: 1.- La horizontal, es decir, la comunión de los miembros de la Iglesia entre sí, que se puede llamar articulación, y la comunión con otras Iglesias. Los pastores viven y promueven la comunión de las iglesias que presiden, así viven la colegialidad. La comunión de la iglesia y de las Iglesias es más amplia que la colegialidad, por tanto, la comunión es fundamento de la colegialidad y el espacio en el que se vive. Si se rompe la comunión, desaparece la colegialidad. Si se rompe la colegialidad, sufre la comunión eclesial 2.- La vertical: es decir, la comunión de las Iglesias con las Iglesias primitivas, el vivir su estilo, sus valores, el compartir la Misión, es lo que se llama apostolicidad de la iglesia. Los pastores son los responsables de que en su comunidad se viva la apostolicidad, por eso son la columna vertebral de la apostolicidad, viven la sucesión apostólica. El consejo comunitario o equipo coordinador de la Ceb vive por delegación la sucesión apostólica, ya que es su pastor.

La comunión de la Iglesia es por identidad y no por agregación. Las iglesias particulares viven la comunión por descubrir en otras comunidades los mismos elementos fundamentales que la constituyen a ella misma; al descubrirlo, se identifica con las otras comunidades y vive la comunión.


2.- LA AUTONOMÍA DE LA IGLESIA PARTICULAR.

La Iglesia de Jesús es la comunión de Iglesias particulares o locales. El Concilio Vaticano II aclaró la particularidad de las Iglesias locales cuando afirma: “Por su parte, los Obispos son, individualmente, el principio y fundamento visible de unidad en sus Iglesias particulares, formadas a imagen de la iglesia universal, en las cuales, y a base de las cuales, se constituye la Iglesia católica, una y única” (LG 23.) Por la comunión de las Iglesias se constituye la iglesia universal y en cada una de ellas, se expresa, subsiste la Iglesia de Cristo. Si las Iglesias no son independientes, porque viven en comunión, tampoco son dependientes, como si fueran parte de un todo, ya que cada una de ellas es Iglesia de Jesús.

La Iglesia particular no es parte de una Iglesia más amplia, la universal ya que una parte siempre añade algo nuevo al todo. En cambio la comunidad eclesial, aunque sea pequeña y viva en la dispersión, es Iglesia por poseer los elementos fundamentales de la misma (LG 26). La Iglesia particular tampoco es sucursal de la Iglesia universal, porque ella misma es Iglesia, en ella subsiste la Iglesia de Jesús. Cada iglesia particular es la Iglesia toda aunque no toda la Iglesia. Es por esto, que tiene una autonomía, no independencia, con respecto a las otras Iglesias. La autonomía se funda en el carácter local y particular de la Iglesia. Por autonomía se entiende la libertad en el gobierno y organización pastoral de las Iglesias particulares.

Los elementos que expresan y fundamentan la autonomía son entre otros:

1. El contexto socio-cultural en el que vive. Este determina las características de las iglesias locales, que se inculturan en la realidad en la que peregrinan. Ninguna Iglesia es igual a la otra, es la misma Iglesia, pero con características diferentes.

2. Por estar inmersa en el contexto socio-cultural la reflexión de fe que se hace es distinta, el contexto marca la búsqueda de la presencia salvadora de Dios y por tanto, la concepción de Él y su obra. Cada Iglesia particular o local tiene su propia reflexión de fe y su propio magisterio.

3. La organización pastoral para responder a la problemática que se vive. La pastoral, si es adecuada, parte de la realidad, que es distinta en cada contexto. De ahí que los planes pastorales y las estructuras pastorales se diferencian de una iglesia a otra.

4. El Pastor, que es el principio visible de la unidad de la Iglesia, es pastor propio de cada una de ellas. Coordina la Iglesia no en nombre de otro, sino en nombre de Cristo, que es el Pastor de pastores.

La Iglesia particular tiene tres niveles. En cada uno de estos niveles acontece, subsiste el misterio de la Iglesia de Jesús:

1.- La Diócesis, a la que el Concilio Vaticano II da mucha importancia. El Concilio Vaticano I centró la Iglesia en el Papa y por tanto en la Iglesia universal; el Vat. II la centró en el Obispos y en la Diócesis. Las Conferencias episcopales de América Latina intuyeron otro modelo y nivel de Iglesia: la Comunidad Eclesial de Base, pero la reflexión de su magisterio no ha llegado a profundizar estos elementos constitutivos de la Cebs.

2.- La Parroquia, a la que el Vaticano II, llama “porción” (Cf. SC 42), “célula” de la Iglesia local (Cf. AA 10), lo que significa que los obispos le reconocen ser un nivel de Iglesia.

3.- La Comunidad eclesial de base, que es la Iglesia de Jesús, en su dimensión menor, es Iglesia ahí donde el pueblo se juega la vida. Medellín la llama “célula inicial de estructuración eclesial” (Med 15). En su último documento los Obispos de Brasil sobre las Cebs. (12 de Mayo del 2010) afirman que las Cebs. son Iglesia. “En su ya madura experiencia, las CEBs quieren ser Iglesia como lo deseó el Concilio Vaticano II: una Iglesia toda ministerial al servicio del Reino de Dios” .

Las Cebs. son Iglesia particular, en el nivel menor. Es el nivel de base de la iglesia. Ser Iglesia es su carnet de identidad eclesial. Es por esto que se esfuerzan por vivir los 5 elementos constitutivos de la Iglesia.

Ellas están llamadas a vivir los elementos constitutivos de la Iglesia, por lo que su identidad eclesial es ser Iglesia Sacramento, no carisma comunitario de la Iglesia como son los movimientos eclesiales o las asociaciones piadosas (Cf. DA 311,312). Esto nos lleva a afirmar de las Cebs. lo que se afirma de la Iglesia.


3.- LA CEB, POR SER IGLESIA DE JESÚS, VIVE LA AUTONOMÍA Y LA COMUNIÓN.
Por ser Iglesia, las Cebs. viven la comunión y la autonomía. La comunión-articulación entre las Cebs. y con los otros niveles de Iglesia es fundamental en su ser de Iglesia. Por la autonomía cada Ceb tiene la libertad de organizarse pastoralmente de modo distinto. Ambas se interrelacionan: por la comunión, la autonomía no se convierte en independencia y por la autonomía, la comunión no llega a ser confusión.

Una Ceb si trabaja para que el Reino de Dios acontezca en ella y a través de ella, en el mundo y está en comunión con otras Cebs., no está fuera de la comunión de la Iglesia. Quizás no pueda estar en comunión con el nivel de Iglesia inmediato y más próximo- su parroquia, su diócesis - pero estando articulada a otras Iglesias, vive la comunión. Si es rechazada por los pastores inmediatos – los de su parroquia o diócesis - , no se le puede acusar de no vivir la comunión con la iglesia, si está al servicio del Reino y en comunión con otras Iglesias y con otros pastores; por tanto, no pueden sentirse, ni ser acusadas de ser un movimiento eclesial o de estar fuera de la comunión. El servicio al Reino y la comunión con otras comunidades o pastores son los elementos de su comunión eclesial. Los pastores que acompañan el proceso de las Cebs., se articulan entre sí, para ser promotores de comunión y poder vivir la colegialidad, que se da no únicamente entre los obispos, sino también entre quienes las asesoran y las presiden.

Tener claro esto, anima a buscar vivir la identidad eclesial y a vencer el desánimo por ser rechazadas y combatidas.

JOSE SANCHEZ SANCHEZ PBRO.

miércoles, 30 de junio de 2010

Los pasos para el proceso de las CEBs

DIOS VIVE EN LA CIUDAD
Construyendo una red de comunidades
Boletín-6, Agosto de 2010


Los pasos para el proceso de las CEB

El método misionero “Pueblo de Dios en Misión” ha sido una oportunidad para renovar la parroquia y construir en ella una comunidad de comunidades eclesiales de base. Nos dice el documento de Aparecida que “La Iglesia debe cumplir su misión siguiendo los pasos de Jesús y adoptando sus actitudes (cf. Mt 9, 35-36; 2-Cor 8, 9)” [AP 30]. También nos ha ayudado a formar equipos articulados de animación misionera en los diferentes niveles de Iglesia. Se pueden modificar los pasos para adaptarse al Plan Parroquial. Permite que participen todos: nuevos e integrantes de los “grupos” los cuales se irán dando cuenta que son misioneros y que ya participan en algún programa de pastoral. Estos programas no son grupos o sectas que trabajen de forma paralela a la misión parroquial o diocesana aunque existe tal riesgo.

ETAPAS DE PUEBLO DE DIOS EN MISIÓN

1° ETAPA: Formando discípulos.

El objetivo es tomar conciencia de que somos, por el bautismo, hijos de Dios. Y, aunque débiles y llenos de tentaciones, somos llamados por Dios a construir el Reino de Dios en la realidad actual. Son 4 pasos inspirados en la vida de Jesús: su vida familiar en Nazaret, el bautismo en el jordán, las tentaciones, su opción por los pobres y el programa anunciado en la sinagoga, y la convocación de los discípulos junto al lago de Galilea.

2° ETAPA: Formando misioneros.

El objetivo es tomar conciencia de que somos misioneros y enviados a todas y todos, pero en especial con las personas más alejadas y pobres hasta sus casas y barrios, siendo animadores de CEBs. Son 2 pasos basados en la experiencia que tuvo el Maestro en Galilea y en Cafarnaún.

3° ETAPA: Misión Permanente.

El objetivo es comprometernos con Jesucristo y, siendo dóciles al Espíritu Santo, transformar permanentemente, desde las CEBs y con programas de pastoral, la vida de todos, especialmente de los alejados y marginados. Son tres pasos basados en la cruz y resurrección del Señor, que nos ayudan a comprometernos con el Crucificado. Y otros cuatro pasos basados en la última experiencia del Resucitado en Galilea y en la experiencia de la primitiva comunidad eclesial pasando por la experiencia de Pentecostés.

La primera y segunda etapas son cíclicas y expansivas, mientras que la tercera es permanente. Es conveniente repetir todo el proceso cada vez que haya cambio del plan diocesano, pero actualizando el lenguaje, la realidad y la didáctica.


ceb.mty@gmail.com

martes, 29 de junio de 2010

Para empezar el proceso de CEB

DIOS VIVE EN LA CIUDAD
Construyendo una red de comunidades
Boletín-5, Julio de 2010

Para empezar el proceso de CEB

VER

¿Por qué son tan pocas parroquias en Monterrey, y en general en México, en donde existen las CEBs, sabiendo que son de una gran riqueza teológica y pastoral y que la V CELAM en Aparecida las recomienda por su importancia? Esta pregunta nos hace preguntarnos sobre las condiciones o exigencias de las parroquias para empezar, o recomenzar, el proceso de la Misión Permanente y construir en ellas redes de pequeñas comunidades eclesiales de base.

Las CEB en Monterrey empiezan a partir de 1979 en la parroquia de San Francisco Javier en Guadalupe, N.L. Sin embargo, y a pesar de estar mencionadas en su propio Plan de Pastoral 2006-2010 (Cf. # 316), las parroquias que trabajan o intentan trabajar con las CEB las podemos contar con los diez dedos de las manos.

PENSAR

Las CEBs no son un movimiento más de la Iglesia que trata de poner atención sólo a un punto de interés de acuerdo a la realidad, sino que trata de abarcar toda la misión del Reino que Jesucristo encomendó a su Iglesia y que la primera comunidad cristiana entendió muy bien: Se reunían en el Templo y en sus casas para escuchar la enseñanza y celebrar la eucaristía, para vivir la fraternidad y la solidaridad según las necesidades de cada uno (Hech 2, 42-46)

Los Obispo de Latinoamérica expresaban muy bien la identidad de las CEBs:
La Comunión Eclesial de Base, como comunidad, integra familias, adultos y jóvenes, en íntima relación interpersonal en la fe. Como eclesial es comunidad de fe, esperanza y caridad; celebra la Palabra de Dios y se nutre con la Eucaristía, culmen de todos los Sacramentos; realiza la Palabra de Dios en la vida, a través de la solidaridad y compromiso con el mandamiento nuevo del Señor y hace presente y actuante la misión eclesial y la comunión visible con los legítimos pastores, a través del servicio de coordinadores aprobados. Es de base, por estar constituida por pocos miembros, en forma permanente y a manera de célula de la gran comunidad. (Puebla # 641)

ACTUAR

Para empezar o recomenzar el proceso de construir una parroquia como una red articulada de pequeñas comunidades eclesiales de base habría que tomar en cuenta las exigencias siguientes:
1) Una conversión personal y eclesial. La primera apunta al corazón, la segunda apunta al Reino de vida y requiere reformas espirituales, pastorales e institucionales (AP 366-367).
2) Somos misioneros no para anunciarnos a nosotros mismos sino para anunciar el Evangelio del Reino (AP 144). Se requiere estar familiarizado con la Palabra de Dios (AP 292)-
3) Asumir la transformación de la parroquia en comunidad de comunidades (AP 172, 179, 309, 150), para que sea una parroquia misionera que llega con creatividad a las multitudes (AP 173, 370).
4) Asumir la opción preferencial por los pobres en dos sentidos: siendo pobre uno mismo como el Maestro (AP 540, 131, 139, 363) y que los destinatarios preferenciales sean los alejados y pobres (AP 179, 307, 310, 362, 393).
5) Tomar en cuenta la realidad eclesial y social de la parroquia como punto de partida para la misión (AP 170, 366, 369, 400, 517-e)
6) Sectorizar la parroquia para luego establecer las CEBs (AP 372) en las casas de los barrios. No podemos quedarnos en el templo (AP 548, 550).
7) Una formación integral, kerygmática y permanente con miras a transformar la sociedad (AP 279-284).
8) La Misión Continental no es temporal sino permanente, hasta la muerte.
9) No sólo participa la jerarquía sino también la vida consagrada y todos los laicos, hasta en las decisiones (AP 371), porque son estos quienes transformarán finalmente la realidad (AP 394)
10) Asumir un método que nos ayude a establecer las CEBs. Se podría utilizar el que viene en Aparecida (AP 278), o bien podríamos usar “Pueblo de Dios en Misión” (AP 30), un método que últimamente ha estado animando a muchas parroquias de nuestra diócesis (AP 30).


ceb.mty@gmail.com

viernes, 30 de abril de 2010

La muerte de Bety

Queridos compañeros y compañeras, me invade un sentimiento de rabia, de indignación por la muerte de Bety, compañera incansable, luchadora en todos los ámbitos y trincheras...

He recopilado en mi mente y corazón los momentos compartidos con Bety, pongo mis oraciones en su compañero, nuestro compañero Omar, en sus pequeños Ita y Omarcito, mi solidaridad con toda su familia.

La lucha emprendida por Bety, deja semilla, regada con sangre de justicia, nos toca hacerla germinar por una vida digna.

Desde esta nueva trichera en la que hoy camino va mi repudio contra quienes cobardemente le quitaron la vida, al igual que al compañero Yiri, y me uno al unísono: JUSTICIA para Bety y los compañeros/as aún desaparecidos.

Solidariamente Claudia


Uno no Escoge

Uno no escoge el país donde nace;
pero ama el país donde ha nacido.

Uno no escoge el tiempo para venir al mundo;
pero debe dejar huella de su tiempo.

Nadie puede evadir su responsabilidad.

Nadie puede taparse los ojos, los oidos,
enmudecer y cortarse las manos.

Todos tenemos un deber de amor que cumplir,.
una historia que nacer
una meta que alcanzar.

No escogimos el momento para venir al mundo:
Ahora podemos hacer el mundo
en que nacerá y crecerá
la semilla que trajimos con nosotros.
Gioconda Belli


Claudia Vera Noriega

miércoles, 21 de abril de 2010

Del individualismo a la participación comunitaria

DIOS VIVE EN LA CIUDAD
Construyendo una red de comunidades
Boletín-3, Mayo de 2010


VER

En nuestro país en general y últimamente en el noreste de la nación, está creciendo la violencia e inseguridad. Al respecto, nuestros Obispos, en su exhortación pastoral “Que en Cristo nuestra paz, México tenga vida digna” afirman que «Esta situación repercute negativamente en la vida de las personas, de las familias, de las comunidades y de la sociedad entera; afecta la economía, altera la paz pública, siembra desconfianza en las relaciones humanas y sociales, daña la cohesión social y envenena el alma de las personas con el resentimiento, el miedo, la angustia y el deseo de venganza» (No. 2).

Frente a esta situación se han emprendido diversas acciones entre las cuales está lo que se ha llamado “La Guerra contra el crimen organizado”. Lamentablemente en esa guerra han muerto ya muchas personas incluso personas que nada tienen que ver en el asunto. Esta situación está provocando más resentimientos, fragmentación social y deseos de venganza, de tal forma que la tendencia hacia el futuro es hacia una violencia permanente y posiblemente creciente.

¿Qué situaciones de México influyen en el crecimiento de la injusticia y la violencia? Los obispos hacen una larga lista de las cuales subrayamos: La desigualdad en la distribución de la riqueza, la exclusión social, la pobreza, el desempleo y subempleo, los bajos salarios, el fortalecimiento de un modelo de economía de mercado incapaz, la corrupción endémica, la concentración de riqueza en pocas manos, las insuficientes garantías de seguridad que tienen los ciudadanos, la impunidad, la violencia en las relaciones laborales, la violencia intrafamiliar, la violencia entre adolescentes y jóvenes, la violencia contra los indígenas y migrantes, los medios de comunicación social que transmiten violencia, la falta de acciones realmente evangelizadoras de parte de la Iglesia. El predominio del hedonismo y del individualismo… (No. 83; Cf. AP 44 y 46).

Vivimos en una metrópoli cuyos ciudadanos poco participan y se comprometen en los asuntos eclesiales y en los sociales. Aunque algunas personas e instituciones han emprendido algunas iniciativas a favor de la paz, lo cual nos debería de animar a todos los ciudadanos, sin embargo, corremos el riesgo de llevar a cabo acciones aisladas e individualistas que no toquen las situaciones y personas realmente injustas.

JUZGAR

Dios organizó el cuerpo dando más honor al que menos valía, de modo que no hubiera división en el cuerpo y todos los miembros se interesaran por igual unos por otros. Si un miembro sufre, sufren con él todos los miembros; si un miembro es honrado, se alegran con él todos los miembros. Ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese cuerpo. (1 Cor 12, 24-27)

Los obispos afirman con mucha claridad que «El debilitamiento, en la vida práctica, del sentido de Dios y del sentido del hermano, de la vida comunitaria y del compromiso ciudadano, es un “desafío que cuestiona a fondo la manera como estamos educando en la fe y como estamos alimentando la vivencia cristiana” […] La situación de inseguridad y violencia que vive México exige una respuesta urgente e inaplazable de la misión evangelizadora de la Iglesia. Esta respuesta parte del reconocimiento de las insuficiencias en el cumplimiento de nuestra misión, pues la crisis de inseguridad, el alto índice de corrupción, la apatía de los ciudadanos para construir el bien común y las distintas formas de una violencia, que llega a ser homicida, son diametralmente opuestas a la propuesta de Vida Nueva que nos hace el Señor Jesús» (Nos. 185-186).

ACTUAR

La misión permanente por el Reino de Cristo, implica necesariamente construir las parroquias en redes de comunidades eclesiales de base y demás pequeñas comunidades en donde cultivamos la vida comunitaria y fraterna. Pasar del individualismo a lo comunitario. Al buscar el bien de todos, cada uno también está bien.

La misión permanente nos lleva a tomar conciencia de la realidad eclesial y social y desde nuestra fe comprometernos y por tanto Participar como sujetos en la Iglesia y en la Sociedad. Pasar de objetos pasivos a sujetos que transforman el entorno.

Una vez organizados comunitariamente y comprometidos con Cristo y el Reino, nos solidarizamos con los rostros sufrientes de Cristo, es decir, con los más vulnerables, y trabajamos por destrabar todas aquellas situaciones que se mencionaron al principio. Pasar de la avaricia a la solidaridad, a la justicia y a la paz, es decir, al Reino de Cristo.

ceb.mty@gmail.com

lunes, 15 de marzo de 2010

ANA-2010, Puebla

A principio de Febrero de 2010 se llevó a cabo la Asamblea Nacional de Animadores en Cholula, Puebla. Algunas imágenes:

viernes, 12 de marzo de 2010

La urgencia de volver a la iglesia de los pobres. A los cien años del nacimiento de Don Helder

La urgencia de volver a la iglesia de los pobres. A los cien años del nacimiento de Don Helder

Jon Sobrino*, 090310
Adital -

Ver a la Iglesia "en pobreza y sin poder" nunca ha tenido mucho éxito, y si se hace de ello algo central ni siquiera en el Vaticano II, tan importante y decisivo en muchas otras cosas. Sí lo tuvo en Medellín, y en Puebla todavía pudo salir con bien ante graves maniobras en su contra. Pero desde hace tres décadas el deterioro es inocultable. Dice Comblin: "Después de Puebla comenzó la Iglesia del silencio. La Iglesia empezó a no tener nada que decir". Y aunque Aparecida ha supuesto un pequeño freno, en la Iglesia no ha ocurrido todavía aquel "revertir la historia" que exigía Ellacuría para sanar una sociedad gravemente enferma. La conclusión es que hay que volver a una Iglesia de los pobres, y trabajar por ello. En El Salvador, después de Monseñor Romero, el deterioro es claro, y de ahí la necesidad de recomposición eclesial`.

El Vaticano II. Juan XXIII deseaba que el Concilio reconociese que la Iglesia es "una Iglesia de los pobres". El cardenal Lercaro tuvo un emotivo y lúcido discurso sobre ello al final de la primera sesión en 1962, y Monseñor Himmer pidió con toda claridad: "hay que reservar a los pobres el primer puesto en la Iglesia". Pero ya en octubre de 1963 el obispo Gerlier se quejaba de la poca importancia que se estaba dando a los pobres en el esquema sobre la Iglesia. También los obispos latinoamericanos más lúcidos captaron pronto que a la inmensa mayoría del Concilio el tema les era muy lejano, aunque siempre se mantuvo un grupo que querían seguir la inspiración de Juan XXIII, entre ellos un buen número de latinoamericanos. Se reunieron confidencialmente y con regularidad en Domus Mariae, para tratar el tema "la pobreza de la Iglesia".

El 16 de noviembre de 1965, pocos días antes de la clausura del Concilio, cerca de 40 padres conciliares celebraron una eucaristía en las catacumbas de santa Domitila. Pidieron "ser fieles al espíritu de Jesús", y al terminar la celebración firmaron lo que llamaron "el pacto de las catacumbas".

El "pacto" es un desafío a los "hermanos en el episcopado" a llevar una "vida de pobreza" y a ser una Iglesia "servidora y pobre" como lo quería Juan XXIII. Los signatarios -entre ellos muchos latinoamericanos y brasileños, a los que después se unieron otros- se comprometían a vivir en pobreza, a rechazar todos los símbolos o privilegios de poder y a colocar a los pobres en el centro de su ministerio pastoral. El texto tendría un fuerte influjo en la teología de la liberación que despuntaría pocos años después.

Uno de los propulsores del pacto fue Dom Helder Camara. Este año celebramos el centenario de su nacimiento, el 7 de febrero de 1909 en Fortaleza, Ceará, en el Nordeste de Brasil. Como homenaje a su persona y exigencia a nosotros, publicamos a continuación el texto.

"El pacto de las catacumbas: una Iglesia servidora y pobre"

Nosotros, obispos, reunidos en el Concilio Vaticano II, conscientes de las deficiencias de nuestra vida de pobreza según el evangelio; motivados los unos por los otros en una iniciativa en la que cada uno de nosotros ha evitado el sobresalir y la presunción; unidos a todos nuestros hermanos en el episcopado; contando, sobre todo, con la gracia y la fuerza de nuestro Señor Jesucristo, con la oración de los fieles y de los sacerdotes de nuestras respectivas diócesis; poniéndonos con el pensamiento y con la oración ante la Trinidad, ante la Iglesia de Cristo y ante los sacerdotes y los fieles de nuestras diócesis, con humildad y con conciencia de nuestra flaqueza, pero también con toda la determinación y toda la fuerza que Dios nos quiere dar como gracia suya, nos comprometemos a lo que sigue:

1. Procuraremos vivir según el modo ordinario de nuestra población en lo que toca a casa, comida, medios de locomoción, y a todo lo que de ahí se desprende. Cfr. Mt 5, 3; 6, 33s; 8-20.

2. Renunciamos para siempre a la apariencia y la realidad de la riqueza, especialmente en el vestir (ricas vestimentas, colores llamativos) y en símbolos de metales preciosos (esos signos deben ser, ciertamente, evangélicos). Cfr. Mc 6, 9; Mt 10, 9s; Hech 3, 6. Ni oro ni plata.

3. No poseeremos bienes muebles ni inmuebles, ni tendremos cuentas en el banco, etc, a nombre propio; y, si es necesario poseer algo, pondremos todo a nombre de la diócesis, o de las obras sociales o caritativas. Cfr. Mt 6, 19-21; Lc 12, 33s.

4. En cuanto sea posible confiaremos la gestión financiera y material de nuestra diócesis a una comisión de laicos competentes y conscientes de su papel apostólico, para ser menos administradores y más pastores y apóstoles. Cfr. Mt 10, 8; Hech 6, 1-7.

5. Rechazamos que verbalmente o por escrito nos llamen con nombres y títulos que expresen grandeza y poder (Eminencia, Excelencia, Monseñor…). Preferimos que nos llamen con el nombre evangélico de Padre. Cfr. Mt 20, 25-28; 23, 6-11; Jn 13, 12-15.

6. En nuestro comportamiento y relaciones sociales evitaremos todo lo que pueda parecer concesión de privilegios, primacía o incluso preferencia a los ricos y a los poderosos (por ejemplo en banquetes ofrecidos o aceptados, en servicios religiosos). Cfr. Lc 13, 12-14; 1 Cor 9, 14-19.

7. Igualmente evitaremos propiciar o adular la vanidad de quien quiera que sea, al recompensar o solicitar ayudas, o por cualquier otra razón. Invitaremos a nuestros fieles a que consideren sus dádivas como una participación normal en el culto, en el apostolado y en la acción social. Cfr. Mt 6, 2-4; Lc 15, 9-13; 2 Cor 12, 4.

8. Daremos todo lo que sea necesario de nuestro tiempo, reflexión, corazón, medios, etc. al servicio apostólico y pastoral de las personas y de los grupos trabajadores y económicamente débiles y subdesarrollados, sin que eso perjudique a otras personas y grupos de la diócesis.

Apoyaremos a los laicos, religiosos, diáconos o sacerdotes que el Señor llama a evangelizar a los pobres y trabajadores, compartiendo su vida y el trabajo. Cfr. Lc 4, 18s; Mc 6, 4; Mt 11, 4s; Hech 18, 3s; 20, 33-35; 1 Cor 4, 12 y 9, 1-27.

9. Conscientes de las exigencias de la justicia y de la caridad, y de sus mutuas relaciones, procuraremos transformar las obras de beneficencia en obras sociales basadas en la caridad y en la justicia, que tengan en cuenta a todos y a todas, como un humilde servicio a los organismos públicos competentes. Cfr. Mt 25, 31-46; Lc 13, 12-14 y 33s.

10. Haremos todo lo posible para que los responsables de nuestro gobierno y de nuestros servicios públicos decidan y pongan en práctica las leyes, estructuras e instituciones sociales que son necesarias para la justicia, la igualdad y el desarrollo armónico y total de todo el hombre y de todos los hombres, y, así, para el advenimiento de un orden social, nuevo, digno de hijos de hombres y de hijos de Dios. Cfr. Hech 2, 44s; 4, 32-35; 5, 4; 2 Cor 8 y 9; 1 Tim 5, 16.

11. Porque la colegialidad de los obispos encuentra su más plena realización evangélica en el servicio en común a las mayorías en miseria física cultural y moral -dos tercios de la humanidad- nos comprometemos:
* a compartir, según nuestras posibilidades, en los proyectos urgentes de los episcopados de las naciones pobres;
* a pedir juntos, al nivel de organismos internacionales, dando siempre testimonio del evangelio, como lo hizo el papa Pablo VI en las Naciones Unidas, la adopción de estructuras económicas y culturales que no fabriquen naciones pobres en un mundo cada vez más rico, sino que permitan que las mayorías pobres salgan de su miseria.

12. Nos comprometemos a compartir nuestra vida, en caridad pastoral, con nuestros hermanos en Cristo, sacerdotes, religiosos y laicos, para que nuestro ministerio constituya un verdadero servicio. Así,
* nos esforzaremos para "revisar nuestra vida" con ellos;
* buscaremos colaboradores para poder ser más animadores según el Espíritu que jefes según el mundo;
* procuraremos hacernos lo más humanamente posible presentes, ser acogedores;
* nos mostraremos abiertos a todos, sea cual fuere su religión. Cfr. Mc 8, 34s; Hech 6, 1-7; 1 Tim 3, 8-10.

13. Cuando regresemos a nuestras diócesis daremos a conocer estas resoluciones a nuestros diocesanos, pidiéndoles que nos ayuden con su comprensión, su colaboración y sus oraciones.

Que Dios nos ayude a ser fieles

La Iglesia de Monseñor Romero
Leído hoy el pacto, llama la atención que, en lo fundamental, trata un solo tema: la pobreza. Pero por ser ése el quicio alrededor del cual giraba todo -no, por ejemplo, la administración de los sacramentos-, el pacto de las catacumbas produjo frutos importantes en Medellín y, poco a poco, en otras Iglesias. Históricamente, llevó a la lucha por la justicia y la liberación. Eclesialmente, a la opción por los pobres. Teologalmente, al Dios de los pobres. Todo eso llegó a El Salvador, y Monseñor Romero lo puso a producir y lo bendijo, junto a la novedad salvadoreña de los mártires.

Monseñor conoció en Puebla a aquellos obispos del pacto y de Medellín y regresó muy contento. "Me acuerdo de una de las primeras noches de la reunión de Puebla, cuando conocí a Monseñor Helder Cámara y a Monseñor Proaño y al Cardenal Arns del Brasil. Cuando supieron que yo era el arzobispo de San Salvador me decían: ‘Usted tiene mucho que contarnos. Sepa que lo sabemos y que ese pueblo es admirable, y que sigan siendo fieles al Evangelio como han sido hasta ahora’". Es evidente la admiración que sentían por Monseñor, y la que Monseñor sentía por ellos.

En la actualidad también hay "pactos". Pedro Casaldáliga en es su portavoz más elocuente. En su circular del 2009 escribe: "pacto".

Dom Hélder Câmara era uno de los principales animadores del grupo profético. Hoy, nosotros, en la convulsa coyuntura actual, profesamos la vigencia de muchos sueños, sociales, políticos, eclesiales, a los que de ningún modo podemos renunciar. Seguimos rechazando el capitalismo neoliberal, el neoimperialismo del dinero y de las armas, una economía de mercado y de consumismo que sepulta en la pobreza y en el hambre a una gran mayoría de la Humanidad. Y seguiremos rechazando toda discriminación por motivos de género, de cultura, de raza. Exigimos la transformación sustancial de los organismos mundiales (ONU, FMI, Banco Mundial, OMC…). Nos comprometemos a vivir una "ecológica profunda e integral", propiciando una política agraria-agrícola alternativa a la política depredadora del latifundio, del monocultivo, del agrotóxico. Participaremos en las transformaciones sociales, políticas y económicas, para una democracia de "alta intensidad".

Como Iglesia queremos vivir, a la luz del Evangelio, la pasión obsesiva de Jesús, el Reino. Queremos ser Iglesia de la opción por los pobres, comunidad ecuménica y macroecuménica también. El Dios en quien creemos, el Abbá de Jesús, no puede ser de ningún modo causa de fundamentalismos, de exclusiones, de inclusiones absorbentes, de orgullo proselitista. Ya basta con hacer de nuestro Dios el único Dios verdadero. "Mi Dios, ¿me deja ver a Dios?". Con todo respeto por la opinión del Papa Benedicto XVI, el diálogo interreligioso no sólo es posible, es necesario. Haremos de la corresponsabilidad eclesial la expresión legítima de una fe adulta.

Exigiremos, corrigiendo siglos de discriminación, la plena igualdad de la mujer en la vida y en los ministerios de la Iglesia. Estimularemos la libertad y el servicio reconocido de nuestros teólogos y teólogas. La Iglesia será una red de comunidades orantes, servidoras, proféticas, testigos de la Buena Nueva: una Buena Nueva de vida, de libertad, de comunión feliz. Una Buena Nueva de misericordia, de acogida, de perdón, de ternura, samaritana a la vera de todos los caminos de la Humanidad.

Seguiremos haciendo que se viva en la práctica eclesial la advertencia de Jesús: "No será así entre vosotros" (Mt 21, 26). Sea la autoridad servicio. El Vaticano dejará de ser Estado y el Papa no será más Jefe de Estado. La Curia habrá de ser profundamente reformada y las Iglesias locales cultivarán la inculturación del Evangelio y la ministerialidad compartida. La Iglesia se comprometerá, sin miedo, sin evasiones, en las grandes causas de la justicia y de la paz, de los derechos humanos y de la igualdad reconocida de todos los pueblos. Será profecía de anuncio, de denuncia, de consolación.

[Fuente: Piensa Chile].

* Teólogo